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Confieso que hoy hubiese preferido no abrir este baúl que me trae loco, porque, por lo que veo, mi vida ha sido una locura, un disparate. Pero lo que me ha disgustado ha sido  "reencontrarme" con un proyecto que tuve hace muchos años y que, sin saber por qué, dejé abandonado en el mismo kilómetro cero. Durante unos meses, hace ya 12 años, se me ocurrió escribir la historia de mis perros, quizás porque por motivos de salud tuve que regalar el último que he tenido y al que bauticé con el nombre de "Séneca" (siempre mi mentor y guía espiritual en mi vida). Me dolió tanto verlo alejarse en manos de otra persona, aunque fuese una buena amiga y seguramente lo iba a cuidar mejor que yo, que esa noche me la pasé repasando a los 8 que fueron mis acompañantes durante mi juventud, mi madurez y hasta la vejez.  ¡Dios, como los recuerdo y los echo de menos!. Por cierto, que ahora que estoy escribiendo se me ha venido a la cabeza algo que me dijo mi padre muy de pequeño y que, como ven, no he olvidado: "Hijo, nunca te fíes de una persona que no le gusten los perros...los perros son más fieles que las personas".

Primero fue un perrito, tipo caniche, el que me regaló mi tío Felix, cuando aprobé el Ingreso y el primer curso del Bachillerato, al que llamó Chespi, en recuerdo del gran Willian Shapespeare, del que era furibundo lector... y que llegó a ser como mi otro yo, ya que pasábamos tanto tiempo juntos que ya hasta nos hablábamos... sí, sí, no se rían, yo llegué a hablar con mi Chespi más que con muchos de mis compañeros... tanto que cuando escribí mi primera novela ("Spalis") hasta lo hice personaje en varias escenas...y para que se lo crean les reproduzco de la página 150 unos párrafos:

 

"A la mañana siguiente, en cuanto terminé en la panadería, me fui andando hasta "Casa Dorada" sin más compañía que Chespi, mi perro..., con quien por cierto fui hablando por el camino a sabiendas de que él sí me entendía.

--Lo siento, Chespi, lo siento..., pero te voy a tener que dejar. Mi vida aquí es ya un infierno y tú lo sabes. Lo de anoche ha colmado el vaso de mi paciencia... No, no me ladres, es la verdad. Estoy desesperado y no me queda otra solución. Me iré a Córdoba o donde sea... ¿Que qué voy a hacer contigo? Chispita, por favor, no lo tomes a mal, pero a ti no te puedo llevar. Ya, ya sé que tú eres mi perro y que sólo me quieres a mí, pero ¿cómo te voy a llevar conmigo si yo mismo no sé qué va a ser de mí? Anda, no seas malo y acepta la vida como es... ¿No es? A mí tampoco me gusta y sin embargo tengo que aceptarla. En eso tú y yo somos iguales... Sí, si´, iguales, dos pobres desgraciados. Mira, Chespi, mi casa ya no es mi casa, mi pueblo ya no es mi pueblo, entonces, dime: ¿qué hago yo en Nova Carteia...? ¿Quedarme? ¿y para qué...? ¿para enfrentarme todos los días con mi padre o tener que soportar sus borracheras...? No, Chespi, eso no es vida... y yo sé que por ahí están el hambre y la miseria, el trabajo y el sacrificio..., pero también sé que detrás de aquellas montañas están el triunfo, la fama y la gloria... No, no me ladres; es la verdad... ¿Que qué son el triunfo, la fama y la gloria? Pues, si te digo la verdad, yo tampoco lo sé muy bien, pero deben de ser algo bello cuando todos los hombres luchan por conseguirlos... Por favor, Chespi, no te enfades..., sí, sí, algún día volveré por ti y ya no nos separaremos nunca. Yo te quiero, ¿sabes, Chispita...? Sí, ahora mismo te quiero más que a nadie... Bueno, tengo que confesarte una cosa, aunque sé que te vas a enfadar: ahora mismo quiero a una persona tanto como a ti... ¿Sabes Chespi? Sí, se llama Pepita y es guapa, muy guapa... ¿Que si es más guapa que tú? Hombre, tú eres un perro... y ella, ella es como un ángel... ¡Venga, no ladres más! Que la vida es como es y ni tú ni yo podemos cambiarla... "

 

Pero, cuando a los 14 años me fui a Córdoba a estudiar Magisterio, naturalmente, no me lo pude llevar en la maleta  (¡ah, también os he hablado ya de "Pepita", la maleta que me acompañó siempre!) y allí se quedó. Tan triste que, según mi madre, murió de pena, pues aunque lo atropelló un coche, el pobre lo estaba pasando tan mal que ni comía ni dormía y no había quién lo apartara de la puerta por donde yo me había ido.

Bueno, por hoy lo dejo, tengo que enchufarme al oxígeno, que ahora es mi acompañante permanente. Así que otro día les hablaré de mis otros dos "Chespi" que tuve y de "México", y de "Romy" (¡Dios, la pobre cóquer que se ahorcó por no separarse de mí y de mis hijos!), y de "Facha" (la que me regaló la Guardia Civil tras uno de los atentados terroristas que sufrí) y de "Nani" y de "Lara"... porque hablar de ellos será como hablar de mi vida. Mi verdadera biografía.