Caían desde un cielo bellísimo y azul

pero no eran ángeles ni eran estrellas,

sino inmensas bolas de fuego ardiendo

sobre una nación yaciente y herida.

 

Mujeres y ancianos parecían dormidos

en las calles de Jarkov, Kiev o Mariupol,

mientras la palidez cetrina de la muerte

se pintaba en la piel de sus cuerpos, y al

fondo, un coro de niños desheredados.   

lloraban lágrimas de cal viva en sus ojos.

 

De pronto llegó Zelenski, vestido de furia

y santa ira, llevando en sus manos cinco

rosas como un signo de urgente primavera

 

Que no te lo cuenten, hermano, ¡que no¡,

que así se sufre en las tierras de Ucrania,

sin duda, un país elegido pata la historia.