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El otro día repasando las pensiones en las que viví en Madrid  se me vinieron a la cabeza las tres que han conseguido sobrevivir en mi memoria. La primera fue en el número 3 de la calle Pozas, casi esquina con la del Pez, y, naturalmente, enseguida,  surgió a la palestra Doña Amparo, la dueña y regenta  de la pensión. Bueno, en realidad era una de aquellas abundantísimas casas para estudiantes que había en aquel  Madrid de los años 60 (sobre todo en ese barrio, casi todas, por la cercanía de la Universidad  Central, que todavía no se había trasladado a la Ciudad Universitaria), gracias a lo cual muchas familias podían salir adelante. Se alquilaban habitaciones de dos camas con derecho a baño frío (porque si querías agua caliente tenías que pagar un supletorio) y prohibición de acompañamiento del  sexo contrario y seriedad de horarios.
               Bien, recordaré siempre aquella estancia en casa de Doña Amparo (20 pts diarias) por algo que sucedió una madrugada. Yo compartía habitación con un paisano que estudiaba Económicas y en la de al lado cohabitaban dos chicas, estudiantes de Filosofía y Políticas...y de pronto nos despertaron unos gritos escandalosos, que provenían de la habitación de Doña Amparo, y los cuatro salimos de las habitaciones hasta con expectación... pero, antes de respirar la señora de la casa salió de su cuarto gritando y con el camisón lleno de sangre.
                     --- ¡Un médico!... Llamad a un médico rápido , por favor.
                     ---  Pero ¿qué le ha pasado? ¿qué le pasa, Doña Amparo?---
le preguntó Mercedes, la mayor de las chicas que vivían con nosotros en la casa.
                       --- Por favor, por favor, Señorita Mercedes, llamen a un médico...   --- y dejando un reguero de sangre por el largo pasillo del piso se metió en el baño... y con ella, las dos chicas.
                    --- Joder, y allí nos quedamos nosotros sin saber qué hacer...y allí estábamos cuando de la habitación de Doña Amparo salió como marcando los pasos el gato de angora que era como el hijo de la Señora, con el hocico y el pecho llenos de sangre...
                  --- Dios, y en resúmen, que "Candelario"  --así  se llamaba el gato--, que comía y vivía sin separarse y dormía con Doña Amparo, al parecer, según supieron e incluso vieron nuestras vecinas de cuarto, le había mordido en sus partes a la buena señora y eso era todo.
             ¡Què cosas! ¿verdad?... Comprenden que no haya olvidado la escena y que en mi baúl de los recuerdos sigan viviendo Doña Amparo y su "Candelarios".
             Pero, tampoco me he olvidado de los pocos meses que pasé en la casa de Doña Clara, en la calle Leganitos, número 20, 4º piso, porque allí conocí, mucho antes de que fuera famosa y ganara el Festival de Eurovisión a una jovencita que se llamaba María de los Ángeles Félix Santamaría Espinosa.  O sea, la que más tarde triunfaría como "Massiel" y ganaría el Festival de Eurovisión (1968).
                   Bueno, las cosas sucedieron así.  Corría el mes de septiembre de 1960 y yo desembarqué en la calle Leganitos 20 de la mano de mi paisano Federico Ortega, que ya había estado allí  el curso anterior, que me convenció que era una casa estupenda, límpia, con calefacción central y una gran Señora de dueña, Doña Clara... y sí, todo estuvo a mi gusto y tras acordar el precio, 20 pts y 25 con agua caliente. Sin embargo las cosas no resultaron tan bonitas, pues lo que no nos había dicho la Señora Doña Clara era que en el piso de abajo vivía una familia, pariente suya, que tenían una jovencita (13 años tenía en aquel momento) que se pasaba las mañanas y las tardes cantando o ensayando cantos... ¡INSOPORTABLE! para unos estudiantes de codos y horas encerrados en una habitación.
                 Así que cuando llegaron las vacaciones de Navidades nos despedimos de Doña Clara y yo, mi amigo Federico era más diplomático, se lo dije muy claro:
                    --- Doña Clara, en enero no volveremos.
                    ---  ¿Y eso? ¿Es que no les ha ido bien en mi casa?
                  ---   No, Doña Clara, no es eso, no es su casa, no es usted...es su sobrina... no se puede estudiar con una chica cantando a todas horas.
                   --- Pero, con las ventanas cerradas...
                     -- Ni así, Doña Clara, yo he venido a Madrid a estudiar no a cantar.
                           ---  Pues, lo siento, pero sabéis... esa chica, mi sobrina, acabará triunfando, porque canta como los ángeles.
                     Y quién nos iba a decir a nosotros que aquella "pesada cantante" ocho años más tarde sería "Massiel" y ganaría Eurovisión...
                    Cosas de la vida. MIS RECUERDOS.
                   Y otro día les contaré el caso de la tercera pensión, porque    en ella descubrí un tema tabú por entonces y por ahora: el incesto.