Comoquiera que pensábamos hacer varias rutas al norte de Navarra, a finales del mes de julio del año de nuestro Señor de 2013, elegimos un apartamento en el fotogénico y bien cuidado pueblo de Ochagavía (Navarra) y desde allí planificamos escapadas diarias con las que rastrillar sus alrededores.

         Ochagavía es cruce de caminos: Si seguimos al fondo el río que la recorre, el Anduña, nos encaminamos a Izalzu-Isaba, si nos situamos en su entrada las opciones son bien Irati bien Escároz-Pamplona. De Sevilla estamos a 997,5 km y hemos empleado 9 h 39 minutos

         Nuestra estancia coincide con días de fiesta en Ochagavía:

         24 julio: Los Quintos bailan la jota.

         25 julio (Santiago): Fiesta de los Quintos. Orquesta (8pm)

26 julio (Santa Ana): Romería a la ermita de Muskilda, patrona de la localidad.

Por segunda vez volvíamos a pasear por los caminos de Irati, un bosque de ensueño que atrapa a sus paseantes robándoles el corazón hasta quedar grabado de por vida en sus retinas, como nos ocurre a nosotros desde hace años.

 

Ochagavía (Navarra)

 

Bien entrada la mañana, que las nueve y veinticinco eran por más señas, según consta en nuestro “Cuaderno de Viajes”, el que lleva por título Navarra, sorteamos alguna que otra calleja empedrada y llegamos al cruce de entrada a nuestra población, tomando dirección a Irati, no sin antes poner nuestro cuentakilómetros a cero.

La bella y variada Navarra, casi sin sentirlo, nos lleva de la Ribera a su zona Media y de ahí a las faldas de los Pirineos Occidentales, lugar en el nos encontrábamos.

Alto de Tapla. Km 14,30. 9:50 am: El Alto de Tapla es un rellano desde el que contemplamos la sinuosa carretera que nos llevará al corazón de Irati. Aparecen señalizadas dos rutas de senderismo: Una rotulada como “Altos de Abodi” (SL-NA 68), de 6,1 km y duración de 1h 20min; otra llamada “Mirador de Goñiburu” (SL-NA 67), de 5km y 55 min. Encontramos a un pastor y charlamos un rato con él:

–Buenos días ¡Vaya aire que hace aquí!

–Eso es una brisica, ayer tarde sí estuvo mal.

–¡Qué cantidad de ovejas lleva usted!

–1.300 ovejas churras.

–¿Viene usted de muy lejos?

–Yo vivo en Ochagavía, a cinco horas de aquí.

–Perdone la pregunta: ¿Esa prenda que lleva le protege del viento que hace en este alto?

–Sí. Se llama espaldero, piel curtida de un choto, el macho de la cabra. Quita el frío y la humedad.

–¿Y esos buitres en el cerro ese, no atacan a las ovejas de allí arriba, las que están repartidas por la ladera?

–Hay más buitres de los que ve usted, habrá entre 200 y 500. Sólo atacan a las ovejas recién paridas y a las enfermas. Hay que estar pendiente. Si se me muere una oveja y la dejo en el campo va Medio Ambiente y me denuncia. Tengo que llamar a un camión, la meten en un cajón y la llevan a la incineradora. Antiguamente la llevábamos a un muladar.

–Supongo que la trashumancia, con tanto animal, se seguirá practicando ¿Dónde lleva usted las ovejas?

–Esto en invierno tiene dos o tres metros de nieve y hasta la mitad de mayo está nevando. Las llevamos a Las Bárdenas (Bárdenas Reales), cerca de Tudela, a seis días de camino.

–Muchas gracias por todo. Nosotros seguimos hacia Irati. Que tenga un buen día, amigo.

–De nada. Buen viaje.

 

                            Alto de Tapla (Zona del rellano)

 

Ermita Virgen de las Nieves. Km 23,50: Subimos una larga escalinata hasta llegar a la ermita y una vez allí, tras observar en detalle continente y contenido de tan alta construcción religiosa, paseamos y contemplamos el hayedo que la acogía, un lugar que nos conecta con nuestra madre Naturaleza. Miramos una y otra vez, allá arriba, sus altas copas, pisamos la hojarasca, percibimos el rumor de la brisa entre las ramas y respiramos uno de los aires más puros de la extensa España. Irati, sin duda alguna, te enamora, y esa palabra tan singular, en cada una de sus letras, siempre te acompañará cuando eches la vista atrás y tu mirada viajera recorra el álbum fotográfico que has ido completando a lo largo de toda una vida, porque una vida necesita España para ser conocida en toda su extensión, que es mucha, como también es cierto que cualquier lugar, el más inesperado, nos sorprende con una enseñanza de eso que los ilustrados llaman etnografía. 

Parking. Km 24: 2€ pagamos por dejar el coche. Este dinero se destina para el mantenimiento de Irati y lo gestionan las Juntas Generales de los Valles de Aezcoa y Salazar, organismos que funcionan desde hace más de 500 años; en la zona francesa o norte, la administración corresponde a las Comissions Syndicales de Cize y Zuberoa.

Irati es un nombre femenino de la lengua euskera y significa, que no salían del bosque Irati estamos ante el mayor hayedo de Europa, una masa forestal que no conocen las fronteras y se adentra en Francia. El bosque lo componen 17.140 has que se reparten entre los valles de Aezcoa y Salazar. El resto, en su mayor parte en las laderas más septentrionales, son praderas de montaña dedicadas a la ganadería extensiva de casi 20.000 ovejas y unas 2.000 vacas y yeguas que pastorean en verano.

Un guarda forestal es nuestro guía y nos explica cómo el bosque está dividido en “cuarteles, secciones y subsecciones”; las especies arbóreas del parque se reparten entre hayas, abeto douglas, abeto albar, que pueden alcanzar hasta 50m de altura, también hay alerces, árboles de hojas amarillas que no son rentables para madera; el bosque se regenera solo, ya que el haya arroja hayucos cada año; entre Salazar y Aezcoa se calcula que hay unas 700.000 hayas; en las ramas de algunos abeto prospera unos líquenes, de ahí que se les llame abetos barbudos, líquenes con propiedades desinfectantes y antibióticas empleados para hacer cataplasmas y curar las heridas de hacha que sufrían los leñadores…Este hombre nos dio la impresión de conocía árbol por árbol y no es una exageración en absoluto.

En un rellano del río llegamos a una casita de pescadores, un refugio en la actualidad está destinado a dar cobijo durante una noche a todas las personas que estén haciendo una travesía a pie o en BIT y hayan accedido a Irati sin vehículo a motor de apoyo, según normativa de la Junta General del Valle de Salazar.

Las leyendas cuentan que Irati era el reino de “Basajaun”, personaje mítico, señor del bosque en el que vivían las “Laminak”, seres mágicos de los ríos.

En la actualidad, este santuario de paz, un bosque caducifolio de hayas que en otoño tiñen sus hojas del naranja al rojo, ofrece innumerables rutas para caminantes y ciclistas por senderos destinados a tal fin. Un pasado cargado de historia en los que decenas de oficios ya extintos como carboneros, leñadores, cablistas, almadieros y barranqueadores, entre otros, forman parte de un pasado reciente al que debemos rendir el tributo de, al menos, conocerlo, para que el olvido no desmerezca una forma de vida plena que nunca volverá, aquella en común unión del hombre con los árboles, el agua de los ríos, el aire de los espacios y lo animales.