Eduardo Guzmán López es sacerdote diocesano de Ciudad Real. Fue ordenado en 2008. Párroco de San Juan Bautista, de Puertollano y capellán del Hospital Santa Bárbara. Ha celebrado la Santa Misa tradicional ocasionalmente desde su ordenación, y ha tenido interés en estudios litúrgicos desde siempre. Tiene estudios de teología dogmática, a la espera de presentar la tesina para el título.

¿Qué balance podría hacer de la peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad a Covadonga?

Estoy muy contento de haber participado en la I peregrinación a Covadonga. A decir verdad, iba con cierto temor, en parte por los prejuicios que el calificativo “tradicionalista” tiene en nuestros tiempos pero, no tengo reparo en decirlo, mis temores han sido disipados con la alegría, generosidad, buena organización y santa libertad con la que todos los capítulos se han organizado. ¡Mi más sincera enhorabuena a los organizadores!

Un soplo de aire fresco y una posibilidad de conocer a muchos hermanos en Cristo.

Vivimos en una sociedad muy secularizada: poder convivir unos días en un ambiente de cristiandad acrecienta la esperanza y consolida la fe en la victoria final de Cristo, rey del universo. He encontrado muchos jóvenes que son verdadera esperanza para nuestro mundo, pues tienen valores y principios que no se encuentran habitualmente.

Estoy feliz de haber podido conocer a los miembros del Instituto Lepanto, que formaban el Capítulo Nuestra Señora de las Victorias, así como otros muchos peregrinos, jóvenes y familias enteras: su alegría, su naturalidad y su fe recia, sin descafeinar, nos animan a los sacerdotes a trabajar sin descanso, a rezar, a predicar, a dar la vida y proponer con vigor la verdad y belleza de la fe católica.

¿Por qué era importante hacer una peregrinación tradicional en España, al estilo Chartres?

Creo que el movimiento tradicional en España está muy acomplejado: parece que el tesoro de la tradición sólo puede venerarse en museos, o en grupos muy selectos, y no nos damos cuenta que la tradición es algo vivo que tiene que ponerse en marcha, para encontrarnos juntos y caminar con un objetivo común: que nuestra vida de fe transforme el mundo, no el mundo que modele nuestra fe.

La tradición no es adoración del pasado: es saber que hoy se pueden realizar las grandes proezas que entonces la fe consiguió. Nuestro Lepanto no estará en el mar contra el turco, quizá, pero la fe tiene que armarnos de valor para defender el bien y la verdad como entonces.

Esta peregrinación, con tan buenos y sanos criterios como ha sido convocada, es imprescindible para que las familias y personas que viven su fe en la corriente de la tradición, crezcamos en comunión con otros grupos tradicionalistas y sobre todo, con el conjunto de la Iglesia Católica.

En Covadonga empezó la reconquista hace varios siglos... ¿Podría empezar aquí una nueva reconquista espiritual en el siglo XXI?

¡Ojalá! España es tierra de María Santísima, bien lo sabemos y, aunque en muchos sitios la fe católica ha quedado como una antigüedad venerable, pero nada práctica, la Virgen sigue tocando muchos corazones: ¡la Madre de Dios es nuestra Madre! ¡Reina de los que triunfan! dice el himno de la Santina, claro que sí: sabemos que su Corazón Inmaculado triunfará, por eso, qué importante es vivir como verdaderos hijos y esclavos de Nuestra Señora, para adelantar su triunfo.

No son tiempos para hacer experimentos, sino para construir sobre los cimientos sólidos de la roca apostólica, Santiago y el Pilar. En Covadonga, la Cruz gloriosa se alzó victoriosa con el sacrificio de unos pocos. Nuestro sacrificio cotidiano no dejará de dar fruto abundante, si nos unimos a Cristo, y con Cristo queremos la renovación del mundo: la paz de Cristo en el reino de Cristo, no la paz del mundo en el reino de las conveniencias, astucias y mentiras. ¡Y María trabaja de nuestra parte!

¿Hasta que punto es un signo de esperanza ver a tantos jóvenes rezando con fervor?

¡Hasta el punto de tener la certeza de que esto no hay quien acabe con ello! Somos semilla imparable: los niños que han descubierto a Dios en la celebración de los sagrados misterios según la forma extraordinaria del rito romano, ¿cree que renunciarán a ella por contemporizar con el mundo? Los jóvenes que hoy han coronado con su esfuerzo la peregrinación, ¿dejarán de volver a las fuentes de la tradición para llenarse de la alegría del cielo que aquí han experimentado? Quien prueba lo bueno, sólo quiere lo mejor.

La gente de los pueblos entre Oviedo y Covadonga se emocionaba al paso de los peregrinos.

Era verdaderamente entrañable cómo nos acogían, nos ofrecían agua o fruta, y cómo se alegraban de nuestra alegría. Nuestro mejor apostolado para un mundo depresivo y ansioso es ayudarle a volver los ojos al Rey Pacífico, que domina todo y bajo cuyo imperio todo se ordena a nuestra salvación y dicha. ¡Nuestro apostolado es la alegría

También han destacado, las familias, muchas de ellas numerosas, un nuevo signo de que no todo está perdido...

Por supuesto, son la esperanza de la Iglesia. Es en las familias donde se está librando la batalla del infierno contra la Iglesia, y serán las familias, con su vida de fe alegre, generosa, comprometida, quienes salven a la Iglesia. ¡Recordemos nuestros mártires, a los confesores de tantas persecuciones contra la fe! El santo Cura de Ars recibió la primera comunión en un pajar, a escondidas ¡pero con cuánta fe y devoción! Eso sólo lo puede conseguir una vida de fe recia en la familia.

Este ha sido el primer año, ¿pero por qué es importante que se siga haciendo esta peregrinación?

Para poder hacer frente a dos grandes enemigos de la fe en nuestros días: la tristeza desesperanzada que todo lo ve negro y se niega a hacer “si quiera lo poquito que pueda”, que diría santa Teresa; y para salir de nosotros mismo y nuestra conformidad apática que nos aísla y nos hace indiferentes a los hermanos. No nos salvamos solos, Cristo debe reinar hasta que ponga por escabel de su trono a todos sus enemigos. No podemos quedarnos tranquilos mientras tantas almas se pierden lejos de la vida que Dios nos da.