Que pueda algún matrimonio

anticipo ser del Cielo,

vive Dios, yo no lo niego;

pero siempre está el Demonio

al acecho para hacer

que se arruine ese deseo.

Son tantos los elementos

que entre dos entran en juego

que ensamblarlos es portento

ante el cual cualquiera es lego.

Se trata de renunciar

ella y él a su ego

y de este modo alcanzar

el equilibrio supremo

de dos que son unidad

y en ello encuentran su premio;

cosa fácil de enunciar

que tan pocos logran luego.

Abunda por el contrario

el poner el yo primero

convirtiendo en adversario

al otro de lo que quiero.

Entonces el matrimonio

se vuelve combate ciego

de títeres que el Demonio

maneja con regodeo.