Yo no sé cómo funcionará hoy lo de las Becas de Comedor en la Universidad de Madrid, que fue donde yo estudié, pero recuerdo muy bien cómo funcionaba en mis tiempos. Las concedía el SEU, o sea, el Sindicato Español Universitario, que había creado la Falange, y el único requisito de papeleo que te exigían era estar matriculado en alguna Facultad o Escuela Superior. Lo mío fue de antología, pues como llegué a Madrid sin un duro, sin trabajo y sin conocer a nadie, lo primero que tuve que hacer fue gestionarme el asunto de la comida y allá que me fui a la Plaza de Matute, donde estaban las oficinas del SEU de Madrid (las del Nacional estaban en la Plaza de Quevedo) a plantear mi problema.
           Y naturalmente cuando dije que quería una Beca de Comedor me pidieron el papel de estar matriculado en alguna Facultad y como yo no tenía papeles ni estaba todavía matriculado en ningún sitio, me la negaron. Entonces, ni corto ni perezoso, pedí hablar con el Jefe, el que fuera, y como allí había tanta camaradería enseguida me pasaron con él (en aquellos momentos era Jefe del SEU de Madrid Jesús Sancho Rof y del Seu Nacional Rodolfo Martín Villa).
                     ---  Bueno ¿y a tí qué te pasa?  -- me dijo nada más entrar en el despacho de puertas abiertas y hablándome como si me conociera de toda la vida.
                      ---  Pues, que llegué anoche a Madrid y quiero comer   --le contesté yo con el desparpajo de mis 18 años y el hambre a la vista.
                      ---   Pero, me dicen que no estás matriculado en ningún sitio.
                    ---   Pues es verdad. Todavía no he tenido tiempo de matricularme, ni sé cómo me voy a matricular, porque no tengo un duro...pero, antes tengo que buscarme un trabajo.
                      Bueno, el hecho es que yo salí de allí con mi carnet de Becario, el que daba la posibilidad de comer en uno de los Comedores Universitarios. Por aquellos años había tres en Madrid, uno en la Facultad de Filosofía, otro en Estomatología y otro en la Escuela Superior de Ingenieros (los dos primeros estaban  en la Ciudad Universitaria y el otro en el Paseo de la Castellana, en los Altos del Hipódromo).
                   Fue mi primera tabla de salvación en Madrid, porque gracias al carnet de Becario del SEU, pude comer (y bien, por cierto, porque en aquellos Comedores la comida era bastante buena y abundante, pues hasta se podía repetir plato). Luego, vendrían otras becas: la de Matrícula, la de libros y otra por expediente académico...llegaron a llamarme  el Rey de las Becas. Por tanto, que no me hable nadie mal del SEU, aunque fuese falangista (ojo, y yo no era falangista), porque con las Becas del SEU y otras que conseguí del Ministerio y de la Caja de Ahorros de Madrid pude estudiar Periodismo, los Cursos Comunes de Filosofía y  hacer las Oposiciones de Magisterio... Está claro: cada uno cuenta la feria según le fue.