Porque tú eres el patrón

de Palma, donde resido,

este poema te escribo

con especial devoción.

Militar de vocación,

famoso por aguerrido,

supiste decir que no

a todo un emperador

al ser por él compelido

a renegar del buen Dios.

Por ello como castigo

a muerte te condenó.

Por mil saetas herido

fuiste, mas no te mató

ninguna y restablecido

volviste a hacer profesión

de Fe ante tu malhechor,

que atónito al verte aún vivo

tu martirio consumó.

Sebastián, santo patrón

de Palma, donde resido,

infúndeme tu valor

en la lucha, te lo pido.