Muchos nos preguntamos por qué no funcionan las parejas hoy. ¿Qué es lo que ocurre? ¿Es otro virus que asola el mundo? Unos tratan de tirar balones fuera pensando que la culpa es del otro, de la sociedad, de la vida que llevamos y de un sinfín de pretextos más, todos en la misma línea, con más o menos atino, pero, a fin de cuentas, pretextos. Otros recurren a fórmulas tan espirituales como simplistas y sinsentido del tipo «si no era para mí, entonces es porque no tenía que ser». Algunos otros (los menos) se flagelan pensando que son pobres, tontos y feos, o que no ponen a su mujer en la cama; otros muchos siguen pensando en sus ex novias mientras juran amor a la que pasean; otros buscan y rebuscan por internet, escuchando charlas de los nuevos enemigos del evangelio (los coach) que anuncian que cada individuo se lo merece todo por el mero hecho de haber nacido, motivo por el que se deben querer mucho (a lo que intentan ser muy obedientes) y no necesitan a nadie porque son libres y soberanos; así que sólo les queda darse a sí mismos las gracias por haberse conocido.

En cambio, otros como yo, que tampoco tenemos ni puta idea, ni necesitamos tenerla, ni podemos presumir de nada, hemos decidido no pensar y acudir a nuestro libro sagrado para que nos ofrezca una respuesta que sirva para iluminarnos a todos los que yacemos en la oscuridad.

Y digo yo… ¿No será todo esto fruto del egoísmo?, ¿del no querer ceder?, ¿del sentir que fuera nos espera un universo de oportunidades?, ¿de querer mantener candidatos, incluso vivirlos? Y es que señores míos, la realidad es que cuesta ingente sacrificio plantarse y a lo taurino, cortarse la coleta, colgar el traje de luces y decir: «aquí me quedo yo, pese a lo que pese, se ahuyente la pretendienta que se ahuyente, cierro puertas, pongo compuertas, quiero, tolero y perdono porque voy a construir».

Ay, el ego. Y la ambición, ese no conformarse nunca con nada, porque todo nos parece poco. 

Quizá nos ayude prestar atención a qué fue lo primero que Dios nos ordenó. Sin duda, no fue amarlo a él sobre todas las cosas, ni mucho menos, como podría entenderse de la ley de Moisés, en el libro éxodo (tampoco como alientan los coach, amar nuestra persona por encima de cualquier otra). Lo primero que no mandó fue «creced y multiplicaos» Génesis 1:28. Y crecer hemos crecido, claro; en cantidad y en peso (estamos todos bien gorditos, más después de los turrones), pero qué pasa con lo segundo, dónde están las familias. Y si según los cánones cristianos antes de casarnos, tener hijos y formar una familia, tenemos que tener una pareja, entonces cómo se hace eso. ¿Se habla en la Biblia del amor romántico? En caso afirmativo, ¿cómo ha de ser ese noviazgo? ¿Cómo encontrar una buena moza en este mundo de resabiados que huyen de traiciones o despiertos que persiguen intereses? ¿Cómo se construye una familia de acuerdo con la voluntad de Dios? ¿Qué debemos hacer para encontrar a la madre de nuestros hijos y estar juntos hasta que la muerte nos separe con ella?

            Desde antes incluso de la venida de Cristo, ya en el Antiguo Testamento, concretamente en el libro del cantar de los cantares (el mejor cantar) el Rey Salomón explica claramente cómo ha de ser el noviazgo y, presumiblemente, si se hace como ahí se indica, con toda probabilidad devengará en éxito. El noviazgo es una fase sumamente relevante, que habitualmente se descuida, que parece que cuantas más mujeres conozca uno mejor, porque de hacerlo mal o no saberlo hacer traerá pésimas consecuencias. Veamos qué hacer y cómo:

            La primera función del noviazgo es conocerse (Cantares 2:10-14) y la gran finalidad del noviazgo es que los novios muestren su rostro, tal como son y no cómo queremos aparentar ser (eso que se estila tanto empezando por las imágenes retocadas en redes sociales y siguiendo por las actuaciones estelares propias de Hollywood, en persona). La segunda es solucionar problemas, o sea identificarlos antes de que esos problemas sobrevengan y acaben rompiendo una futura relación (Cantares 2:15). La tercera implica cariño exclusivo, fidelidad, las otras chicas son como espinos (Cantares 2:2-3). La cuarta es que los novios deben de honrase mutuamente, respetarse y ensalzarse (Cantares 1:15-16 y en Cantares 5:9. Quinto se debe buscar un amor definitivo, para toda la vida, no ir pensando que si me sale mal me divorcio y punto (Cantares 8:6-7). Sexto hay que tratar de saber esperar no teniendo relaciones sexuales, porque el sexo no ha de tener lugar en el noviazgo, ya que si se pasa uno todo el día chingando y gozando el sexo pierde la claridad de juicio, además, el verdadero amor nos conduce a la pureza sexual (Cantares 2:7, Cantares 3:5 y Cantares 8:4). 

Vivimos en cambio en el mercado de oferta a saldo, del cambio permanente, de no valorar, incluso ningunear, de añorar lo pasado y extrañar la libertad. Quizá toca plantarse a lo torero o no (eso ya dependerá de lo taurino que uno sea), pero plantarse. Dejar clavada la bandera de tengo pareja, la respeto y la quiero, deseo estar con ella mi vida, construir para con ella esa vida, sin caer en vanidades, sin desertar al primer error del otro; tolerando, comprendiendo y dando, porque el amor es dar.

¿Qué más se puede decir?

 

            Fdo. Antonio Casado Mena

            Doctorando en derecho. Abogado y economista.