Lau teilatu, grupo Itoiz, 1978, posiblemente una de la mejores canciones vascas jamás escritas, tanto en español como en euskara.  Un himno generacional, cuatro decenios de existencia, tan hermosa como ayer. Muchos tan sólo conocen a Itoiz por esta obra, una pena.

Gran banda

Su compositor, Juan Carlos Pérez, señaló en cierta ocasión que por  momentos llegó a ser una carga para la banda de Ondárroa (y en parte de Motrico). Algo que se enmendó con el paso del tiempo, “porque se versionó tanto que los jóvenes se creen que es de La Oreja de Van Gogh", por ejemplo, ya se ha desligado de sus padres, significa que la música que hacíamos tiene valor por sí misma”. La versión de Amaia Montero junto a Mikel Erentzun, ex líder de Duncan Dhu, tiene un pase, pero (muy) lejos de la primigenia. En ese sentido, no hace tanto, confesó Pérez, que ya “no sería capaz de cantarla, no he querido desde la última vez que la interpreté con Itoiz, hace dos décadas".

Edozein herriko jaietan

Aparte de los citados Mikel y Amaia, grandes adaptaciones de una canción decenas de veces justamente versionada. Es también la obra más versionada de las que jamás se cantaron en euskera. Pululan covers con inimaginables ritmos y cadencias, desde el hard-rock hasta el reggae transitando por el country. Quien esto garrapatea, más allá de la original, se queda con la versión de E.H. Sukarra. Y, desde luego, la Itoiz suite de la Orquesta Sinfónica de Bilbao.

¿Y de qué hablan esos cuatro tejados ("lau teilatu")? De amor, pérdida, reencuentro y fiestas. De volver a reencontrar el rostro amado ¿desaparecido para siempre? en cualquier fiesta de cualquier pueblo. Dulcemente cuando vuelva a verte, tras tanto tiempo en otros brazos, los dos entonaremos el María Solt de Benito Lertxundi. Sin lloros, estás pálida y tus lágrimas te quitan el color, adiós para siempre, fue hermoso encontrarte, hasta veo que tienes críos. Felices, mañana estaremos con un poco de champán. Sin dinero, goxo-goxo egon ginen biok elkarrekin, acaramelados, tontorrones, pero con las estrellas custodiándonos, al son de un piano.

Vida, vida, vida

La vida es imprescindible vivirla con absorbente y cuerda intensidad,  y vivir el presente es lo que conducirá al ser humano a la obtención de los mayores placeres. Pero, para extraer el mayor beneficio posible a ese presente, no está de más saber qué hemos sido, musicalmente hablando por ejemplo, y qué hemos vivido. Desde tal atalaya, en estos tiempos de falsas pandemias, de colosales manicomios al aire libre, tú como yo sabemos que nos volveremos a encontrar en cualquier fiesta de pueblo. Casi veinte años después, entonces yo un enano en brazos de la mujer madura. Tú siempre, bien, muy bien. Alegres y, sobre todo, libres. Sobre cuatro tejados, la luna en medio, y tú mirando arriba. Y, yo, mirándote. Venciendo. En fin.