Al parecer, el tal Sánchez, ese que hace de presidente, está tomando confianza hasta mostrarse relajado por completo y ya comienza a hablar y tomar decisiones sin ningún tipo de pudor, a tumba abierta, a cara descubierta, porque él, según él y nada más que él, lo vale. Su descaro, desvergüenza y falta de escrúpulos están causando gran perplejidad y maltrato a gran parte de la ciudadanía, a lo que hay que unir un descrédito creciente y sin precedentes de lo que debe ser un presidente del gobierno.

Todas las alarmas se han disparado y el vaso, que ya estaba lleno, ha rebosado, todo ello a raíz de una desgraciada e innecesaria puesta en escena de Sánchez en el Senado, dando el pesame a BILDU, representantes enviados por la banda asesina ETA, a raíz del suicidio de un preso etarra en la cárcel.

Esta irresponsable actuación del elemento que nos trae al caso ha provocado una batería de insultos en las redes sociales, especialmente en wassap, redes por las que también han circulado los testimonios de familiares, fotos de las víctimas de ETA abatidas y sobre gran un charco de sangre, entre ellas las de varios niños y niñas. El maltrato que Sánchez ha infringido a buena parte de los españoles de bien ha sido tan directo y de tal intensidad emocional que uno a uno de los maltratados y maltratadas no ha tenido por menos que escupir sus insultos como señal de inequívoco dolor y rechazo a los que jamás hubieran imaginado se hubiese atrevido a decir un “presidente” en sede Parlamentaria (Senado), no obstante con la televisión del gobierno emitiendo en directo para el recuerdo de esa infamia y pésimo currículo del maltratador presidencial.

La lluvia de insultos hacia Sánchez aparece extensa y surtida. Valga una pequeña muestra seleccionada al azar en el día de ayer para esbozar el retrato de criatura que hoy traemos para su estudio psiquiátrico y análisis político: “Maltratador, infame, ruin, sin escrúpulos, vividor, chulo, lameculos, pelota, cerdo, asqueroso, mamón, piojoso, payaso, indigno, falso, miserable, traidor, impostor, fantoche, sepulturero, resentido, zafio, piojoso, rastrero, vil, infame, canalla, desgraciado…” Baste, pues, esta sucinta muestra de las pinceladas que dibujan el rostro de Sánchez, recolectadas vía internet, para hacernos una idea del rechazo, indignación y dolor que éste ha causado con su macabro y sangriento teatro en el Senado. Sin duda, estas cosas pasan en España porque el puesto no se adapta al candidato, sino que es el candidato quien debe adaptarse al puesto y en este caso, las cualidades básicas que se requieren para ser presidente de la nación, en Sánchez brillan por su ausencia.

La prudencia, el haber sabido estar y responder como un hombre a los enviados por la banda terrorista ETA a las instituciones, en este caso el Senado, desborda con mucho las facultades intelectivas del que hace de presidente, cuyo comportamiento fue más allá de estar acojonado, llegando a pelotear a los de BILDU, además mostrando un gesto corporal de sumisión y rendición de todo un gobierno a unos tipos curtidos que debieron quedar perplejos ante una escena tan grotesca y fuera de lugar.

Las dos hipótesis que están en la calle, en las tertulias familiares y entre amigos, y que pretenden comprender lo incomprensible, es decir, las motivaciones que empujan a Sánchez a comportarse así, son dos:

Una: Sánchez va a lo suyo que es “moncloar, falconear y veranear”, lo demás le trae absolutamente sin cuidado. Sánchez quiere ser presidente a costa de lo que sea, como sea y de quien sea. Y les dirá a todo que sí, poniéndose por entero al servicio de terroristas, independentistas, podemitas, feministas, okupas, inmigrantes ilegales…A todo y a todos que sí con el mayor descaro mientras pasen los meses y él siga siendo “el presidente”.

Dos: Sánchez no distingue el bien del mal, por eso hace daño a las víctimas de ETA, por eso le trae sin cuidado que España se rompa o que en su gobierno estén el “Chepa”, el “Sillita” y demás fichajes de regional preferente, que no tendrían cabida ni en el ayuntamiento de una aldea, si acaso lo tuviese.

Afortunadamente, el diario de sesiones del Senado y las imágenes de televisión siempre estarán ahí para recordarle a nuestros nietos quién fue ese que creía ser “el presidente” y a la postre sería el culpable, el responsable de un desajuste emocional, económico y político de todo el país, un caos sin precedentes hasta entonces.