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Ha sido para mí una alegría ver que "El Correo de España" ha iniciado la publicación del "Napoleón", de Carmen Llorca, por dos razones principales: primera, porque Napoleón fue y ha sido, con Séneca, Unamuno, y Galdós uno de los personajes que me conquistaron desde que leí lo primero de sus vidas y sus obras. Segunda, porque Carmen Llorca, que para muchos sólo  es una escritora eminente, para mí fue, mi profesora, mi amiga, y muy en especial, mi introductora en el mundo de la Historia. Y por sus cuatros pasiones: la Revolución Rusa, la Revolución Francesa, Isabel ll y Emilio Castelar. Como profesora sólo puedo decir que tenía el don natural que Dios da a muy pocas personas, la simpatía y el afecto por los alumnos. Carmen Llorca se preocupaba  por conocer uno a uno a todos sus alumnos... y me gustaría seguir hablando de ella y de sus obras.
Pero hoy y por razones de espacio, me voy a limitar a lo que ella  misma escribió como "prólogo" a mi primera obra, que fue "En torno a don Juan Valera (biografía orteguiana)". 
 
                                                   Prólogo.
Es este el primer libro de Julio Merino. Y este es mi primer prólogo. Dos circunstancias que merecen una explicación previa. El que un joven periodista, en este mundo dominado por todo lo espectacular, elija como tema de su primera investigación la figura y la obra de Juan Valera revela una inclinación de indiferencia hacia las modas y de fe en la constancia de lo permanente. Añádase, además, que Julio Merino es casi paisano de Juan Valera --nació en Nueva Carteya y Juan Valera en Cabra, a 17 kilómetros de distancia--, lo que sería un factor más a explicar el porqué de tal preferencia. Pero Julio Merino es, también un idealista, un apasionado defensor de la belleza, del romanticismo.
Y en esto veo la razón primordial de su facilidad para entender a Valera, de la claridad con que ha manejado los elementos de juicio para analizar al gran personaje. El que yo escriba el prólogo de este libro atractivo, ilusionado, tiene una sola justificación: Julio Merino ha sido alumno y luego compañero en la Escuela Oficial de Periodismo. El breve tránsito entre el año en que abandona las aulas de la Escuela, en 1964, y el año  en que vuelve a la misma, 1966, para formar parte del claustro de profesores, indica bien a las claras cómo es Julio Merino. Fue la suya una promoción brillante, espléndida en promesas que han cuajado ya en realidades muy positivas. Todavía no ha llegado a averiguarse el secreto de porqué convergen en una misma promoción personalidades muy definidas y seguras de sí. Mientras se habla mucho de las generaciones, y aprovecho para destacar que el método seguido en esta obra por Merino ha sido el de las generaciones de Ortega, a mí me preocupan grandemente las promociones. Y bien valoraba el mérito de las mismas el fundador de la Escuela Oficial de Periodismo, D Juan Aparicio, por cuanto desde la creación de la misma cada promoción ha llevado su propio distintivo. La de Julio Merino fue la promoción 1964. Promoción "Tokio".
   Le recuerdo como a uno de los alumnos más inquietos, más noblemente preocupado por la vida española, viviendo muy de cerca el panorama del campo español, la situación agraria, la emigración. Animado por un fuego renovador, con una tremenda curiosidad y un afán insaciable de saber, de averiguar, era el alumno ideal que todo maestro quisiera para sí.
   Luego, la práctica del periodismo es muy rápida en absorciones, en desgastes, pero también en enriquecimientos experimentales. Julio Merino ha alternado el periodismo y la investigación, ha pertenecido a la redacción del diario "Arriba" y actualmente es redactor-jefe del "Diario SP" y a la vez estudiaba a Juan Valera. (Carmen Llorca).
           Pues, eso digo yo. Hay profesores y profesores... y Carmen Llorca fue la profesora ideal. Tendré que hablar de ella otro día-