“MIRA, Julio Merino, por una vez me voy a permitir el lujo de ser groseramente sincero contigo. Ya, ya sé que eso es lo que tú quieres, pero también sé que eso lo decimos todos y luego maldita la gracia que nos hace. Pues, verás, lo que a ti te pasa es que la soberbia te domina. Tú crees que tienes toda la razón y que, por tanto, somos los demás los que estamos equivocados. Tú añoras el pasado y tratas de justificarlo llenando de negros nubarrones el presente. Todo te parece mal y de todo desconfías. Parece como si estuvieses en posesión de “toda” la verdad y que los demás -¡todos!- fuésemos tontos. No me extraña que todo lo veas negro y que el pesimismo reine en tu espíritu. Para ti la Democracia es un desastre y los partidos políticos un cáncer. Te pasas la vida hablando de los males que nos acechan y profetizando la guerra civil… sin darte cuenta, claro, de que el pueblo español de hoy no es el de ayer y que esta España ya no es la España "zaragatera y triste" de Machado... Sabes que soy amigo tuyo y que te aprecio, pero creo que estás equivocado. Aquí ha pasado lo que tenía que pasar, ni más ni menos... y una cosa te aseguro; ocurra lo que ocurra España seguirá adelante por este camino democrático. Ya lo viste el 23 de febrero famoso: ¡ni tú te moviste de casa!

Yo creo, Julio Merino, que estás confundiendo la realidad con tus espejismos. Ya, ya sé que lo que estamos viendo no es perfecto, pero ¿hay algo, de verdad, perfecto? La libertad cuesta muy cara y escasea... Créeme, de veras: no te entiendo. No te entendemos. Pero, si tú eras un hombre liberal y hasta rebelde... ¿qué ha pasado dentro de ti para que todo lo veas negro y pesimista? No, no debe extrañarte que te traten de "catastrofista"... porque todas tus palabras y todos tus actos hablan de "catástrofes" y de desastres. A la gente no le gusta que le amarguen la vida... ¡Y no te escudes en eso de la verdad! Tu verdad también puede estar equivocada...

En fin, creo que debes meditar. Por tu bien y por el de tu familia. Incluso por tus amigos. Incluso por España. Porque vivir en el desaliento que tú vives no es bueno. La esperanza -dice el refrán- es lo último que se pierde. Medita y trata de ver el lado bueno de las cosas. Pues de lo contrario, amigo mío, corres el peligro de quedarte más solo que la una... Por favor, donde fueres haz lo que vieres, como nos decía siempre Rodrigo. No intentes cambiar el mundo tú solo. España tiene lo que quiso tener: Monarquía, Democracia y Partidos Políticos. No lo dudes. Acepta que el equivocado puedes ser tú..."

Yo,... yo...

Pero, no pude hablar. De pronto, y en contra de mi voluntad, me quedé mudo. Sin saber qué decir y sin poderlo decir. Después, sin más, di media vuelta y me alejé de mi amigo. Y tengo que confesar que lo pasé mal, que lo estoy pasando mal.

Eso sí: he meditado largamente. Con Ignacio y con Javier; con Séneca y con Vañera, con Unamuno y con Ortega; con Agustín y con José Antonio; con Larra y con Maeztu… es decir, con mis amigos de siempre. Con mis compañeros nocturnos.

Con humildad y desde la humildad. A corazón abierto y en trance de arrepentimiento. Hincado de rodillas ante el altar de mi fe y con el alma ardiente.

Tal vez como Séneca aquel día postrero, cuando ya la ambición y la vanidad se habían transformado en lágrimas de sinceridad: “¿de verdad, de verdad… mereció la pena?”. ¿Mereció la pena luchar por ser sincero y consecuente en un mundo en el que la sinceridad y la consecuencia sólo existen en alguna mente atormentada por la duda?

El hecho es que he llegado a una conclusión: huir de sí mismo es como morir en vida… ¡quien se aparta de “su” verdad es como quien cierra los ojos para vivir en la oscuridad.

 

  1. Mi vida no ha sido un camino de rosas…

Allá por los años sesenta, cuando España y los españoles vivían el sarampión del desarrollo y todo era como un cuento de hadas, yo me quedé casi solo vaticinando que "aquello" no podía terminar bien... pues, el bienestar y la posesión de tantas cosas prohibidas hasta entonces estaban "durmiendo" las conciencias... y alejando a Dios de los corazones. España, mientras se alejaba de su propio ser espiritual, triunfaba materialmente... y los españoles, mientras superaban el seiscientos, se alejaban más y más de Don Quijote. ¡También entonces me decían que yo era un pesimista y un agorero!

Luego, ya en los años setenta, cuando la batuta de Franco comenzó a temblar, volví a quedarme solo vaticinando que "ni las Instituciones, ni los Ministros, ni los Consejeros Nacionales, ni los cachorros de la Secretaría General, ni los devotos del Movimiento... ni los Generales" resistirían el terremoto que necesariamente tendría que producirse... ¡Y, claro está, me tacharon de pesimista! Sobre todo, cuando hablando de nombres concretos me atreví a pronosticar sus cambios de chaqueta y de camisa.

Después me tocó vivir muy de cerca la muerte de Franco y la llegada de Suárez. Naturalmente, conociendo a este como le conocía, poco entusiasmo pudo anidar en mí de cara al futuro. Dije que su paso por el Gobierno sería desastroso para España y que la UCD se descompondría como un azucarillo en cuanto pasase la euforia del "cambio"... y ahí están los resultados...

También lo dije cuando llegó la Constitución:

"Señores, otra vez nos hemos equivocado, otra vez hemos elegido el mal camino… Es más: hemos elegido el camino que lleva derecho al precipicio. O rectificamos a tiempo o alguien tendrá que rectificar tarde o temprano".

Algo parecido a lo que dijeron Ortega y Miguel Maura cuando la República.

Pero, aquí nadie quiere bajarse del burro. Todos queremos tener razón (...y me incluyo yo que soy la DUDA personificada).

Ahora, según me dicen, el Gobierno, la clase política y hasta las más altas Instituciones de la Nación están sumamente preocupadas por el “ultimátum-chantaje” de la ETA. Incluso se dice que el artículo 8 de la Constitución está sobre la mesa de todos los despachos importantes y en todas las salas de banderas.

Pues bien, señores del Gobierno y señores Diputados, sin catastrofismos de ningún género me van a permitir que les diga algo que he aprendido recorriendo la Historia de España:

Los españoles normales, los españoles de a pie, los españoles del sentido común, los españoles del silencio, los españoles de la abstención… ¡esa mayoría natural que sin decirlo constituyen la verdadera España!... esos españoles -insisto- que no saben o no quieren ser de derechas ni de izquierdas lo aguantan todo… ¡menos que se rían o les tomen el pelo sus gobernantes!

Y, sobre todo, que se rompa la Unidad de España.

No temáis, pues, al "ultimátum" de la ETA y tratad de ganar esa "guerra" con todas las armas de que disponéis.

Porque, si perdéis esa "guerra" del Norte, o la mas sibilina de Cataluña... y España se rompe en pedazos yo os aseguro que, sin tardanza, os vais a tener que enfrentar a otro "ultimátum" mucho más serio y decisivo: el "Ultimátum de España".

Exactamente igual que le ocurrió a Napoleón... por poner un ejemplo de "enemigo exterior". O igual que les ocurrió a aquellos gobernantes de 1936 cuando también quisieron o tuvieron que resolver el "problema de las nacionalidades".

¡Ya está bien de ''nacionalidades" y de "sueños separatistas"!

O España es España... o España habrá dejado de ser España.

Lo que los españoles normales queremos de una vez por todas, es que en Guernica y en Barcelona, en Santiago y en Carmona, en Valencia y Oviedo... presida la Bandera de España... ¡sí, la de ESPAÑA!

Lo que los españoles normales queremos es que cualquier ofensa a esa Bandera y al nombre sacrosanto de España sea considerada como una traición a la Patria.

Y quien no quiera entender esto así hoy no podrá sorprenderse mañana al ver cómo izan la Bandera de España un pelotón de españoles, tal como los argentinos en las Malvinas.

Así que ya lo sabes, amigo mío: yo no soy pesimista ni catastrofista, ni otras gaitas... ¡yo soy simplemente un español!

Un español que aceptó el cambio y la democracia; la Monarquía y la Constitución; el sistema de libertades y hasta el "cachondeo" de los partidos políticos... si eran para bien de España. Porque, de lo contrario, con artículo 8 o sin artículo 8, no habrá más remedio que echarse al monte.

Porque con la Patria no se juega... y aquí ya se está jugando demasiado a las claras.