“Mejor No Contarlo”, la primera novela de la periodista María Luisa García-Franco, quien fuera durante veinticinco años corresponsal en el País Vasco, cinco para el desaparecido diario YA y los otros veinte para ABC, nos acerca a las personas que vivieron la amenaza del terrorismo etarra en un tiempo en el que imperaba la ley del silencio.

María Luisa: Seguro que interesa a nuestros lectores por qué decidiste escribir la novela.

Años antes de comenzar a escribirla me pareció que alguien debería contar algún día lo que las personas a las que ETA se proponía matar vivieron en silencio, porque era mejor no contarlo, ya que lo que cabía esperar en aquellos tiempos de la sociedad vasca no era solidaridad, sino distancia. Durante mi trabajo como corresponsal en el País Vasco conviví con políticos, empresarios y periodistas a los que se comunicaba que se había localizado en poder de comandos de ETA datos para atentar contra ellos y la reacción de la mayoría de ellos fue no contarlo.

¿Nos puedes hacer un relato general del contenido de la novela y qué se trasluce en el trasfondo de la misma?

Entre las muchas historias pendientes de contar sobre lo que se vivió en el País Vasco en un momento en el que la existencia de ETA hacía flotar en el aire la ley del silencio, elegí la intensa campaña que la banda terrorista desarrolló contra los jueces en 2001, cuando la Ertzaintza desarticuló el comando Buruntza de ETA y en su lista de objetivos aparecieron los nombres de ochenta de ellos. Lo que me sorprendió entonces fue que los jueces fueran abandonados a su suerte por las instituciones, al igual que el resto de las personas a las que ETA se proponía matar, a pesar de que el Poder Judicial es una base fundamental del Estado de Derecho, porque si no se aplica la ley, impera la ley del más fuerte. Los indicios policiales de que ETA se proponía matar al menos a un juez de los que ejercían en el País Vasco no provocaron reacción alguna de las instituciones. Doscientas jueces se incorporaron en masa a quienes en el País Vasco miraban cada día los bajos de sus coches por si ETA había puesto en ellos una bomba y nadie hizo nada, hasta que mataron a uno de ellos.  

¿Cómo ves la sociedad vasca?

         Creo que la sociedad vasca quiere seguir mirando hacia otro lado, cómo cuando ETA mataba, porque no quiere que le recuerden que como sociedad no hizo nada para impedir que ETA decidiera quien tenía o no derecho a vivir en el País Vasco.

¿Sería injusto decir que la sociedad vasca es cómplice, o bien se puede, por el contrario, afirmar que la sociedad vasca es víctima colectiva?

No creo que se pueda afirmar de forma general que la sociedad vasca fuera cómplice del terrorismo etarra. La inmensa mayoría te hubiera dicho entonces y te diría ahora que no quería que ETA matara. El problema es que no se movió para impedirlo, por eso tampoco se puede decir que la sociedad vasca fuera víctima colectiva del terrorismo etarra.

A tu juicio, ¿cuál era el propósito del ambiente de coacción y miedo creado en la sociedad vasca?

El propósito de quien genera, en cualquier circunstancia, un ambiente de coacción y miedo es alcanzar objetivos por la fuerza.  

¿Qué pedirías tu al lector de tu novela tras disfrutar de la misma? ¿Pretendes una actitud determinada proactiva?

Espero que el lector de esta novela se mantenga en vilo hasta conocer el desenlace, porque es un “thriller”, en el que además de personas amenazadas hay terroristas que intentan llegar a la cúpula de la banda en el País Vasco francés y un infiltrado que pasa información sobre las intenciones de los terroristas. Al terminar la lectura, espero que el lector se quede con el recuerdo de que aquello lo vivieron seres humanos, con muchos matices, y que lo que pasó no puede resumirse en la cifra de muertos por atentados terroristas. Creo que la literatura puede contribuir a la memoria que definirá el recuerdo colectivo de lo que se vivió en el País Vasco.