No es a izquierda ni a derecha
donde hemos de mirar.
Tampoco a esa tibia nada
que centro se hace llamar.
Es arriba, en lo más alto,
donde está la solución:
la política inspirada
en Jesús Nuestro Señor.
Que sea Él quien reine
en nuestro corazón
y que aquel que nos gobierne
se ciña a la ley de Dios.
Perfecta no será
aun así la sociedad,
pues es sociedad humana
e imperfecta es la humanidad,
pero al menos nuestras leyes
justas sí que serán.
Dejemos pues atrás
cualesquiera ideologías,
que no son más que herejías
que nos traen calamidad,
y todo en Cristo instauremos
si realmente queremos
progreso y prosperidad.