DON Miguel de Unamuno hubiese considerado que se trataba de una constante e inmensa paradoja. Las gentes serias de la llamada mayoría silenciosa lo definirán como un gran contrasentido. Con mayor rigor formal o sea, más a la pata-la-llana y metidos en jerga pasota, podremos también decir que se trata de un puritito cachondeo o, lo que es lo mismo, de un choteo como la copa de un pino. Con perdón por la libertad en el lenguaje.

 

Me refiero a la diaria distorsión entre lo que se dice oficialmente y lo que pasa en las calles de las ciudades españolas; entre los discursos políticos y las realidades del país. O sea, la frontera existente entre la España real y la España oficial, que bien pudiera presentarse como aquel de lo pintado a lo vivo o el no menos definitorio del dicho al hecho, hay buen trecho.

 

Pero dejémonos de refranes y vamos al grano. Ahí tienen ustedes al inefable señor Rodríguez Sahagún, presidente (en precario) de la UCD, que ha soltado un memorable discurso en unas jornadas organizadas por su partido, sobre el interesante tema Mujer y familia. El eminente líder centrista dijo, entre otras no menos brillantes, esta preciosísima frase: La familia es el pilar fundamental de la sociedad participativa que defiende UCD. ¡Espléndida afirmación! Y sin embargo, ¿no es UCD el partido del gobierno y ese gobierno acaba de promulgar la ley del divorcio? Entonces, o aquí estamos todos obnubilados (es decir. agilipollados) o hace falta muchísimo tupé para hacer un cántico a la familia, a los pocos días de haber legislado facilitando su disgregación. Paradoja, contrasentido, choteo.

 

¿Y qué decir de los homenajes a la bandera nacional, que siempre coinciden con afrentas a esa misma bandera? Parece que se pongan de acuerdo: el mismo día que en alguna ciudad, un grupo de españoles honrados exalta los colores patrios, en otra ciudad (generalmente, ya saben ustedes de qué provincias) queman la enseña rojigualda. Las hermosas frases laudatorias dichas en una parte, suenan a sarcasmo aplicadas en la otra. Paradoja, contrasentido, choteo.

 

Los muy honorables presidentes de los gobiernos vasco y catalán se acercan, de cuando en cuando, a la capital del Estado Central, por lo general, a la busca de unos milloncetes que llevarse a sus autonomías. En tales viajes, sus declaraciones de respeto a la Constitución y a la integridad de la nación, son conmovedoras. Incluso se enojan muchísimo cuando alguien osa recordarles otras manifestaciones suyas, contradictorias con tal conducta. ¡Jamás pretenderán socavar la unidad del Estado! (Porque, eso sí, la palabra España nunca la usan: parece quemarles la lengua).

 

Entonces, apenas vuelven a sus autonómicos lares, fomentan concentraciones antiespañolas, discriminan a los castellanoparlantes, borran los letreros escritos en español, exaltan los supuestos títulos nacionales de sus territorios y azuzan los separatismos sin el menor recato. La paradoja, el contrasentido, el choteo.

 

Donde mayormente se aprecia este divorcio entre lo proclamado y lo hecho, entre lo predicado y lo servido, es en el tema del terrorismo. Los partidos que más enérgicamente condenan los asesinatos, aquellos que hacen constar su decidida repulsa, son los mismos que aprobaron, entre ovaciones y sonrisas, la amnistía de los criminales, su viaje subvencionado al extranjero y su retorno a los gomados y la parabellum. No se diga esa prensa canalla, la del unte, que pretende escandalizarse ante cada nuevo asesinato, pero lo olvida fácilmente, para entregarse, en cambio con perseverancia, a las campañas indignas contra la Guardia Civil o contra la Policía. Vil paradoja, repugnante contrasentido, intolerable choteo.

 

Y dejemos para el final las infumables afirmaciones del señor Calvo-Sotelo, que tan pronto habla de una cierta reactivación económica, que (según él) permite alentar un moderado optimismo, como regresa de París y nos asegura que sus conversaciones con Mitterrand han resultado altamente positivas. Después, a la hora de la verdad, el caos económico se agudiza, el engaño de la subida de la Bolsa se descubre, diáfanamente, y el gobierno francés nos sigue dando patadas en la entrepierna, con tanta contumacia como puntería.

 

Al estribillo: paradoja, contrasentido, choteo. Y encima, con este calor...

 

VIZCAINO CASAS

(Heraldo Español nº 63, 15 al 21 de julio de 1981)