Recordamos que el 8 de Mayo se ha celebrado en nuestra Patria, durante casi 14 siglos, el Día de la Unidad Católica de España, por ser la fecha en la que el Rey Recaredo, en el años 589, tras de adjurar del arrianismo en el III Concilio de Toledo, proclamó el Estado Confesional Católico, que ha estado vigente durante 14 siglos, exceptuando los periodos constituyentes de la I República de 1869 a 1876, el de la II República de 1931 a 1936 y el que estamos viviendo con la atea Constitución del 1978, que proclamó la “aconfesionalidad” del Estado, perdiendo la Unidad Católica, y quedando nuestra España, forjada en la Religión Católica, reducida a una mera quimera telúrica, razón por la que hoy, quienes gozamos de los títulos gratuitos de Españoles y Católicos, pregonamos alto y claro lo que “QUEREMOS”, que no es sino el restablecimiento de la Confesionalidad Católica del Estado, para recuperar la Unidad Católica de España perdida y la restauración de la Realeza Social de Nuestro Señor Jesucristo.

     Muchas veces nos preguntan: ¿Qué es la Confesionalidad Católica del Estado? No es fácil de responder con una definición y hacernos comprender, ya que al enunciarla como la manifestación de la vinculación entra la Iglesia Católica y el Estado, expresada de forma explícita en su legislación, especialmente la Constitución, no es muy asequible para el pueblo en los tiempos que corremos, donde la despreocupación, la abulia y el lavado de cerebro campean a sus anchas.  

   Para entender esta unión entre la Iglesia y el Estado, aclaro que los hombres estamos compuestos de alma y cuerpo (quien no crea esto difícilmente entenderá), y consiguientemente la Iglesia y Estado han de colaborar y estar unidos para beneficiar a esos dos componentes, la iglesia el alma, y el estado el cuerpo.

    Para mayor abundamiento, la Iglesia ha sostenido siempre la doctrina de que los Estados deben rendir culto público y colectivo a Dios y ajustar sus leyes a las de Dios, especialmente en las encíclicas Vehementer Nos de San Pío X, y Quas Primas de Pío XI, regularmente no se percibe, y menos comprensible es aún, que la Iglesia por razones de prudencia política no lo haya exigido siempre ni en todos los países con la misma intensidad. Porque nunca la Iglesia ha querido forzar las cosas en naciones donde la Religión Católica es sensiblemente minoritaria; ha preferido ceder como mal menor. Pero esta es la doctrina o “tesis” practicada por la Iglesia, con fuertes apoyos en la Sagrada Escritura (1) y en la Tradición (2). Y por defenderla los católicos españoles de antaño han vertido ríos de sangre –v.gr. en las sucesivas guerras carlistas-. La suspensión de la reivindicación de esa “tesis” o doctrina, o sea, la aceptación del hecho del pluralismo religioso, es una “hipótesis” de trabajo, y nada más. Es una situación defectuosa de la cual hay que salir.

    Ahora bien, para los que con la anterior explicación continúan sin comprender lo que es la Confesionalidad Católica del Estado, intentaremos siguiendo aquella máxima del Evangelio de “por sus hechos los conoceréis”, que puedan entenderla ya, porque es algo tan real y tan auténtico, que, aun ignorantes de su definición, la hemos vivido durante muchos años y porque gracias a ella se nos han transmitido la mayor parte de los  hechos realizados, gracias a ella, en España, de los cuales, aun habiendo transcurridos más de cuatro décadas desde de la pérdida de la Confesionalidad Católica del Estado, continuamos hoy disfrutándolos. Lo que podemos testificar mediante unos cuantos ejemplos, que esclarecen lo que es y por lo que “QUERENOS” la Confesionalidad Católica del Estado.

     Una de las cosas que queremos, cuando hablamos de Confesionalidad Católica del Estado es una Iglesia autentica, que vuelva a sus orígenes de Santidad, Pobreza, Verdad y Castidad. Que predique la Verdad oportuna e inoportunamente y vuelva a ser Apostólica y no pancista. Queremos sacerdotes que salgan de sus parroquias y dejen de ser burócratas. Queremos una Patria en la que se vuelva a decir la palabra Patria (3). Queremos que haya regiones y no nacionalidaditas absurdas que solo hacen dividirnos y debilitarnos. Queremos un gobierno que sepa a dónde va y que nos guíe, en lugar de aborregarnos. Queremos que haya trabajo, estudiantes que estudien y no revolucionarios. Queremos que la gente quiera cumplir con ilusión su trabajo diario y aspire a ayudar a los demás, queremos que el trabajo sea un derecho ¡y que se cumpla! Queremos que los jueces no prevariquen y sean justos, no solo para los ricos y poderosos, que no haya dos o tres Justicias diferentes… Queremos que los trabajadores quieran colaborar con los empresarios y los empresarios con los trabajadores porque su objetivo es el mismo. Queremos que el agua llegue a toda España y que la que sobra se canalice y se aproveche ¡no es tan difícil! Queremos que los políticos tengan miras amplias de Patria y no de “país”, que piensen en España en lugar de sus regiones o sus partidos o sus familias o sus prebendas o sus casas o tener más dinero… ¡Patriotas más que políticos! Queremos que la vivienda no sea carísima, queremos que los alquileres estén protegidos y no sean un abuso, queremos que la gente pueda tener familias de más de un hijo, queremos que la familia sea protegida por el Estado, queremos que se acabe con el crimen del aborto ¡protegido por el Estado y los partidos! Queremos que el trabajo sea duradero, queremos sueldos decentes y no sueldos basura. Queremos que el gobierno promulgue leyes sociales que favorezcan a todos y no solo a unos pocos entre los que suelen estar ellos los primeros… Queremos que los derechos y tiempo cotizado para la jubilación sean los mismos para los políticos que para el pueblo llano. Queremos que la Banca paguen a los usuarios o cuentacorrentistas por tener su dinero en sus Bancos y no lo contrario. Queremos que nuestra libertad sea respetada y se aparque la nueva normalidad. Queremos que los políticos no sean los mediocres de la clase. Queremos que la “Marca España” no sea el hazmerreír en el extranjero y vuelva a ser lo siempre ha sido. Queremos que se permitan las procesiones para poder dar testimonio público de nuestra fe… Queremos que las autonomías vuelvan a ser regiones y que sus presidentes lo sean de la Diputación correspondiente. Queremos que se legisle de acuerdo con el Decálogo y la Ley Natural. Queremos que los políticos se ocupen de procurar el bien común y se dejen y olviden de bagatelas. Queremos que se derogue la Eutanasia (que no es la guinda de la tarta como lo será en breve, sino ponemos remedio, la eliminación de la propiedad privada). Queremos que los que vienen de fuera se adapten a nuestra costumbres y tradiciones, que se integren y intenten ni consintamos que nos impongan las suyas. Queremos que en las escuelas y universidades se enseñe la verdadera historia de España, para que conociéndosela se la ame. Queremos que vuelva a promocionarse el campo, la agricultura y la ganadería. Queremos que las corridas de toros y la siesta sigan siendo fiesta nacional. Queremos que se pongan los medios necesarios para que tengamos una sociedad más justa y más prospera. Queremos que se termine con el lastre del paro, los trabajos precarios y los salarios de pobreza. Queremos que por las víctimas se rece a Dios y no permanezcamos mudos con un minuto se silencio. Queremos que se hable correctamente sin la memez del “todos y todas, hombres y mujeres, hijos, hijas e hijes”. Queremos que se deje el camino emprendido a igualarnos con Cuba y Venezuela; no queremos desigualdades sociales, que los directivos piensen en sus trabajadores y en el bien común; queremos que los políticos dejen de estar corrompidos y que al que le pillen vaya a la cárcel inmediatamente; que no estén enchufados en Consejos de Administración, que no cobren comisiones, que la Ley sea severa con los malos y suave con los buenos… O sea que ¡queremos otra España! porque la que nos ha traído está democracia ha resultado una porquería.  

     Lo que “QUEREMOS”, pueden visionarlo en el siguiente enlace: 

 

 (1) “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a conservar todo cuanto os he mandado. Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del siglo” Mt. 28, 19-20; “Entretanto, hermanos, orad por nosotros, para que la Palabra del Señor corra y sea glorificada como lo es entre vosotros” 2 Tes. 3,1; “En pureza, en conocimiento, en longanimidad, en el Espíritu Santo, en caridad no fingida, con palabras de verdad, con poder de Dios, por las armas de la justicia, las de la diestra y las de la izquierda” 2 Cor, 6, 6-7)

(2)  Lo que ha sido creído en todas partes, siempre y por todos- San Vicente de Leríns.

(3)  Se sustituye por País, Nación, Estado de la Nación, Tierra natal, Terruño, Suelo, Metrópoli, Cuna, Linaje, Cuerpo social, Territorio, Procedencia, Comunidad, Colectividad, etc.