Tras el clamoroso éxito obtenido por el Papa Francisco con su encíclica Fratelli Tutti, que ha puesto de manifiesto la aversión que Dios siente hacia Donald Trump,  Santiago Abascal, Matteo Salvini y, en general, hacia todos los líderes de los partidos políticos conservadores que a pesar de defender los valores cristianos (condenando el aborto y fomentando la familia tradicional, por ejemplo) quieren para sus países unas fronteras seguras que eviten la inmigración ilegal masiva que socava su economía y deteriora gravemente su seguridad ciudadana, fuentes del Vaticano anuncian la próxima publicación de una nueva encíclica a modo de segunda parte de la anterior, cuyo título, Tutti Frutti, es suficientemente esclarecedor de su contenido doctrinal.  El Papa es plenamente consciente del grave deterioro medioambiental producido por el calentamiento global consecuencia del efecto invernadero y, como no podía ser menos, se ha propuesto como uno de los principales objetivos de su pontificado la defensa de una naturaleza que, afortunadamente, tiene una madre o diosa protectora que vela por su pureza y fecundidad, la Pachamama, a quien nos insta a dar el debido culto y veneración. Una moneda en su honor con un valor nominal de diez euros será próximamente acuñada y puesta a la venta por la Oficina del Vaticano para la Filatelia y la Numismática. En su anverso aparece la Pachamama embarazada llevando en su vientre a la propia Tierra y en avanzado estado de gestación: una escena tierna y conmovedora que debió tener lugar hace unos 4.500 millones de años -según parece aceptar la comunidad científica- y que se repetiría no mucho después para alegrarle  la vida con una hermanita de menor tamaño, llamada Luna, que orbitaría en torno a ella para ayudarla en sus labores forestales, ganaderas y agropecuarias, además de para servir de inspiración a todos los poetas y enamorados del mundo. Pero no nos confundamos: No es que esta figura o “deidad” -si se la quiere llamar así- deba desplazar  en la devoción de los católicos el culto a la Santísima Virgen María, no; ambas figuras deben ser complementarias la una de la otra, como si fueran hermanas  y cada una de ellas cumpliera una misión distinta pero igualmente provechosa  para los inescrutables planes de la Divinidad Suprema (se le llame Dios, Yaveh, Aláh o la Serpiente Emplumada, entre otros muchos nombres, pues todos ellos aluden a un mismo ser, sustancia o energía creadora del universo a la que los cristianos debemos veneración y respeto, dentro de una perspectiva de género).

Tenemos una gran suerte con este Papa, que ha venido a renovar con su poderoso carisma el magisterio tradicional de la Iglesia Católica, denunciado desde hace muchos años como obsoleto y medieval por tantos renombrados filósofos  y por tantas prestigiosas instituciones culturales como la Gran Logia Rockefeller o la misma Gran Logia de España, asociaciones filantrópicas que promueven los sacrosantos valores  de la fraternidad, la libertad y la igualdad, y que veneran a ese “Gran Arquitecto del Mundo”, portador de la luz del conocimiento,  que tal vez sea el padre de la Pachamama a la que debemos dar culto todos los seres humanos, seamos del género que seamos o no seamos de ninguno en concreto. Sin ir más lejos, las recientes declaraciones públicas del Pontífice aprobando las uniones civiles entre personas homosexuales son un buen síntoma de este nuevo amanecer de la Iglesia Católica, que será saludado efusivamente por las autoridades que nos gobiernan, en clara sintonía con su pensamiento político y social. Pronto conoceremos una nueva liturgia especialmente diseñada para bendecir estas uniones civiles, que si no fueran calificadas estrictamente como “matrimonios” ya serían denominadas por la Iglesia con algún término semejante e igualmente honroso.

La esperada encíclica Tutti Frutti, además de instarnos a esta nueva devoción aprovecha para recomendarnos una movilidad sostenible, reduciendo el uso de los combustibles fósiles, y nos anima a seguir una dieta rica en fibra y baja en carne y grasas saturadas,  ofreciéndonos, en un capítulo aparte, una serie de recetas de cocina que harán las delicias de todos los comensales, que seguramente repetirán hasta saciarse.

Y ahora solo nos queda reproducir una oración a la Pachamama, recientemente aprobada por nuestra Conferencia Episcopal, que próximamente será recitada en nuestros templos católicos después del Credo. Aquí la tienen, en primicia  para todos ustedes por gentileza de su portavoz, Monseñor Argüello:

Oración a la Pachamama                           

Pachamama que estás en el Cielo,

reina de la papaya y del pomelo,

madre prolífica y divina

de Europa y América Latina,

patrona de todas patronas

y protectora de la selva del Amazonas:

Ante todo te pedimos perdón

por todo lo que hizo Cristóbal Colón,

que fue un invasor esclavista,

además de ser homófobo y machista.

Perdona nuestras ofensas

y llena nuestras despensas

de yuca, papas, batatas, tomates,

maíz, frijoles, boniatos y aguacates.

Que no falte en nuestra dieta la mandioca

ni el jugo que se extrae de la coca.

Y para brindar por el Papa Francisco

que no nos falte el tequila y el pisco.

Líbranos del mal y del fascismo

y tráenos por siempre el comunismo.

Amén.

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