Los luises, etimología mediante, afamados e implacables guerreros, célebres en la batalla. Luchar hasta morir. En cambio, mi admiradísimo poeta Erich Mühsam arrastraba en su apellido su propio sino. Si cada nombre devendría sello y destino, Erich lo clava con su apellido. Mühsam significa penoso en alemán. Penosos, muy penosos, serían los últimos meses de vida de este deslumbrante poeta alemán.

De la cárcel al campo de concentración

Anarquista y, sobre todo, judío. Además de vegano, fue una suerte de criptoecologista cosmopolita. Compone hermosísimos e inolvidable versos dedicados a los animales. Optimista prometeico, jamás desbarró en ingenuidades varias, consuetudinario conocedor, como era, de las "delicias" carcelarias. Según fue avanzando la República de Weimar, derivó, políticamente, hacia un tipo de acracia pacífica y pacifista.

Enero, 1933, Hitler llega al poder en Alemania. Erich jamás recuperaría su libertad. Fue enviado a distintos campos de concentración, donde fue torturado reiterada y sistemáticamente. En el campo de Oranienburg, mitad del treinta y cuatro, aconteció algo que, casi noventa años después, me hace no perder la esperanza en...los animales no humanos.

Reírse a carcajadas del dolor ajeno

En la casa de un científico, previamente enchironado por el “bárbaro pecado” de ser un Judenschwein, los miembros de las SA se toparon con un chimpancé. La retorcida y sádica imaginación nazi, a porta gayola. A uno de  ellos se le ocurrió despedazarlo a golpes y no darle de comer durante cuatro días. Y, más tarde, darle un garbeo. Y, por supuesto, que conociese a Erich...

…Erich, apenas repelente despojo de carne remotamente humana, vio abrirse la puerta de su celda, entre obscenas y estruendosas risotadas de los guardianes. Cómo mola descojonarse de un puto rojo, judío, comeflores. La figura del simio brotó bajo el dintel. Los nacionalsocialistas, anticipaban el inmensurable deleite, fruición y goce de observar cómo el chimpancé se zampaba a cachos al machacado vate.

Pero, entonces, ¿quién va al Cielo o al Infierno?

El simio, a la sazón, se aproximó a Mühsam. Se detuvo frente a él, se arrodilló y, para hondísima decepción de los que allí se desternillaban a mandíbula batiente, se puso a lamer y acariciar las abiertas y purulentas llagas del prisionero.

Poco después, inadmisible frustración nazi, primate y hombre, recibieron sendos disparos que acabaron con sus vidas. En fin.

Larita__Cuanto_mas_trato_a_la_gente