Estando destinado en España como Visitador Apostólico de mi Comunidad Monástica tuve ocasión de hacer muy buenos amigos y fortalecer los lazos fraternos. Como consecuencia de ese fructífero periodo llevo recibiendo en los últimos meses peticiones e información relativa a la cuestión de la “normalización”, e incluso imposición por parte de muchos obispos y sacerdotes en España y buena parte de la Cristiandad, del uso de la máscara o mascarilla durante los oficios litúrgicos, con la consiguiente modificación eucarística, y como elemento añadido a la imposición del “lavado” con gel, la separación personal, el no saludo de la Paz y la prohibición de no tener agua bendita ni besar otros objetos considerados como “sacramentales”. A mostrar lo que hay implicado tras estas modificaciones nos ocuparemos en el artículo de hoy de la serie Milicia Inmaculada para el Digital El Correo de España y publicaremos en primicia una serie de fotos enviadas por estos buenos hermanos “Soldados de Cristo y de la Inmaculada”.

El Orden Episcopal es Orden Eclesial establecido por el mismo Jesucristo. Emana del Sagrado Colegio Apostólico con Pedro, como Vicario de Cristo, como Cabeza. Este Colegio o Cuerpo Apostólico recibió durante el Pentecostés (periodo de 50 días desde la Resurrección del Señor Jesús hasta Su Ascensión) al Espíritu Santo o Paráclito, y fue enviado por el mismo Jesucristo tal y como prometió. De dicho Cuerpo Apostólico emana el Orden Sacerdotal, el cual debe cumplir con las mismas funciones que Jesucristo (Cabeza, Maestro y Profeta) desempeñó durante Su Ministerio en la Tierra; los sacerdotes son reflejo del mismo Jesucristo, deben reflejar y mostrar a los hombres el “rostro humano del Señor”, usando palabras de San Pablo.

Esta realidad trascendente y eterna es aún mayor si cabe durante la propia Misa o Eucaristía pues el sacerdote es “ipse Christus”, el mismo Cristo, y se “transfigura” (como sucede durante la transustanciación con el Cuerpo y la Sangre de Cristo) en Sacerdote, Cordero y Hostia que deben ser dignas y aceptables. No deben ser corrompidas en el fondo (con fenómenos paganos o idolátricos añadidos por el sacerdote) ni en la forma (con modificaciones litúrgicas que demuestren falta de Fe en el Sacrificio o indignidad presencial). ¿Qué podemos decir al ver los rostros de sacerdotes tapados como en los antiguos cultos idolátricos precristianos que se hacían a los baales o dioses demoníacos que representaban a entidades terrenales y celestiales? ¿Qué nos transmiten estas ceremonias ahora?

La trascendencia de este hecho “abominable a los ojos de Yahvé Dios, nuestro Padre, y que causa desolación humana a los que estamos formados” no se queda en el ámbito del Orden Sacerdotal. Los laicos, durante la presencia en la Misa, nos presentamos, como ofrenda suplicante y sacrificio vivo corporal, ante el mismísimo Jesucristo, Rey de Reyes y Señor de Señores, y por Él, con la mediación también de María Inmaculada, a Dios Padre. ¿Quién se presenta enmascarado ante su Señor como si éste fuese un cualquiera o como si uno mismo fuese un ratero o salteador? ¿Quién se presenta ante su padre humano, al que desea transmitirle una súplica o petición, con el rostro tapado como si fuese alguien indigno al que no se le ama? ¿No es el rostro el reflejo del alma y lo que nos hace humanos como criaturas de Dios? Dejar la Guía de Jesucristo no nos convierte en animales, pues esa no es nuestra naturaleza, sino en algo peor que es contranatural.

En este contexto alguno puede pensar ¿no lo hacemos por caridad con el prójimo que es nuestro hermano en Cristo Jesús? Dando por hecho que estamos ante una terrible “peste” o pandemia de proporciones superiores a las que asolaron la Cristiandad durante 1000 años de forma periódica y que dieron lugar a grandes santos y mártires, surge la pregunta ¿anteponemos a los hombres a Dios? ¿es la Misa un encuentro humano como un banquete o fiesta, o es el Sacrificio Incruento de Jesucristo en el que Él es el centro y no nosotros? La Misa no es para nosotros, sino que nosotros necesitamos de la Misa como el Agua. La Ley de Moisés fue hecha para los israelitas, pero ellos debían atarse a ella… Nosotros debemos atarnos al Sacrificio de Jesucristo y Vivir, y éste tiene unas formas tradicionales de siglos, establecidas por los santos y padres de la Iglesia, que deben seguirse. El Enemigo y los suyos (pérfidos de todo tipo y masones) lo saben y por eso buscan borrarla y desvirtuarla o corromperla. La decisión del actual Papa está motivada por esta razón.

Profundizando en esta cuestión Vital para nuestra Salvación, y verdadera Salud, nos debemos preguntar ¿Es Jesucristo el Centro y Foco de la Misa en la actualidad o a Él se le da la espalda de forma literal y, por lo tanto, simbólica, pues la Misa es Liturgia Sagrada y es Opus Dei u Obra de Dios? Si el sacerdote es el mismo Jesucristo ofrecido a Sí mismo al Padre para el Bien de los fieles ¿Se está dando la espalda a sí mismo, y por lo tanto a Dios, comportándose como un Anticristo abominable? ¿Podemos pensar realmente que no significa nada el ocultar nuestro rostro a Dios con una máscara que puede ser simplemente un trozo de tela o algo más “homologado” por las autoridades de este mundo que sirven al Amo de este Mundo? Mucho ojo en este sentido pues la Salvación no depende del número de Misas a las que asistimos, pero sí de acudir a ceremonias idolátricas o participar de ofrendas no agradables a los ojos de Dios y que no siguen la Tradición Eclesial.

Como conclusión, quisiera invitar al lector a la reflexión y a que opte por alejarse del Mal. Dice la 1Jn 2,18-21:

“Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo que nos damos cuenta que ya es la última hora. Salieron de entre nosotros; pero o eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros”. Este pasaje, que se había cumplido parcialmente durante la vida de San Juan, ya se ha cumplido en su casi plenitud pues los anticristos ya han sido muchos en el tiempo y en la actualidad. En 2Jn 7 y 8 leemos:

“Muchos seductores confiesan que Jesucristo no ha venido en carne. Ese es el Seductor y el Anticristo” ¿Qué pensar de todos aquellos obispos y sacerdotes que dicen que las fes o religiones son formas de espiritualidad humana o caminos a Dios? ¿Y de aquéllos que dicen que somos “Fratelli tutti” o que afirman “mío caro Fratelli masoni”? Citando en esta ocasión a San Pablo. “¿Qué unión tiene Cristo con Belial?” Al decir San Juan que “no eran de los nuestros” hace referencia a que aquellos que se convierten en apóstatas y herejes, y por lo tanto en anticristos, tienen acceso a la enseñanza y la corrompen desde dentro.

Mientras estos malditos están en el Cuerpo de Cristo, el Cuerpo sufre, pero ellos tienen aún cierta posibilidad de Salud o Salvación. Cuando ellos son expulsados o eliminados, el Cuerpo siente alivio, la Iglesia se alivia. Es de Justicia y Caridad pedir por la Conversión del Papa, y de todos aquellos obispos y sacerdotes (incluso laicos) que nos han adentrado en esta terrible situación crítica, aunque de prueba; al mismo tiempo es Justo y Bueno anhelar la Resurrección de la Iglesia como Cuerpo y Esposa de Jesucristo. Vuelve pronto Señor Jesús por Amor a Tu Santa e Inmaculada Madre María, Madre y Reina nuestra. Amén.