Llega la Navidad, es momento de preparar el corazón para celebrar con gozo y alegría la llegada de Nuestro Señor Jesucristo que vino a salvarnos, naciendo en un humilde pesebre  y volverá glorioso al final de los tiempos para juzgar a los vivos y a los muertos

Es lo que en nosotros los cristianos se llama FE.

El Niño Jesús es nuestra Luz y Salvación. En esa noche inigualable de 24 al 25 llega de nuevo alguien que viene a cambiar todo en la vida del cristiano. Como muy bien apuntó  San Juan Pablo II  “La Navidad es tiempo de reflexión y de volver la mirada y el corazón a Dios. Es tiempo de tomar decisiones y de cambiar radicalmente la vida, no de cambiar por cambiar, para ser mejores, más humanos, más como Jesús que, teniéndolo todo, quiso dejarlo para venir a estar a nuestro lado para que sintiéramos toda la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del Amor de Dios”.  

A pesar de este mundo materialista, torvo, descreído, hedonista, que nos rodea, de nuevo en la Nochebuena las gentes de buena voluntad y corazón limpio, volverán a evocar su nacimiento en Belén, volverán a vivir en cierto sentido las emociones de los pastores, su alegría y estupor. Contemplaremos  a través de las figuritas del Belén; en cuadros magistralmente realizados por inolvidables pintores; en esculturas y  sobre todo por medio de los Evangelios, con María y José la gloria de ese Niño Jesús que nace para nuestra redención y salvación. Rezaremos alegres y daremos gracias a Dios por tan preciado regalo, el nacimiento de su Hijo, llevando esa  Buen Nueva a los confines de la tierra.

Lamentablemente en España, de un tiempo a esta parte alguien  está empeñado en introducir en nuestras casas y vidas a un gordinflón barbudo vestido de rojo, que viene con regalos, olvidándonos que el verdadero regalo de la Navidad es el Niño Jesús. Llegó para redimirnos. Y ante un consumismo desenfrenado, un mundo que vive en lo superficial, en lo banal, esas buenas gentes de buena voluntad, a pesar de la lamentable postura de la cúpula de la iglesia católica, sobre todo en lo referente a Roma y a la  curia española,   debemos volver nuestros ojos hacia ese Niño y entregarle nuestra alma, vida y corazón.

La Navidad es única y exclusivamente Jesús; es su gran figura la que debemos tener en todo instante presente. Todo lo demás, sobra. La única gran verdad a pesar de que se olvida constantemente entre copas de vino, cava, regalos, opíparas viandas, dulces, con la curia puesta de perfil, es el Nacimiento del Niño Dios. Los regalos, las fiestas y los adornos deben ser un complemento para engrandecer todavía más ese fabuloso hecho, pero nada más.

En un mundo descreído, materialista, el gran Milagro del Nacimiento del hijo de Dios para convertirse en hombre y morir por todos nosotros en la Cruz,  sigue en muchos casos sin entenderse y lo que es peor en que algunos de forma muy malévola  dañina, (estos últimos años auspiciados y alentados en gran medida desde el gobierno socialista comunista que padecemos, enemigo a muerte de fecha tan señalada)  se empeñan en querer cambiarle el sentido  a  la Navidad, llamándole incluso de forma burda “fiestas del solsticio de Invierno”. Pero  sin Jesús no habría Navidad y sin Navidad no habría Cruz ni Resurrección, ni Redención, ni Iglesia ni Esperanza.

Para todos los lectores de El Correo de España

¡ Feliz Navidad! ¡Viva España Católica!