Hace unos días le comentaba a D. Alvaro Romero, el Editor de este medio y la primera persona que "conocí" del Correo, que habían transcurrido 100 días desde que envié mi primera Carta al Director. Recuerdo que me embargaron intensas emociones cuando la vi publicada aquel 17 de julio.  Estoy convenvido que la mayor parte de nuestros lectores conoce que la expresión de los 100 días se debe al espacio temporal entre la fuga de Napoleón de la isla de Elba hasta la batalla de Waterloo. Pues como todo en la vida, lo que empieza también tiene un final y, para mi, ha llegado, con un ligero desfase temporal todo sea dicho, mi Waterloo particular con el Correo.
 
A cierta edad es conveniente tener ligero el equipaje, y la despedida preparada, para poder afrontar con solvencia, y respeto hacia las personas con las que se ha tenido relación, las decisiones que se consideren adecuadas en cada momento. Como nunca se conocen las venturas, y desventuras, de la vida desconozco si este sea un adiós definitivo, pero de lo que estoy seguro es que cierro un ciclo en mi colaboración con El Correo. 
 
Han sido cuatro meses de gran intensidad para mi. Para un juntaletras como yo de vocación otoñal compartir, mis aproximadamente 75 Cartas y 6 controversias, con Autores de tantísimo nivel ha sido un privilegio. Es una experiencia que guardaré con sincero orgullo entre mis recuerdos. He escrito Cartas con diversas temáticas, aunque han predominado las de tema político, pero todas ellas han sido muy sentidas (francamente, a mi me han gustado desde la primera hasta esta última ☺). 
 
Quiero expresar mi gratitud hacia D. Alvaro cuyas deferencias tendré muy presentes, a D. Javier Navascues mañico como yo y Subdirector del Correo, por su atención al principio de mi relación con El Correo, y, principalmente, a mis apreciados Autores "malditos" del Correo, César Bakken y Luys Coleto. Ha sido un privilegio conocerles porque me han brindado su respeto y cordialidad desde el primer instante, aportandome mucho más de lo que les haya podido llegar a ofrecer y, sobre todo, mostrándome realidades lúcidas e interesantes. Aunque sean personas muy diferentes a mi modo de ser y vivir (también de escribir todo sea dicho), sus textos han "desempolvado" muchas de las telarañas de mi mente. 
 
Por el respeto y el aprecio que le tengo a Luys mantendré mi aportación a la controversia dominical, seguramente la mejor sección del Correo de España (y no soy el único que lo piensa), mientras galope por nuestras venas el ánimo que nos llevó a crearla. Y aunque desvele un secreto tengo que informarles que desechen, quienes las hayan leído, cualquier idea de hostilidad, o animadversión, entre él y yo, porque la realidad es que, pese a nuestros diferentes, y en muchos casos contrapuestos, posicionamientos, Luys ha sido conmigo la amabilidad personificada. 
 
Y, finalmente, agradecer muy sinceramente a los lectores de mis Cartas por su cortesía en realizar dicho gesto. Tengo que destacar a D. Alberto Pons quien tuvo la amabilidad de dirigirse, a mi, por correo electrónico el pasado 2 de octubre y a D. Antonio García Gómez, D. José Ignacio Herrera Badia y "jedoju" (intuyo que será un alias o un acronimo silabico de su nombre), por sus comentarios a mis Cartas, y a cualesquiera otros que por desconocimiento personal no los esté citando. 
 
Y, entre todos los lectores, y muy especialmente, a los más fieles de todos ellos, mi Familia, ya que tanto mi Esposa como nuestros Hijos han sido mi aliento vital, y emocional, durante esta bonita, y enriquecedora, experiencia de ser Autor del Correo de España. 
 
P.D.: como cantó el gran José Antonio Labordeta en aquel último y amable evento, entre periodistas y políticos, al que acudió:
 
De los que se van del corro,
y allá va la despedida, 
aquí se quedan los guapos, 
y nos marchamos los buenos,
y nos marchamos los buenos, 
y allá va la despedida.