El 23 Congreso Católicos y Vida Pública, que anualmente organiza la Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo CEU, ha concluido con una llamada a “ejercer la fascinante defensa de la Verdad, de la Bondad y de la Belleza”. Un encuentro en el que se ha abordado la ‘Corrección política: libertades en peligro’, cuyo documento final hace hincapié en “los perjuicios, especialmente sangrantes en materia de defensa de la vida -aborto y eutanasia- y de defensa de la familia, que han de ser consideradas cuestiones prioritarias”.

Un Congreso en el que se ha hecho defensa del humanismo cristiano, que “está en la raíz de la tradición occidental y que parte de una correcta visión antropológica del individuo y de la sociedad”; y en el que se ha aportado una visión de la sociedad y de la política “abierta a la trascendencia y que tiene como referente último a Dios”. En este sentido, como también refleja el manifiesto de este encuentro, para evitar la abolición de lo humano, así como su dignidad, su libertad y su desarrollo moral, se debe “combatir la abolición de Dios que viene promulgando el secularismo y que está en la raíz de la corrección política”.

Entrevistamos brevemente al director del Congreso Católicos y Vida Pública, Rafael Sánchez Saus, que hace un breve balance de la edición del 2021.

¿Cómo valora el Congreso de este año?

Ha sido, con diferencia, el mejor Congreso en cuanto a números (inscritos, participación, medios…). Ahora es necesario que lo sea en frutos. En ese sentido, el Congreso empieza ahora, pero la siembra ha sido muy buena.

Una vez más la participación ha sido alta y los ponentes de primer nivel.

 La participación ha sido, como he de dicho, extraordinaria en cantidad y calidad, no hay mas que ver el nivel de los distintos talleres. En cuanto a los ponentes, han estado incluso por encima de mis expectativas, que eran altas, puesto que los conocía.

 Y este año ha podido felizmente ser presencial.

 No plenamente porque aún hemos tenido una restricción de aforo. La participación on line ha sido muy superior a la presencial, pero ha sido una gran alegría ver de nuevo el Congreso habitado y vivido por los congresistas. A ellos también se les notaba muy contentos…

¿Qué ha supuesto la participación del presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, José Horacio Gómez Velasco, junto al arzobispo de Burgos, Mario Iceta?

 Ambos estuvieron a una gran altura, como puede verse en el vídeo que está colgado en la página del Congreso, pero hay que reconocer que el potente discurso de monseñor Gómez, recogido por los principales medios católicos norteamericanos, ha supuesto un hito en la internacionalización del Congreso. Su valiente denuncia de la cultura woke, que en Estados Unidos hace estragos, ha sido un verdadero revulsivo y una muestra de auténtica parresía.

¿De donde debemos sacar valor los católicos para vencer la tentación de doblegarnos ante la corrección política dominante?

La corrección política no es la más grave de las modas ideológicas a las que hemos tenido que hacer frente los católicos. La respuesta es siempre la misma en el fondo: fidelidad a Cristo y al evangelio. Además, en este caso, del sano orgullo de sentirnos libres de la estupidez colectiva que parece haberse adueñado de amplios sectores de este mundo.

Igualmente Cristo nos dice que la Verdad nos hará libres, aunque realmente la defensa de la Verdad nos complique la vida muchas veces...

¿Y qué es la vida si no nos la complicamos un poco o bastante? Es curiosa la reluctancia de muchos a asumir sacrificios por lo que saben un bien, y el entusiasmo de otros para lanzarse a las olas en defensa de lo que carece del menor valor. Ciertamente, la Verdad nos hará libres, pero, además, como añadiera san Pablo, patrón de la Asociación Católica de Propagandistas, “Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”.

¿A qué conclusiones se ha llegado en el Congreso al respecto?

Las conclusiones son muchas y enjundiosas. Las hemos resumido en 25 en el manifiesto con el que hemos clausurado el Congreso. Me quedo con la primera y con la última: “Es fundamental defender las libertades en juego: la libertad religiosa y de conciencia, la de expresión, la libertad de cátedra y de enseñanza”. Además, “vamos a ejercer la fascinante defensa de la Verdad, de la Bondad y de la Belleza”.