Adiós Iñaki Gabilondo y a su sectarismo recalcitrante que tan buenos dividendos le brindó simulando trigo limpio. La cizaña se aparta para quemarse en la soledad de una reflexión definitiva, silente. La vida es efímera y el resumen de lo moral temerario. 
 
Iñaki Gabilondo se jubila del Periodismo con un balance vergonzoso, jaleado por los de la misma condición que toman el relevo como canes asomados a la mesa del amo, a la espera de las migas que este afecto a la mentira no consumirá más; ahora enfrentado a las horas de descuento en las que tendrá que rendir cuentas de su vida alquilada, al servicio de la falacia y la hipocresía que fueron sus verdaderos instrumentos de enajenación para desvirtuar las informaciones. 
 

De todo el sectarismo periodístico que se incrementó durante el mandato radical de Zapatero, Iñaki Gabilondo fue para muchos exponencial precursor de la farsa informativa, provisto de una doblez moral que le posicionó profesionalmente cuando muchos traspasaron los límites de la ética, impulsados por los beneficios personales que rinde el estar arrimado a la servidumbre política. Tahúr con ases en la manga, jugó con las cartas marcadas del favoritismo más oscurantista. Aventajado proporcionalmente a la falta de escrúpulos para mentir ante grandes audiencias que fueron mermando por la falta de credibilidad cuando fue pillado en numerosos renuncios, evidenciando las malévolas intenciones que escondían sus peroratas a favor del mejor pagador de un verbo mercenario. A sueldo de la radicalidad hasta el ridículo personal, mendaz durante la tragedia del 11-M, gratificado por la confianza del miserable que se aupó a la poltrona monclovita con una matanza manipulada que dejó expedito el camino del PSOE que arruina España cada vez que la desgobierna. Dice en su despedida que se ha aburrido de sí mismo cuando en verdad hastiaba, con esa impostada dignidad de la que carece, a los pocos que todavía se esforzaban por tragarse sus araneras argumentaciones, escoradas de modo imperturbable hacia el radicalismo del que se alimentó contumazmente con el salario de la traición. 

 
Descanse en paz si puede el ínclito e inveraz Gabilondo, jubilado de avanzada edad con la muerte a la vuelta de la esquina, el cómplice proveedor de tensiones: las que se necesitaban antes del asesinato de Isaías Carrasco para que el miserable bolivariano ganara rastreramente, y con baño de sangre de nuevo, las  elecciones. Descanse si es que puede a solas con la conciencia, a no ser que de redomado embustero de masas acabe mintiéndose a sí mismo, incapaz de examinarse en conciencia, enfilado hacia la recogida de las malas siembras en las que abundó una existencia falseada. Sin tensión se retira, a diferencia de la que fue cómplice permanente para facilitar el juego sucio que perjudicó a tantos inocentes. Dios le perdone y no se revuelva en la pronta tumba. Todavía tiene tiempo de pedir el perdón que sobre la tierra tantos le niegan. Feliz retiro.