(Lean la primera parte y sabrán a qué me refiero…)

Mis preguntas iban a encontrar pronta respuesta, pues no en vano debía cumplir una misión muy trascendente para la humanidad, y esto no era posible sin un conocimiento completo de la materia sobre la que versaba tal cometido. Me respondió el propio diablo, con el que me encontré en un instante tras pasar por el inevitable torbellino abductor.

-“Has visto a qué nivel de estulticia he conseguido llevar a la raza humana.  Como verás, no solo me dedico a pervertir a la gente fomentando el Día del Orgullo Gay. Mi trabajo es también muy sutil. Trabajo ayudado por un ejército de seres infernales que controlan todo lo que ocurre en el mundo gracias a que la mayor parte de los hombres no cree en nuestra existencia”.

En este momento le interrumpí, queriendo ser gracioso:

-“Y de las mujeres ¿qué?...”

Pero él, que además de perverso es muy cuco, me contestó irritado:

-“¡Aquí y en el Cielo se utiliza el masculino genérico!...¡El lenguaje inclusivo es otra de las estupideces que he metido en la cabeza a los políticos de izquierdas para que abominen de todas las leyes divinas, desde la primera hasta la última!”

No quise provocarlo más y permanecí en silencio escuchando todo lo que me tenía que decir, que era mucho y muy sorprendente. Verán si no:

-“Te contaré cómo empezó todo. Yo estaba tan tranquilo sentado en mi despacho comiéndome unas rosquillas de aceite cuando llamó a la puerta un Arcángel con órdenes de la Superioridad. Me mostró una carta, que leí de un tirón quedándome atónito, perplejo, lívido y circunspecto. Apenas entendí lo que me quería decir, a pesar de que soy más inteligente que la leche frita; así que el Arcángel me lo tuvo que explicar con detalle. El caso es que Dios tenía unos planes muy especiales para el mundo. Quería poner a prueba la estupidez humana y debía para ello valerse de mi astucia, por lo que también me estaba poniendo a prueba a mí. Yo siempre estaba ocupado en mi labor general de corromper a la humanidad incitándola a la práctica de toda clase de vicios;  para mí eso era normal… Pero lo que ahora se me pedía era algo inaudito. Tenía que conseguir que la humanidad se trastornase tanto que en vez de sucumbir ante la belleza por su propia naturaleza, como había hecho siempre, se postrara de rodillas adorando un nuevo becerro de oro hecho únicamente de fealdad, inmundicia y podredumbre. Si yo lo conseguía, crearía una Nueva Era para la humanidad y vería aumentado notablemente mi poder en el infierno. Pero me ponía una dificultad añadida: para lograr todo esto debía valerme de la Poesía. ¡Échale narices!... Esto sí que era un embolado. ¿Cómo podía yo destruir con la Poesía la belleza del mundo? ¡Y mira que yo soy listo!. Pero esto excedía de todas mis capacidades. La Poesía es la creación más sublime de la mente humana. Es el lenguaje de su propia alma. Es la belleza en sí misma y para mí supera a las demás artes. ¿Qué haría yo para no fracasar?..

 

         Y ocurrió que un día, a principios del Siglo XX, estaba sumido en mis cavilaciones cuando me hablaron de un chico que pintaba como los dioses. Bueno: ¡qué tontería he dicho, si sólo hay uno!... El caso es que me acerqué a ver lo que pintaba y, mientras lo contemplaba extasiado, la luz se encendió  en mi cerebro. ¡Lo comprendí todo!... La Poesía que yo debía utilizar para conseguir mi objetivo no era un arma propiamente destructiva: era simplemente el medio que yo debía utilizar para comunicarme con ese chico pintor cuando estuviera dormido y darle un mensaje muy preciso. Porque la verdadera Poesía, la que está sujeta a métrica y rima y además es ingeniosa, tiene un poderoso efecto hipnótico sobre la mente humana.  Y esa noche, mientras él dormía plácidamente, yo le dije en cuaderna vía:

 

-“Te apellidas Picasso, pero tu nombre es Pablo.

Yo no tengo apellidos porque soy el Diablo.

Tu talento es tan grande que por eso te hablo

pues yo solo con genios relaciones entablo.

 

He venido a buscarte para hacerte un encargo.

Si cumples mis deseos y no pasas de largo

te prometo la fama, de tesoros te cargo,

te concedo mujeres y la vida te alargo.

 

Te contaré una historia que resulta chocante.

Si conoces tú otra algo más impactante

me la cuentas si quieres: me tendrás expectante

que yo soy todo oídos y tengo buen talante.

 

Yo estaba en el infierno comiéndome una tarta

cuando llega un Arcángel, del bocado me aparta

y me dice solemne: “Lee bien esta carta,

que este asunto es tan grave que seguro te infarta”.

 

Y esta carta llevaba la siguiente escritura:

“Como yo soy tu Dios, te ordeno, criatura,

que intentes hacer esto, con tiento y con mesura:

Lograr que el ser humano adore la basura.

 

Que eso puedes hacerlo te lo digo de fijo

pues yo veo el futuro, para mi regocijo.

Cumplirás tu objetivo, tal como yo lo exijo,

cuando dentro de un tiempo se cumpla este acertijo:

 

“Las Naciones Unidas se miran en un techo.

Cuando allí te encarames tu éxito está hecho.

El signo de la bestia, que es el culto al desecho

saldrá de una manguera, hacia el techo derecho”.

 

Al leer esta carta me llevé un sobresalto:

-“Quien esto me plantea está de razón falto.

¿Para qué quiere eso el Dios que está en lo alto?.

¿Cómo hacer que la Historia pegue tan grande salto?”

 

-¿Cómo puedo hacer algo que no tiene sentido?...

El hombre adora el lujo, le gusta ir bien vestido,

comer ricos manjares, estar bien instruido

y ser por dama hermosa de amor correspondido.

 

Todo ser que ha nacido con seso en la cabeza

rechaza lo que es feo y adora la belleza,

pues esto es consecuencia de su naturaleza.

Los artistas trabajan en ello con presteza.

 

Pero un día me dije: “Deja ya de quejarte.

Para lograr tu meta no has de preocuparte:

Dentro de un gran artista deberás infiltrarte,

dominando su mente e influyendo en su arte.

 

Los humanos se dejan seducir fácilmente

por aquellos más listos que les comen la mente,               

pues dice el refranero, que es tan clarividente,

que adonde va Vicente, allí acude la gente.

 

Por eso tú, Picasso, gran pintor malagueño,

ya que he sido contigo tan cortés y halagüeño

permite que esta noche intervenga en tu sueño

y obedece esta orden con coraje y empeño:

 

Te irás a Barcelona a pintar a unas putas,

que ese es el trabajo con el que más disfrutas,

y si te lo permiten, si las ves resolutas,

sus formas agraciadas en feas las transmutas.

 

Lo que yo te propongo te asombrará a ti mismo:

Renovarás el arte inventando el cubismo.

Y luego, poco a poco, a base de cinismo,

llevaremos el arte al fondo del abismo.

 

Los artistas en masa te tendrán por ejemplo

e irán entrando a saco en el sagrado templo

donde se adora el arte que yo tanto contemplo.

Verás cómo sus mentes las tuerzo y las destemplo.

 

Cada vez será el arte más fácil y rastrero

y se moverán por ello montañas de dinero.

Un museo moderno será un gran basurero.

En resumen te digo que eso es lo que yo quiero”.

 

Y, terminado el diablo de recitar su poema, prosiguió:

 

-Esto es todo lo que le susurré al oído a este jovencito mientras dormía. Y los resultados son bien conocidos. El arte se ha ido degenerando hasta extremos inconcebibles y el hombre, insensato a más no poder, paga hoy cantidades astronómicas a cambio de basura. No hay más que ver los museos de arte moderno y la exposiciones que se hacen hoy día como la feria ARCO de Madrid, a la que tendrás que acudir inexorablemente.

 

         Yo estaba que no me podía sostener sobre mis piernas. Pero seguía sin comprender por qué el despacho del diablo con su extraña cúpula  tenía esa decoración tan rara… Y de pronto caí. Me lo había dicho él mismo en su poema sobre Picasso:  ¡Era una réplica del techo del edificio de las Naciones Unidas de Nueva York, decorado por Barceló en 2008!...¡El diablo se había apoderado del lugar desde  el que se gobierna simbólicamente el mundo!. Y viendo Satanás la cara de estupor que se me había puesto al entender plenamente su estrategia, continuó su discurso, retomando la ondulancia como forma poética:

-“Estoy en este despacho

bajo este insólito techo,

por lo que antes te he dicho,

desde el año dos mil ocho,

ya que en astucia soy ducho:

superé el reto por mucho.

Yo miento más que Pinocho

y soy peor que un mal bicho,

pues del hombre me aprovecho

por ser necio y mamarracho.

Me da igual si es un muchacho

o un hombre de pelo en pecho:

lo someto a mi capricho

como me como un bizcocho.

Ventajista cuando lucho,

mi derrota nunca escucho,

y es saber lo que derrocho

sin por ello ser redicho.

Me siento muy satisfecho

y lo digo sin empacho”.

 

         Confieso que en ese momento me sentí más horrorizado que nunca y quise escapar corriendo de su presencia, pero una fuerza invisible parecía retenerme porque él aún tenía algo que decirme: algo tan escalofriante que he pensado seriamente callármelo para no herir la sensibilidad de mis lectores. Pero incumpliría mi misión de un modo grosero y lo pagaría a un precio muy alto;  así que aquí tienen lo que Satanás me recitó como colofón de esta alucinante historia:  

 

-“Como ya se está acabando

el tiempo que estáis viviendo

me divierto de lo lindo

mutando un virus redondo,

minúsculo y tremebundo

que he esparcido por el mundo.

Que soy malo no lo escondo,

y nunca jamás me rindo.

Así que el que esté previendo

lo que yo estoy preparando

que se vaya confesando

pues se os viene un fin horrendo

por el que yo bebo y brindo

en este lugar hediondo

al que llamáis inframundo,

en tormentos tan fecundo.

Y ahora escapa de este fondo

o en el mismo te avecindo,

y ponte a escribir corriendo

cuanto has ido contemplando”.

 

         Y según terminó estas palabras echó mano a otra  rosquilla de aceite, se la tragó y, haciendo un chasquido con los dedos,  volví a ser absorbido, conducido  y volteado a mil revoluciones por segundo por de un violento torbellino que me devolvió a este jorobado, ingrato y estúpido mundo gobernado por la izquierda.

 

Ya me encontraba otra vez sobre mi cama después de tan largo y fecundo viaje. ¿Fue una alucinación? ¿Fue una pesadilla?... Nones.

 

         Esta vida material, amigos, es una falsa ilusión. La verdadera, plena y mayúscula  vida  empieza, para ser franco,  cuando llega para nosotros la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio. En ese momento,  cada ser humano que haya renunciado a las pompas y a las obras de Satanás recibirá su premio, y el que se haya rendido ante ellas su castigo. Por cierto: yo a Satanás nunca le vi hacer pompas; pero sí he visto sus obras, expuestas en un sótano del infierno; y son tan malas como las que cuelgan de nuestros modernos museos, ya que sirven de inspiración a nuestros artistas actuales. Por ello, haciendo firme profesión de mi fe, renuncio ahora mismo y para siempre a todas las obras de Satanás, y hago votos para que ustedes hagan lo mismo y, en consecuencia, no vuelvan más a esos antros de perdición de almas que son los museos de arte contemporáneo.