Las autoridades sanitarias de Estocolmo se han negado en las últimas horas a seguir la estela del resto de naciones europeas imponiendo más medidas restrictivas, argumentando que aquellos acosados ​​por la soledad y la miseria de estar aislados "ya han padecido demasiado".

Peor el remedio que la presunta enfermedad

En ese sentido, el gobierno sueco se ha mantenido firme al negarse a encerrar a su población, valorando la incalculable miseria económica y los letales impactos en la cacareada salud provocados por las medidas liberticidas.

"Los ancianos suecos han sufrido bastante", comentaba recientemente Fraser Nelson, editor de la revista británica The Spectator. “Han pasado meses recibiendo consejos para evitar el transporte público, los centros comerciales y otras partes de la vida cotidiana. ¿Y el resultado? Soledad. Miseria. Esto muy desagradable: rápidamente se traduce en depresión, problemas de salud mental y mortalidad".

"No podemos pensar solo en el control de infecciones", aseveraba, mientras, Lena Hallengren, ministra de salud de Suecia, "también debemos pensar en la salud pública. Una distinción importante: centrarse en covid excluyendo otras condiciones pone en riesgo vidas".

Todos como regaderas

Un informe de 21 páginas de la ministra Hallengren también reveló un importante "deterioro de la salud mental" que "probablemente empeoraría cuanto más tiempo permanezcan en vigor las recomendaciones", lo que llevó a levantar las draconianas normas que se aplicaban a los mayores de setenta años.

Después de decidir adoptar un enfoque de "inmunidad colectiva" al inicio de la falsa pandemia, Suecia fue condenada rotunda e internacionalmente por no seguir los feroces bloqueos impuestos por todos los demás países europeos.

Despegue de la economía sueca

Eso sí, a diferencia del resto del continente, la economía del país escandinavo también se encuentra en una posición mucho más óptima para intentar recuperar los parámetros anteriores a la falsa pandemia.

En fin.