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AYER

          ...Pero el problema de España, mi querido Horacio, aunque te parezca mentira,  no es un problema económico. Ni social. Ni laboral. Ni mucho menos político... El problema de España es, ¡sí!, un problema poético... ¡poético!  Porque, desgraciadamente, España ha dejado de creer en los poetas..., y eso se lo puede permitir la Europa de los mercachifles o la América del chicle y la cocacola..., pero ¡España, no! Cuando los españoles dan de lado a la poesía y quieren ser matemáticos acaban, siempre, tirándose los trastos a la cabeza...

         Mira, Horacio, yo te aseguro que lo que España está necesitando es un poeta. Un poeta que les lance otra vez a la aventura de descubrir y conquistar el "nuevo mundo". Un poeta que les arrastre a luchar contra los molinos de viento y les convenza de que Dios también puede estar entre los pucheros. Un poeta que les conduzca a Fuenteovejuna o les haga creer que la vida es sueño..., y que los sueños sueños son. Un poeta que les haga gritar a los cuatro vientos que "el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios". En fin, un poeta que les ilusione y les haga creer que eso de ser españoles es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo o que España es una unidad de destino en lo universal...

            Sí, no te rías, mi pobre Horacio, no te rías de un pueblo que por encima de todo ama la locura y la razón de la de la sinrazón. No te rías de un español loco... ¡porque te estarías riendo de Hernán Cortés y Pizarro!... ¡Y de Daoíz y Velarde; y de Gonzalo Fernández de Córdoba ; y Santiago Ramón y Cajal; y de Magallanes y Elcano; y del cura Merino y el Empecinado!... ¡Ay, y  de España entera! Porque España, sí, España, es tierra de locos. Es decir, de poetas. Es decir, de dioses..., de ¡hombres! Porque sólo un "hombre"  es capaz de rebelarse contra sí mismo y contra la fuerza de la razón. ¡Y quién no es capaz de rebelarse, aunque sólo sea una sola vez en su vida, es porque tiene dormida el alma!... Y ¿de qué te servirá ganar el mundo si pierdes tu alma?

        "De ti, y no de los otros, has de tener que dar cuenta..."

       ¡No mi viejo amigo Horacio, no pidas cordura para el pueblo español! No pidas que razone y haga cuentas. No le exijas que mire a su alrededor y copie; no le aconsejes que imite a  los de fuera ... ¡porque eso es pedirle que se suicide! Adviértele, recomiéndale, exígele... ¡que se mire a sí mismo, que mire hacia dentro, que se abandone en su propia historia, que se bañe en las aguas del propio ser español!... Porque así, sólo así, puede encontrar solución a sus problemas de fuera. "Hoy como ayer, mañana como hoy, y ¡siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno, y ¡andar..., andar!". "Yo solo con mi amor desconocido, sin corazón, sin llantos, hacia el techo imposible de los cielos con un gran sol por báculo..."

         Por eso te digo, mi fiel Horacio, que el problema de España en esta hora crucial no es un problema económico, ni social, ni laboral, ni político... ¡Es un problema de fe, de amor, de esperanza, de locura...! Así que no llames a las puertas de Europa ni pidas socorro en la ONU..., porque España lo que, otra vez, es hundirse en sí misma. Recorrer, otra vez, los campos de Castilla y pisar la tierra que pisaron Isabel y Fernando. Seguir los pasos del Cid y llorar en  Granada la muerte de Ignacio con Federico. "¡Que no quiero verla!... que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena."

          ¡Levántate, pueblo español!

          ¡Levántate y anda!

         ¡Levántate... y canta!

         Pero, ¡Señor!, Rey, Padre, soberano de Dinamarca..., ¿por qué todo esto?, ¿a qué obedecen tus palabras?..., ¿También tú te has vuelto loco? ¿También tú crees en los milagros? ¿También tú has leído libros de caballería?... 

        ... Infiel, incrédulo, hombre de poca fe... Pero ¿no ves? ¿No ves aquella muchedumbre que se acerca cantando y en pos de una bandera? ¿No oyes sus cantos?... ¡Ven!, acerquémonos... ¿Qué ocurre? ¿Adónde vais?...

         -- ¿Qué a dónde vamos?

        --¡Pues, a defender a España!

       (Era una mañana de primavera y el sol apuntaba en el horizonte..., cuando un puñado de españoles se echaron al camino y comenzaron a cantar.)

HOY

         Pues, resulta que hoy Hamlet está totalmente de acuerdo con el Hamlet de hace 40 años... Bueno, sólo le cambiaría una palabra... donde él decía un puñado de españoles yo digo "un puñado de soldados". Como Spengler. Porque con palabras o con votos  ya no se arregla esto.