Capítulo segundo. Es probable que San Pablo de Tarso trajese la luz del evangelio a España:  

Como decía al principio, además de la de Santiago el Mayor, hay diversas teorías de por dónde y cómo entró el cristianismo en Hispania, de hecho, hay tantas tesis como fronteras y como apóstoles y discípulos. Unos sostienen que llegó por el Sur, otros dicen que vino por el Noroeste, otros del Éste. Se puede afirmar que no hay un cierto consenso de cómo, ni por dónde, pero sí hay un tesis mayoritaria sobre la figura clave y esa fue la de San Pablo de Tarso.

Pablo, formado como fariseo en Jerusalén, fue uno de los grandes intelectuales judíos del momento, que conocía el Antiguo Testamento a la perfección, que sabía del ansia de salvación del pueblo y que tenía claro que si hablaba de un mesías universal y redentor, sería escuchado y seguido. De ahí que emprendiera viajes con el objetivo de fundar comunidades. Durante ellos, predicaba y buscaba incondicionales que seguirían su fe. Destacó por su aspiración de difundir la palabra de Dios, de evangelizar a cuantas más personas mejor, puesto que él pensaba que el fin del mundo llegaría de inmediato y que por tanto debía incorporarlos al verdadero Israel para que cuando llegara el fin del mundo Israel se salvara. 

            A diferencia de Santiago, Pablo sí que es muy probable que llegase a España en torno al año 63. La idea de Pablo de alcanzar Hispania aparece en su propia Carta a los Romanos, en el Capítulo 15, en los versículos 24 y 28, en la que habla de cómo quiere llegar a Roma en un momento determinado y cómo, a continuación, él pretende traer la luz del el Evangelio. Esa opción queda cortocircuitada porque por desventura, en uno de sus viajes a Jerusalén, es detenido. Allí, en Cesarea, en Tierra Santa, estuvo uno dos años recluido, para luego trasladarlo a Roma, ya que al ser ciudadano romano tuvo la facultad de apelar al emperador en Roma. Estuvo dos años como «preso preventivo», a la espera de juicio, aunque finalmente no lo juzgaron al no presentarse acusación definitiva contra él. Lo pusieron en libertad sobre el año 63 y, en ese momento, parece ser que Pablo se dirigió a Hispania desde Roma.

            Tal y como nos cuenta el historiador César Vidal, hay varios testimonios y además muy antiguos que dan buena cuenta de ello:

  • El primer testimonio es de Clemente (el tercer sucesor de Pedro), en su carta a los Corintios, escrita en torno al año 98 D.C., o sea tres décadas después de la estancia de Pablo en España. El Papa Clemente hace una referencia sobre el hecho de que Pablo había llegado al extremo de occidente, que en aquel entonces era Gades (Cádiz, no Galicia), lo que da a entender que a finales del S.I circulaban informaciones entre los cristianos primitivos de que Pablo hubo llegado a Hispania.
  • El segundo testimonio de la llegada de Pablo a Hispania lo encontramos en el Canon de Muratori, que es un documento del S. II.
  • El tercer testimonio aparece en los hechos de Pedro que es un libro apócrifo (que no se introdujo en la Biblia) de finales del S. II, inicio del III. Es ahí donde se menciona el viaje de Pablo a Hispania en tres ocasiones, incluso en la tercera de ellas, dice que Pablo no se encontraba en Roma porque estaba en Hispania. 

La idea de que Pablo llegó al final del mundo conocido resulta casi indiscutible a finales del S. I, así como en el II y en el III. Es a partir del S. IV cuando las referencias a Pablo en Hispania aparecen en la Patrística. Por ejemplo, San Gerónimo, el traductor de la vulgata, quien tradujo el Antiguo Testamento del hebreo al latín y el Nuevo Testamento del griego al latín, menciona que Pablo realizó el viaje por Mar desde Roma hasta Hispania, ya que era más rápido. Había, además, barcos que unían Cádiz con el puerto de Nápoles y con el puerto romano de Ostia. Incluso sabemos que para ir desde el puerto romano de Ostia hasta Cádiz, era un viaje que duraba unos siete días; sin embargo, también pudo navegar hasta la provincia tarraconensis o la provincia cartaginensis cuyos viajes duraban unos cuatro y cinco días respectivamente. La idea de que fuese directamente a Tarraco es la más probable, ya que la única sinagoga judía que tenemos constancia de su existencia en España en el S. I es la de Tarragona, si bien, a día de hoy, no hay ni un solo vestigio que de buena cuenta de ello.

Hay otros autores que defienden la tesis de que Pablo pudo venir a través de los Pirineos por la vía Augusta, tal y como puede deducirse de La Tabula Peutingeriana romana (el primer mapa de carreteras del que se tiene constancia), que pasaba por Marsella. Es muy poco probable y bastante discutible, pero de ser así Pablo habría pasado por Ampurias, Gerona, Barcelona, hasta llegar a Tarraco.

En conclusión, podemos pensar que Pablo viniese a Hispania y se pudiera en contacto con la comunidad judía, afincada en la Tarraconense y que es algo menos probable que luego viajase hacia el sur, a la Bética y que ya nunca volviese más a Hispania, puesto que cuando estalla en incendio de Roma, el 18 de julio del 64, el emperador decide que va a ir en contra los cristianos, Pablo fue uno de los perseguidos. Capturado, fue condenado a muerte de espada y, finalmente, fue decapitado.