No busques fama ni éxitos mundanos,

no persigas honores terrenales

carentes de refrendos celestiales.

Son de la vanidad sus frutos vanos.

 

En gozos y deleites que tiranos

se vuelven de tu cuerpo no naufragues.

Preserva a tu alma de los males

que acarrean los hábitos insanos.

 

No quieras que tus buenas cualidades

las premien o celebren los paganos

que del bien verdadero nada saben.

 

De Dios Nuestro Señor ponte en sus manos.

Recuerda que tú vales lo que vales

a sus ojos, no a los de los humanos.