Guillermo Mas Arellano. Nacido el 3 de noviembre de 1998 en Madrid, es estudiante de Literatura General y Comparada en la UCM y, además, colabora en diversos medios digitales y audiovisuales de la disidencia. Con formación en oratoria y experiencia como crítico cinematográfico, defiende el incomparable legado de la Hispanidad dentro de Occidente y el saber perenne de la filosofía tradicional a través de la literatura como bastión de defensa contra el mundo moderno. Sus enemigos son los mismos enemigos de España, así como todos aquellos que pretenden cambiar el curso de la historia y el carácter de los pueblos con medidas de ingeniería social. En definitiva, es un reaccionario. A partir de ahora va a colaborar en El Correo de España. Valora lo que supone para él formar parte de este medio.

A pesar de su juventud, ya ha estado en la subdirección de importantes digitales...¿Está orgulloso de ello?

La oportunidad que me dio Enrique de Diego de ser subdirector en Rambla Libre me abrió de lleno a un mundo en el que llevaba muchos años interesado, como es la primera línea del periodismo, pero en el que no me había atrevido a entrar. Evidentemente, uno lo que quiere es llegar lo más lejos posible y la incorporación a El Correo de España supone un impulso enorme para el que, sin embargo, me siento preparado.

De lo que estoy más orgulloso es de los lectores que se han puesto en contacto conmigo para agradecerme una frase, un dato, una reflexión que les ha hecho bien. Por eso merece la pena esta labor: por ese intercambio humano.

¿Qué supone para usted colaborar en un medio como El Correo de España y como valora su labor?

Para mí es un orgullo y un privilegio poder escribir en un medio digital del que, ante todo, soy fiel lector. Algunos de los más grandes momentos en la historia contemporánea de la literatura española han sido registrados en prensa, no en formato de libro. Nombres como el de Azorín, Ruano, Pla, Agustín de Foxá o Pemán han llevado la literatura al periódico.

En El Correo de España se encuentran verdaderos maestros a los que llevo siguiendo desde hace muchos años. Por citar algunos nombres: el gran locutor y escritor Javier García Isac, con el que he tenido el privilegio de compartir espacio en Radio Ya; Eduardo García Serrano, una de las plumas más afiladas de nuestro periodismo y al que la gran literatura le viene en la sangre por parte de su padre, Rafael, uno de los mayores prosistas del idioma en el siglo XX; Pío Moa, un historiador e intelectual de rigor casi inigualable en nuestros días y que ha radiografiado el nacionalismo y el socialismo con una lucidez extrema (y además es un buen novelista); Julio Merino, un periodista de larga trayectoria que se encuadra en la estirpe galdosiana de cronistas de los grandes acontecimientos históricos de la España de su tiempo; o Javier Navascués, un gran entrevistador además de uno de los pocos periodistas con valores que quedan en España y que transmiten a sus lectores la curiosidad constante por aprender a través de las buenas preguntas.

Me dejo muchos nombres fuera, espero que no me lo tengan en cuenta (risas), pero en resumen diría que se trata de un equipo sólido en el que hay que saber estar a la altura. Y creo que España no podría tener mejores defensores para estos momentos de zozobra.

Para alguien joven es bueno fijarse en auténticos referentes...¿Cuáles son los suyos?

A nivel personal citaría a un profesor (Ángel García Galiano), un referente (Francisco Arellano) y un maestro (Ignacio Gómez de Liaño). El primero ha cambiado mi forma de entender la literatura gracias a sus clases; el segundo me ha enseñado que la literatura es una forma de vida desde que te levantas hasta que te acuestas; el tercero es el pensador más importante vivo y me ha enseñado que para ser un gran escritor hay que ser una gran persona y un estudioso incansable.

En cuanto a referentes más lejanos, citaría la coherencia vital de Thoreau, la cosmovisión de Dostoievski, la transparencia de Baroja y la forma de vivir retirada de Gómez Dávila. Para mi el mayor artista que ha existido fue Bach, que vivió con humildad toda su vida. Y, por supuesto, mi gran referente es Jesús de Nazaret, la persona más misteriosa, ejemplar y próxima que ha existido. Todos deberíamos tratar de vivir como Él en la medida de lo posible.

Está a punto de acabar literatura, y es un hombre muy amante de la lectura...

Todo lo que no sea leer me parece un entretiempo hasta volver a ponerme a leer. Incluso escribir, con lo que me gusta. La literatura no es una pérdida de tiempo, como muchos creen, es una escuela de vida. La mejor. San Agustín inventó el género del autoexamen con su libro Las Confesiones, y creo, con todo mi respeto, que las demás formas de conocimiento, incluidos el método científico o el empírico, no pueden superar a la literatura porque, a diferencia de ella, no ofrecen el conocimiento del yo en toda su complejidad.

Algo inusual pues en España se lee poco...

Cierto, en España se escribe mucho y se lee poco (risas). Entre la gente de mi edad ya ni siquiera se lee la Wikipedia, como se hacía hace unos años, antes de leer se prefiere ver un vídeo en Youtube. Como mucho pueden leer tuits, que es de lo que viven los asesores políticos. Por eso creo que es necesario dar la llamada “batalla cultural”: muy pocos van a leer, ya, a un Chesterton o a un Menéndez Pelayo. Los que si lo hacemos debemos ser fieles a ese saber perenne para divulgarlo en medios disidentes como El correo de España. De esa forma se remite a alguien a la fuente original o, en su defecto, se le introduce en unas ideas que antes le resultaban inaccesibles. Es la única manera de arrebatar “la hegemonía cultural” a los progresistas. Quizás por esa vía no ganemos nunca pero acabaremos del lado de la Verdad, que es más importante.

¿Qué tipo de textos espera aportar?

En cuanto a lo formal, pienso escribir textos de columnismo, que es lo que más me ha gustado siempre de la prensa. Trataré de analizar la actualidad con el escalpelo del saber literario y de desgranar el presente con las armas que otros nos dieron desde el pasado. En cuanto a contenido, siempre voy a defender aquello que trasciende a los hombres: la patria, la espiritualidad, la tradición, la libertad...

¿Podría insistir en la importancia de dar la batalla cultural desde la disidencia a un Sistema totalitario?

Leyendo los Diarios de Victor Klemperer uno aprende que lo único que el totalitarismo no puede arrebatar a los hombres es la interioridad de su propia conciencia. Su espíritu, su alma, su libertad interior, están vedadas a los demás hombres. Para bien y para mal, dependiendo de cómo se use.

Y de Solzhenitsyn uno aprende que la obligación moral del escritor es la de dar testimonio de los grandes horrores de su tiempo. Vivimos tiempos de auténtica oscuridad metafísica y ceguera moral, donde se quiere convertir al hombre en siervo. Debemos evitarlo con la acción de cada uno a nivel individual. Pero también debemos dejar constancia de ello para intentar abrir los ojos de la gente y facilitar al estudioso del futuro la comprensión de lo que está pasando en nuestro tiempo. Eso es para mí la batalla cultural, y hay que darla a diario.

¿Le preocupa la actual situación de España?

Nunca España ha estado tan cerca de su destrucción como en estos momentos. Los enemigos externos y los enemigos internos de nuestra patria son muy poderosos. La mayoría de la población ha sido lobotomizada; y la sociedad, atomizada mediante medidas de ingeniería social. Con cada día que pasa, se hace un daño que tardará años en ser reparado. La hemorragia afecta a todos los frentes: moral, económico, político… Como joven me preocupa mucho el futuro de España. Creo que el porvenir está en la Hispanidad tal y como la defendió el gran Ramiro de Maeztu en su libro Defensa de la Hispanidad. Si hay un valor que quiero reivindicar es la esperanza, mi esperanza en la Hispanidad.