Yo no sé si ya habré dicho en alguno de estos "Recuerdos" que vivo y escribo desde mi Córdoba natal a la que regresé tras 52 años de destierro voluntario... ni tampoco si he dicho que me vine de Madrid al divorciarme y jubilarme del periodismo activo y de primera fila para morirme donde nací  (como dicen que hacen los elefantes)... Pues aquí estoy, viviendo en un apartamento de 60 metros cuadradoseso sí, muy coqueto, y sin dejar de ver las columnas de las reliquias del Templo Romano, a dos pasos de mi Gran Capitán y de mi admirado Obispo Osiorodeado de libros y sentado sobre mi "baúl de los recuerdos"... y llevo una vida de ermitaño. Me levanto temprano (cosa rarísima porque yo siempre viví de noche), escribo y paseo. Por la tarde duermo algo de siesta (aquí eso es obligado), escribo y leo y, cuando se puede veo a algunos amigos, pocos, y tomo alguna copa. No fumo (después de dos infartos decidí quitarme, al menos para dejar tranquilos a mis médicos) y por las noches me reuno con mis personajes, los que me fueron formando y los que yo he ido creando. Emilio Romero, Don Ramón Serrano Súñer, Don Torcuato Fernández Miranda, Sabino Fernández , Tarradellas, Aguinaga, Rodrigo Royo, Antonio Izquierdo, Fernando Latorre  (y con ellos hablo de la España actual y del desastre que estamos viviendoaunque les veo sufrir tanto que en cuanto les veo tristes cambio de conversación y de amigos y me voy con los otros). O sea, con mi Unamuno, mi Ortega, mi Azorín, mi Baroja, mi Valera, mi Bécquer, mi Machado, mi Lorca, mi Dostoyeski ... y sobre todo con mi Galdós y mi Séneca...¡Dios, y con ellos cuando acuerdo ya entra mi sol, ojo, que también tengo mi propio sol!... Y si se ponen aburridos llamo a mis "amigas" y resucito, porque para no menos puedo ver y charlar con mi Sofía Loren, mi Carmen Sevilla, mi Mesalina, mi Princesa del Jazmín, mi Leila de Granada, mi Paulina Bonaparte, mi María Antonieta, mi Fortunata, mi Cleopatra, mi Josefina...
                  Y con ellos o ellas me duermo... y dicen que vivo solo.
                 Pero, bueno, y dicha mi "batallita" de viejo les voy a hablar de lo que esta mañana salió de mi baúl cuando daba uno de mis paseos matutinos por los alrededores de la Mezquita y pasé por delante de la casa donde en mis tiempos (años 50) estuvo un pequeño bar, que regía Doña María, porque allí, frente a la Puerta del Perdón, conocí y pude hablar con Ernest Hemingway... sí, no se rían, con el mismísimo Hemingway, que acudía, como siempre que venía a España, según me contó él mismo, a comer boquerones en vinagre... ¡¡ los boquerones en vinagre de Doña María, los mejores del mundo, el manjar de la Córdoba luz de occidente!!al decir del Premio Nóbel.
                    Pero de mis increíbles relaciones con aquel extraño y rebelde genio les hablaré otro día.