Deberían ser sentimientos propios de la mayoría absoluta de cuantos hemos nacido en España, sin embargo no es lo que resalta a primera vista. Es preocupante en grado sumo como a todo español, no le rebosa por los poros  esa doble alegría y ese doble orgullo. Sin duda, la causa es obvia y muy simple: ignorancia completa  de la Historia de su Patria y la de su Fe. No le encuentro otra.

Resultaría imposible si se  conoce todo cuanto los españoles han dado a la Humanidad, sobre todo si se compara con quienes tienen la audacia de menospreciarnos. Hispania  deslumbro ya a los romanos por su valor, su sentido de la independencia y su capacidad para resistir a las legiones romanas y  a los cartagineses. Los hispanos llegaron a emperadores y sabios.

En la Edad Media inició y remató la Reconquista del suelo patrio, --una  lucha que duró  casi ocho siglos--; en la Edad Moderna,  descubrió un Mundo nuevo, dominó media Europa, se adueñó de los mares, --  el Océano Pacífico, su “lago” particular--; abrió nuevas rutas marítimas y circunvaló la Tierra por primera vez;  civilizó  toda América y creó un Imperio donde no se ponía el sol.

Todo fue posible porque su industria estaba a la altura requerida y eso le  permitió construir los mejores barcos. No tiene otra explicación el haberse adueñado del mar y que, nunca la marina inglesa pudo con la Armada española, ¡todo lo contrario! (“Trafalgar”  es punto y aparte; fruto de la siempre nefasta alianza con Francia), Nuestros Tercios doblegaron a Europa y nuestros fueron dueños de océanos. El resto de las naciones únicamente no ha superado  en “mentir sobre España” y “manipular” la Historia. Sus verdaderas victorias sobre nuestra Patria las han logrado exclusivamente, con política sucia de cavernarios. De cara,  nunca han podido con nosotros, en ningún campo y menos en el de las ideas,  nuestros teólogos en Trento y nuestros pensadores en Salamanca son la cima. La degeneración intelectual, madre de los “ismos” –marxismo, socialismo, liberalismo, modernismo, progresismo, nacismo, fascismo, etc.”.-- son productos “europeos”, responsables de los millones de muertos del siglo XX y XXI.

Europa, nunca debería olvidar su deuda con España: nos deben su existencia como “Continente libre”,  por haber arrojado a los moros al otro lado del Mediterráneo, y cerrado la puerta al Turco en Lepanto.

Parte de nuestro Imperio estaba en el Pacífico. Allí, nuestras islas, entre ellas Filipinas (en honor de Felipe II) eran pieza clave del comercio mundial. (El descubrimiento de nuestros marinos sobre los vientos hicieron posible, la ida y vuelta,  desde las costas americanas a Filipinas y Asia oriental.

Fueron una preciosa provincia española durante  tres siglos –hoy nación filipina--  y nos  las robó Estados Unidos --la Sinagoga de Satanás planeó perfectamente la liquidación de las últimas provincias de nuestro Imperio-- y nunca deberíamos desconocer y olvidar el  horrible  “coste” de un “genocidio” de dos millones de filipinos asesinados para: “borrar el español” de aquellas islas.

Y nadie habla del tema— ¿no lo sabías?, ¿ningún profesor te lo había comentado?  Aun esperamos el “Núremberg” ad hoc. ¿Dónde está el sentido democrático, liberal y amante de la verdad de los europeos? Si la Hispanidad despierta e impone su ley no deberá olvidarlo y, sí, pasar cuentas. ¿Qué esperan nuestros Historiadores?  Olvidar la Historia es de necios.

Otro motivo de orgullo: los trescientos años de  vida próspera y, generalmente,  en paz  de las provincias españolas de Ultramar ¡mientras fueron España! En esos siglos,  los indios fueron españoles al cien por cien,  con los mismos derechos de los peninsulares, y acceso a los Centros Superiores de estudio y,  sus vidas,  fueron sagrados y protegidas.  Solo “cuando esas provincias se independizaron” --y se “liberaron” --comenzaron los asesinatos de indios  como consecuencia lógica  del “liberalismo masónico, racista, protestantoide y sajón”. Sus políticos no supieron con qué sustituir el Catolicismo  heredado. 

En los reinos de España, el indio tenía más privilegios que los “criollos” sin sangre india. Conviene  recordarlo, cuando los “indigenistas” mienten y manipulan la Historia.  “”Ellos”,  hijos-herederos de los asesinos liberalesacusan a España de los “crímenes de sus padres”. ¡NO, majos!, ¡que cada palo aguante su vela!  “A partir de   vuestra independencia” asesinasteis sin escrúpulos, ¡no culpéis a mi Patria que  los protegió mientras fueron españoles!

El desastre español imperante, se inició con los afrancesados, o sea, la “seudo europeización” de los españoles en  el siglo XVIII,  cuando las “Logias” se fueron adueñando de la política y de los Gobiernos y,  los “ilustrados” y  “enciclopedistas” ocupaban el lugar de los “modernistas y progresistas” actuales.  Para ellos, fue de gran ayuda la invasión napoleónica y facilitó su traición en  la destrucción del Imperio y la Independencia de las provincias de ultramar.  Dos siglos y medio lleva España pagando sus errores con el descenso acelerado hacia su desaparición.

Conocer la Historia de España es el primer fundamento de nuestro amor a esa Patria única y del lógico  orgullo de ser español. Esta Patria agonizante empezó su actual degeneración cuando nuestros enemigos supieron borra del conocimiento de los españoles su Historia gracias  el poder de sus ·Medios de comunicación tras crear la peor de las Leyendas Negras, sobre nuestra VICTORIA, con el agravante de que esos “renegados y canallas” son españoles.

En artículos periodísticos no se puede ser muy extenso y me veo obligado a resumir en   pocas líneas el meollo del tema, y quien mejor lo ha hecho ha sido José Antonio, en su discurso de Fundación de la Falange en Valladolid: “Ser español es una de las pocas serias que se puede ser en el mundo”, a lo que yo añadiré siempre y “fuente de orgullo y una inmensa alegría” por ese don que Dios nos ha hecho de nacer en la Tierra de Marías Santísima. Ella nos predestinó,  visitándonos en “carne mortal” mientras vivía en Éfeso. (Si Don Bosco, pudo estar al mismo tiempo en Italia y en Barcelona ¿por qué dudar de la visita de María a Santiago,  en Zaragoza?