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AYER
                Es curioso lo que está pasando en España: le pregunta uno a cualquier individuo perteneciente a la llamada "clase política" y aquí no pasa nada anormal; lo que ocurre, ocurre porque tenía que ocurrir... ¡Es el precio de la Democracia! ¡Es el precio que teníamos que pagar para poder pasar de la dictadura a la libertad! Le pregunta uno a cualquier hombre de la calle y su respuesta es siempre la misma: yo no sé lo que pasa, pero esto no marcha... ¡Antes no ocurrían las cosas que ahora ocurren! Aquí tiene que pasar algo! ¡Por algún sitio tiene que explotar esto!... Es decir, que el abismo entre la España real y la España oficial se ha agrandado, y que la separación de antaño se ha transformado hogaño en divorcio abierto, público y real.
             Y todo, ¿por qué?
              Pues, porque los actuales gobernantes han caído en la misma trampa de siempre. Yo me lo guiso, yo me lo como. El pueblo es tonto y los listos somos nosotros. La calle lo que tiene que hacer es votar lo que nosotros le digamos desde la televisión, y en paz. ¡Como en los tiempos de Franco, pero sin Franco! Y, entonces, la Moncloa sustituye a El Pardo y la UCD al Movimiento Nacional. Así, sin más, como si aquí no hubiese ocurrido nada. Eso sí, para despistar, se cambian algunas palabras del vocabulario discursivo habitual y algunos nombres de calles, se va alguna vez que otra al "banco azul", se cambian los funcionarios de Ministerio, la censura económica sustituye a la  censura política, se deja circular libremente a Carrillo, se prohíbe el uso de la bandera española, se sustituye el "Cara al sol" por "La Internacional" y los cuadros de José Antonio por los de Carlos Marx, se castiga de cuando en cuando a un militar o se permite cualquier tipo de ofensa a las Fuerzas de Orden Público... ¡Y sanseacabó!... ¡Ya tenemos Democracia!
            Pero, ¿es esto la Democracia?, ¿es esta la Democracia que quería el pueblo español? No. Eso está ya claro. ¡Y qué más da! Si aquí de lo que se trata es de permanecer a toda costa en el poder... ¿lo que ocurra después? ¿Después? ¡Después de mí, el diluvio!... ¿Y a mí que? Si yo caigo, que caiga el lucero del alba.   
            ¡Esta es la cuestión! ¡Esta es la realidad!
            Y así va España. En directa y a doscientos por hora hacia el marxismo... Lo cual no se discute, porque esa es otra cuestión. Tal vez nos lo merecemos todos, y eso sí: con el comunismo instalado en el poder se acabó el cachondeo. Este cachondeo que nos está haciendo vivir el todopoderoso señor de Cebreros.
            Se pregunta Jean Francois Revel, en su libro "La tentación totalitaria", que por qué progresa el estalinismo (aquí yo diría mejor "comunismo") en el mundo. Para responderse él mismo continuación: Tres son los factores internos que permiten ese avance: el subdesarrollo económico, el odio a todo dominio extranjero y la falta de experiencia democrática pluralista (amén de la siempre poderosa, real y aplastante ayuda de la Unión Soviética).
             Y yo, ¡Oh, sombras de mi ser!, vuelvo las páginas de la Historia más reciente... ¡Cómo se puede ser tan ciego y tan imbécil!
               Porque yo me digo, ¡Oh Hamlet, Hamlet!, que si el comunismo avanza donde no hay experiencia democráticas pluralista, indudable y fatalmente aquí tendremos comunismo a no tardar mucho. Porque ¿cuáles han sido nuestras experiencias democráticas en el pasado?. Veamos:
               Nuestra primera experiencia (1820-1823) terminó, con la llegada de los "Cien Mil hijos de San Luis". en la cárcel, en el destierro o en la horca.
              Nuestra segunda experiencia (1868-1873) terminó en el cachondeo, en el desgobierno y en la abdicación de un Rey que se creyó, ¡pobre iluso!, lo de la Democracia y la libertad.
             Nuestra tercera experiencia (1873-1874), ¡ay, de mí, ay de esta desgraciada España!, también acabó como tenía que acabar... Haciendo cada uno lo que le daba la gana y con las bayonetas caladas del general Pavía!
Nuestra cuarta y más larga experiencia (1875-1931) termina -¡cómo no!- en dictadura, tras haber tenido que soportar el "desastre" del 98, los asesinatos de tres Jefes de Gobierno y el hundimiento de España como Nación occidental, libre e independiente.
               Nuestra quinta experiencia (1931-1936), ¡oh, Hamlet, Hamlet!, ¿por qué me obligas a recordar las tristezas de mi patria?  ¡Aquello sí que terminó como el "rosario de la aurora" y con aquellos inolvidables ríos de sangre!
              Pues, ahora, quieren hacernos vivir nuestra sexta experiencia democrática y pluralista... y ya veis, ¡oh, dioses del Olimpo!, ya veis cómo vamos. ¡Con la mierda al borde del cuello y el cloroformo marxista invadiendo nuestros pulmones!...¿Qué va a pasar aquí?
Y, sin embargo, hubiera sido todo tan sencillo...
              Hubiera bastado con que nuestra clase política y el señor de Cebreros leyesen  Shakespeare en "El rey Lear", cuando el conde de Kent se acerca ya disfrazado a su rey a pedirle trabajo y le dice:
              Lear.--¿A quién queréis servir?
              Kent.--A vos.
              Lear.--¿Me conoces, amigo?
              Kent.--No, señor, pero tenéis algo en vuestro semblante que de buena gana os llamaría mi amo.
              Lear.--Y ¿qué es lo que tengo?
              Kent.--Autoridad.
              ¡Qué tremenda descripción de la España de hoy!
              ¡Qué gran lección para estos políticos de tercera!
              Porque eso era y es lo único que España demandaba en esta ocasión: ¡AUTORIDAD!
              Democracia, sí; libertad, sí... pero con autoridad. Es decir, con seriedad y sin pasteleos.
              ¡Hubiera sido todo tan sencillo!
 
HOY 
 Señores ¿no les parece que estamos donde estábamos hace 40 años? Cambien el nombre de Suárez por el de Sánchez y ya está el ayer en el hoy. Decía aquel Hamlet:  aquí tiene que pasar algo ¿y por qué?... pues, porque los actuales gobernantes han caído en la misma trampa de siempre. Yo me lo guiso, yo me lo como. El pueblo es tonto y los listos somos nosotros. LA CALLE LO QUE TIENE QUE HACER ES VOTAR LO QUE NOSOTROS LE DIGAMOS DESDE LA TELEVISIÓN Y EN PAZ ... ¡Como en los tiempos de Franco, pero sin Franco!...Y eso dice el Hamlet de hoy. Porque esto no puede seguir así... ¡y si no se cambia por las buenas habrá que cambiarlo por las malas!... Y más después de lo que se está descubriendo de Podemos.  Libertad, sí; democracia, sí; transparencia, sí... pero, con Autoridad y orden.... y a los que roben, a la cárcel...y a los okupas, a la cárcel...y a los que quieren vivir (o están viviendo) de las subvenciones a hacer carreteras. ¡¡ Dios, que vengan Azaña y Franco!!...Something is rotten in the of Denmark!!.