Es imposible creer en Dios, en Dios no se cree; solamente puede afirmarse. La naturaleza del escepticismo actual se encuentra en el ego alimentado por el liberalismo fanático –masonería a fin de cuentas– en este occidente hispano en el que la realidad suele negarse por una inmensa mayoría tan inculta de su propia tradición que ignora ser la heredera de poderes intelectuales tan robustos como los nuestros; Dios, Patria y ley natural; es decir la de los pueblos cristianos. 

Digo que es por egocentrismo negar la existencia de la providencia porque solo puede afirmarse desde una perspectiva vanidosa, desde la equiparación del hombre con Dios, por eso el “ateo” carente de cualquier mínima noción metafísica o epistemológica e ignorando incluso el significado de estás palabras –como de tantas otras– se formula la pregunta desde una perspectiva supersticiosa y errónea ¿quién es Dios? Al formularse la cuestión de esta forma está demostrando; primero: que cree que Dios es un hombre, Segundo: que atribuye a Dios la virtudes y carencias del hombre– las suyas propias a fin de cuentas– tercero: que solo se plantea la religión desde el misticismo –por eso hay tantos que niegan a Dios creen en el karma o en “que algo hay” - Cuarto: que no está formado en el pensar filosófico.

Ahora Bien, la cuestión debe abordarla el ateo como lo hace Aristóteles en su metafísica ¿qué es Dios? Esta es la manera adecuada de formular el asunto ¿por qué? Porque no sabemos que es Dios, y por tanto hay que empezar por poner sobre la mesa que es lo que conocemos sobre Dios y podemos afirmar con rotundidad. La primero ya se ha dicho: no sabemos que es Dios, Segundo: Como no sabemos que es Dios ¿qué podemos decir de Él? Que en el mundo hay un orden físico que no depende de la voluntad del hombre, ya tenemos el primer elemento de Dios: la realidad. Segundo que lo real es lo que llamamos verdadero, que lo irreal es lo que llamamos falso, no por capricho si no porque estamos –por la contingencia física que sea– dotado de sentido para percibir la realidad, a la realidad presente la llamamos existente, a la no presente inexistente.

Recapitulando, ya tenemos dos elementos, que componen al Dios, Dios o lo divino, realidad y verdad. Es el urstoff como elemento genuino de todo lo presente o como se planteaban los jonios –ancestros de la filosofía occidental– aquello que soporta toda lo perecedero porque es el elemento necesariamente estable o eterno, no sólo para lo material sino también para el pensamiento.

Aquí podemos ya atender a lo que está escrito; dice el evangelista Juan que Jesús dijo «yo soy el camino, la verdad y la vida». No hay verdad más incontrovertible ni afirmación más honesta; son esos tres  elementos los que pueden conocerse en este campo de la especulación teórica con toda certeza. El ateísmo radical es racionalmente insostenible, y es el padre del idealismo liberticida que lo siguen: comunismo y liberalismo  que partiendo de sus errores teóricos continuaran extendiendo la mentira, la falsedad, la pobreza, la miseria y la muerte allá donde se sostengan. 

Para apreciar la realidad hay que observarla tal y como es, sin modificaciones y espiritualismos míticos, como lo hacían los padres del pensamiento cristiano, con la humildad de reconocer al hombre pecador y necesitado de la razón inescrutable de Dios y no desde la soberbia de pensarse bondadoso y capaz de oponerse a la voluntad celeste; queramos ser hijos de Apolo y dejemos que Odiseo se dé cuenta de las consecuencias de su desprecio.