Un día, sin previo aviso, le dije a mi madre

que me preparase comida que me iba de excursión.

Y así lo hice en cuanto terminé

mi trabajo en la panadería.

 

-¿Dónde vas, hijo mío?,

me preguntó mi madre mientras

me colocaba un morral casero

a mi espalda.

-Voy a descubrir dónde nace el arroyo

y cómo mana el agua que hacen los ríos

de la Tierra.

 

Pero, esto no era toda la verdad.

Yo tenía en mi mente otra ilusión

y otra ansiedad.

 

Iba en busca de mi alma,

que se me había perdido

y no sabía dónde estaba.

En el camino hacia la Sierra Nevada

-camino de piedras y cabras-

me tropecé con un viejo de largas barbas blancas

que al verme me preguntó:

 

-¿Dónde vas, muchacho?

 

Y no sé por qué a aquel hombre de barbas largas

y profunda mirada le confesé mi verdad.

 

-Señor, voy en busca de mi alma

que se me ha perdido y no sé dónde está.

-Pues te equivocas, muchacho.

(dijo aquel hombre sin dejar de mirarme a los ojos)

Tu alma no está fuera,

ni allende la Tierra y los Mares.

Tu alma la llevas contigo

y dentro de ti está.

-¿Y cómo entro yo dentro de mí

y en qué lugar del cuerpo reside el alma?

-¡Ay, muchacho, veo que lo tuyo es algo

muy serio y que estás enfermo de verdad!

Verás, muchacho, tu cuerpo y tu alma

son una misma cosa y dónde esté tu cuerpo

estará tu alma y dónde esté tu alma

estará tu cuerpo…

al menos mientras dura la vida.

-¿Y cuando la vida se acaba

qué pasa, Señor?

-¡Ay, muchacho, ese

es el misterio!

¡Eso es lo que yo llevo

años tratando

en vano

de descifrar!

-¿Entonces, Señor, qué hago yo a mis pocos

años? –pregunté confuso y confundido.

-Igual que yo, muchacho, no desfallecer nunca

y seguir buscando la verdad siempre donde tú creas

que está o donde pueda estar. Porque la verdad

está en el alma y el alma sólo es de Dios.

 

Y entonces seguí subiendo

la Sierra Nevada y comprendí

que había estado hablando con Dios

y que la Verdad había entrado en mi alma.

 

La fe, ciertamente,

mueve montañas…

y mis sueños serán sueños

del que soy mientras duerme.

 

¿Quién soy yo en realidad

el que vive despierto

o el que vive dormido?

 

¿Cuál es nuestra vida real,

la que vivimos soñando

o la que vivimos soñando

cosas que pueden ser o no ser?

 

¿Y no será la muerte

un vivir dormido

sin vivir despierto?

 

¡Dios, da la cara, frente a frente

y dinos de una vez que hay detrás

de la muerte!