España está más que nunca plagada de problemas interiores sin causa justificada -que se han buscado- y nadie quiere la culpa. Si no se resuelven cuanto antes, nadie puede imaginar cómo acabaremos. Claro que tienen origen, no hay consecuencia sin causa, por mucho que se enmascare el engaño, o embarre el río para que no se vea. (ZetaP) La verdad siempre sale a flote. Otra cosa es que queramos seguir anestesiados como nos han dejado para que no fuéramos conscientes de nuestra propia realidad que arranca del 11-M. Por eso estamos en manos de la estupidez más dañina que llegó votada por la estupidez insensata, al poder, y mandan los mamarrachos y malintencionados, los tontos e ignorantes que lo primero que corrompen es el lenguaje, y te lo ponen por bandera zaheridora. Me río de la muerte, por el llanto que me produce la vida. La muerte me causa risa por el aburrimiento que me provoca la vida. Me río de la muerte, ya bastante tristeza me regala la vida. El público, según los artistas, o la ciudadanía que llena la boca de los políticos izquierdosos, está en tal grado de desnaturalización que se descompone como un leproso Los psicólogos y psiquiatras enriquecidos predicando el falso buenismo, y diciendo a sus clientes lo que quieren escuchar, engañando, serán pasados a cuchillo vilmente, al destruir la sociedad, me dijo don Cipriano, allá por el año mil novecientos cincuenta y tantos.  La verdad siempre es cruel, ayer y hoy, pero hay que afrontarla.

El pájaro para que cante tiene que estar contento. Yo era un niño con un tambor que quería tocar al son del pájaro, y le fue imposible. Yo era un niño casi feliz que lo podía haber sido del todo con tal de que lo hubieran dejado. Dejado serlo y dejado solo. Esto debe causar mucho enojo a algunos que no lo permiten. Luego pensé que, un hombre puede ser feliz hasta en el hueco de un árbol, y lo puse en práctica. Y desde entonces, dado este estado presente de emergencia, sigo parapetado en la sierra, con las cabras y el naranjero en ristre, listo, y esperando lo que sea menester. Una prueba de fidelidad y resistencia adecuada a cada momento existencial. Siempre con la garlopa en la mano, cual eventualidad de mejora y perfección constante, algo propio de espíritus inquietos.

Pues bien nos dice Ernest Hemingway, que, un hombre puede ser destruido pero nunca derrotado. Esto hay que tenerlo en cuenta. Sólo los estúpidos son felices cuando tiran piedras a su propio tejado, creyendo que los demás recibirán más daño. Son los que aplauden mientras el barco se hunde, pensando que son los únicos que se salvarán. En definitiva la estupidez (compendio de todas las maldades) y con su color teñido de ideología para más inri, es la mayor enfermedad social que asola media España y conlleva la propia autodestrucción de España entera. La otra media, hizo lo que el avestruz desde el principio, no dijo nada, y no se arrancó a tiempo. Algunos piensan que, mejor ser rey de sus silencios que esclavo de sus palabras, y como los malos que son hijos del demonio, no se callan, y se travisten de lo que haga falta, con tal de salirse con la suya, pues, como su jefe o padre, hasta citarán las Sagradas Escrituras si beneficia a su causa. (inri. -Acrón. de Iesus Nazarenus Rex Iudaeórum, es el rótulo latino de la santa cruz. La nota de burla o de afrenta, para mayor escarnio) A esto hemos llegado.

Y así, riendo y llorando, te la van clavando. Por el tafanario; y así expanden imparable su diabólico imperio de robo y corrupción, sin que nadie les pare los pies ni los meta en vereda. Así  llevan desde que murió Franco, pero tras el 11-M que hicieron persuadidos que sin revolución no eran nada, se desbocaron como potros salvajes. Menos mal que encontramos una heroína que les canta las cuarenta: Isabel Díaz Ayuso. Lástima no tuviera otro jefe...

En resumen, las cosas no pintan bien, ni las personales, sociales, y menos las políticas que anuncian el desastre. Eso no quiere decir que nos dejemos asaltar por la tristeza, y les demos ese gusto, todo lo contrario, porque la razón conlleva la fuerza de la verdad, y eso de que donde no hay justicia tener la razón es peligroso, se está acabando. Aunque nada tiene ya arreglo, a su vez lo tiene todo; la resignación no carece de límites, y por eso se les muestra su sinrazón con el gesto adusto de desaprobación y asco, pero con cierta elegancia como los gladiadores del circo romano, dibujando una vaga y vieja sonrisa en los labios al tiempo de morir.

A lo largo de la vida termina uno pasando por todos los estadios igual que la marioneta o cómico de la legua. Desconocía el aburrimiento, hasta que llegué al júbilo de la jubilación. Después, menos, porque el trabajo se torna a la medida de cada cual. Ya no es un castigo bíblico. El trabajo nos libera de tres grandes males: el aburrimiento, el vicio y la pobreza. Del primero doy constancia. Nunca me aburrí y creí con Baudelaire, que "es menos aburrido trabajar que divertirse". Bien es verdad que ahora hay más tiempo para pensar, si no fuera que pensar mucho es lo más aburrido del mundo. Ya está todo pensado, y todo el pescado vendido. Amenazan los kilos (por la boca muere el pez; por mucho comer o por poco, cuando se lo quitan), y con los años se duerme más que antes. Los años, son flores que adornan la boda, el nacimiento y la tumba. Se va uno acostumbrando al sueño eterno.

Mis cabras -morritos calientes-, les mandan besos, besitos, y besotes variados. Las cabras son animales con alma, inteligentes, fieles, nobles y andariegos. Aman las alturas para estar más cerca de Dios, y por eso las acusan de tirar al monte; no es más que envidia cochina, cosa que las cabras no tienen.

Los poderes del infierno no prevalecerán, el infierno son los otros, por eso las cabras buscan la soledad y nunca se aburren. Hay que aprender mucho de ellas. El infierno y el cielo están aquí, me dice mi urólogo. El primero es más fácil que sí. No sé si se equivocará. El concepto del mal está tan repartido como camuflado, y de él sacan su provecho perverso los malos.