¡¡¡ Que pena de España!!!

Ante la situación general que estamos viviendo, o padeciendo, y ante el desmoronamiento implacable de todos los valores que comportaban -y comportan- el hecho de ser español...

Ante la triste imagen que estamos dando al mundo y ante el hundimiento general de la economía y de la convivencia...

Ante el lamentable espectáculo que está ofreciendo la clase política y el no menos lamentable comportamiento del partido del Gobierno y sus ministros...

Ante la peligrosa división interna que existe dentro de la Iglesia católica y el "disparatado" quehacer de algunos de sus obispos (clara y abiertamente en el marxismo ideológico)...

Ante la penosa situación de nuestra agricultura y la no menos penosa de nuestras calles...

Ante el cariz que toman las cosas en las áreas que algunos llaman "Poderes fácticos"...

Y, en fin, ante la difícil encrucijada que se encuentra España, uno no tiene más remedio que exclamar:

¡Qué pena!

¡Qué pena que en tan poco tiempo hayamos dilapidado la herencia de cuarenta años de sacrificios! 

¡Qué pena que en tan poco tiempo hayamos tirado por la borda la obra ingente de ese hombre –Francisco Franco- que supo sacar España del subdesarrollo; es decir, del hambre y de la alpargata!

¡Qué pena que en tan poco tiempo hayamos caído otra vez en el pozo de los partidos políticos y en la "desgracia" de una Democracia inorgánica de capa caída en el mundo entero!

¡Qué pena que en tan poco tiempo hayamos pasado de estar entre las diez primeras potencias industriales del mundo a este mendigante e inútil forcejeo por entrar en el Mercado Común de los mercachifles!

¡Ay!

¡Ay, qué pena da ver cómo España se hunde en el abismo!

¡Ay, qué pena da ver cómo -otra vez- el marxismo se ha apoderado de nuestras calles y cómo -otra vez- el ¡Viva España! orgulloso de ayer se está transformando en un "delito"!

Pues bien, con dar todo esto pena y dolor... a mí este 18 de julio lo que más pena me ha dado es comprobar una vez más que la Derecha (es decir, la España no marxista) sigue estando ciega y desunida.

Porque de ciegos es permanecer todavía en la creencia de que las cosas no están tan mal... o en la farisaica comodidad de que "alguien" resolverá al final el problema.

Porque de ciegos es permanecer todavía a la espera de que los "lideres" cedan un día sus personalismos y comprendan que por encima de todo está España.

¡Qué pena de España!

¡Y qué pena de pueblo!

Mejor dicho: ¡qué pena lo que se está haciendo con este pueblo!

Aquí y ahora ya no queda espacio ni tiempo para la desunión y los partidismos. Aquí y ahora ya no hay más remedio que ir, como sea, a la unión... ¡exigir la unidad de todos cuantos amamos a España y no estamos dispuestos a verla morir!

Aquí y ahora hay ya que obligar a los líderes a que se sienten juntos y en público y que, de una vez por todas, se forme el gran frente nacional de los no-marxistas.

Hay que levantar, por encima de todas, la bandera de la unidad... y quien no esté dispuesto a hacerlo que abandone su puesto y se retire a meditar... (a meditar o a esperar que un día le saquen de su casa al amanecer).

¡Y esa es la bandera que yo levanto hoy, aquí y ahora!

Porque España se merece algo más de lo que le estamos dando.

Al menos yo no quisiera que un día mis hijos tuvieran que fusilarme con el puño levantado y gritando ¡Viva Rusia!

Al menos yo no quisiera tener que llorar un día como mujer las lágrimas de la cobardía... por no haber sabido defender a tiempo la unidad y la grandeza de mi Patria.

¡Qué pena da ver a España -la España de Franco- hundida en la miseria!

 

(Heraldo Español nº 64, 22 al 28 de julio de 1981)