San Juan Nepomuceno, Patrón de la Infantería de Marina

El despertador ha sonado mucho antes que otras veces. Fuera, volviendo la vista a levante, los primeros destellos del amanecer concurren tímidos a su cita diaria. Sobre un sofá, cubierto por su funda, el glorioso uniforme de la franja grana partida, el de las tres sardinetas en bocamanga que evocan las tres virtudes heredadas, fe, esperanza y caridad, aguarda el instante mágico de ser vestido.

Lentamente, comienza el emotivo momento de vestirlo, de colocar cada una de sus prendas, con mimo, con cuidado, con solemnidad. En todas ellas se condensa, como en un relicario, la gloriosa historia de un Cuerpo, el de la Infantería de Marina, que lleva casi 500 años sirviendo a España en todos los rincones de la tierra, allá donde el honor de la Patria demandó la presencia de los Infantes de Marina para defenderlo.

En este mágico instante, tan solo comprensible para los que tenemos el alto honor de vestir este glorioso uniforme, asumimos las hazañas escritas, con letras de sangre, por aquellos que, con valor, sirvieron antes que nosotros en Lepanto, las Terceras, Túnez, Italia, Trafalgar, Cochinchina, Cuba, Filipinas, Africa, América, Santo Domingo, la Guerra de la Independencia, las Guerras civiles…, y en tantas y tantas otras páginas de nuestra Historia en las que Infantes de Marina, la mayoría de ellos anónimos, entregaron, con generosidad, su vida por España.    

El día comienza a alborear. Poco a poco, el sol de primavera va despejando el cielo de las últimas sombras de una noche que queda atrás. En el portalón del viejo Quartel de Nuestra Señora de los Dolores, la Compañías del Tercio del Norte, depositarias de los historiales de aquellos gloriosos Infantes de Marina que vencieron en Brión y en Tolosa, forman en silencio a la espera de que un lejano reloj desgrane las ocho campanadas de dan inicio al día militar.

Las piedras graníticas del viejo recinto militar, testigos mudos del devenir histórico de la Infantería de Marina, presente entre sus muros desde su construcción en el siglo XVIII, van a ser espectadores de excepción del comienzo de esta jornada.

El cornetín de órdenes rompe el silencio con el toque de atención que precede al de firmes y al de arma presentada. Suenan las notas del Himno Nacional mientras, lenta y majestuosamente, la Enseña Nacional se va izando en el mástil. Un acto sobrio y solemne que se repite, a diario, en todos los acuartelamientos de la Patria, incluso allá, en cualquier lugar, donde se encuentre un Soldado español.

Sin embargo, hoy, no es un día cualquiera, no es un día como los demás. Hoy, 16 de mayo, la gloriosa Infantería de Marina, la más antigua del mundo, creada en 1537, festeja la festividad de su excelso Patrono, San Juan Nepomuceno, el del sigilo sacramental.

La Bandera está izada a tope en el mástil, flameando a los vientos de la ría ferrolana. Corresponde, ahora, dar lectura a la efeméride del día, la festividad que celebramos hoy.

Cuentan los anales de la gloriosa y acrisolada historia de la Infantería de Marina que, desde tiempo inmemorial, el Cuerpo venera la figura de San Juan Nepomuceno, un santo checo que vivo y murió, con la palma del martirio, en las postrimerías del siglo XIV.

Confesor de la Reina Juana de Bavaria, esposa del Rey Wenceslao IV, este exigió al religioso que le desvelase todo lo que por boca de la Reina hubiese escuchado bajo secreto de confesión. De nada valieron el suplicio y los tomentos a los que fue sometido Juan de Nepomuk que se mantuvo, incorruptible, fiel al sigilo sacramental lo que finalmente le costó la vida, lanzándolo, atado de pies y manos, al río Moldava. Corría el año de 1393.

Enterrado en la Catedral de Praga, trescientos años después, con motivo de iniciarse su proceso de beatificación, tras haber comprobado varios milagros debidos a su divina intercesión, fue abierto su sepulcro hallando, incorrupta, su lengua, aquella que se había mantenido fiel al sigilo sacramental.

La primera Unidad de la gloriosa Infantería de Marina que lo tuvo por Santo Patrón fue el Batallón de Barlovento, creado por Real Orden de 3 de agosto de 1731, para el que se dispuso que mientras estuviese de guarnición en América, su Patrona sería la Virgen de Guadalupe, en tanto que, si se desplazaba a la península, lo sería San Juan Nepomuceno.

Quartel de Nuestra Señora de los Dolores de Ferrol

Al entender que el ejemplo dado por el Santo de Bohemia, que prefirió perder la vida antes que revelar el secreto de confesión, debería convertirse en una seña de identidad de todo Infante de Marina que debe tener a timbre de honor no quebrantar el secreto de las consignas recibidas, defendiéndolas heroicamente hasta perder la vida si fuese necesario, con fecha 16 de mayo de 1758, el Capitán General de la Armada, Marqués de la Victoria, ordenó que este patronazgo se hiciese extensivo a todas las Unidades integrantes del Cuerpo de Batallones de Marina.

Posteriormente, por Real Orden de 18 de marzo de 1878, se ratifica este patronazgo, sancionado por el Rey D. Alfonso XII, ordenando que la festividad se celebre el 16 de mayo de cada año, que será de gala para todos los componentes del Cuerpo de Infantería de Marina, en cuyo transcurso se verificará una función religiosa solemne que estará presidida por una imagen o pintura del Santo, costeada por cada una de las Unidades.

El acto ha terminado. Tras solicitar, el jefe de la formación, el permiso pertinente, la fuerza se retira. Al viento, los pliegues rojo y gualda de la Enseña Nacional, y en la capilla, la imagen del Santo Patrón al que rogamos nos dé su gloria y su paz.

Así, cada año, desde entonces, los Infantes de Marina de España, los valientes por tierra y por mar, cumplimos fielmente la tradición de honrar a nuestro Santo Patrón, San Juan Nepomuceno.