Hispania Nostra dio la voz de alarma en diciembre de 2007, cuando  incluyó al palacio de Inestrillas en su Lista Roja del Patrimonio. Lamentablemente se hizo caso  omiso, y ayer domingo, esta emblemática edificación del siglo XVIII ubicada en Aguilar del Río  Alhama (La Rioja), se vino abajo y quedó reducida a escombros.  

Hispania Nostra lamenta este hecho, que pone de manifiesto la necesidad de educar la sensibilidad  de las autoridades culturales, de las instituciones públicas y privadas y de la sociedad en general.  No puede tomarse como algo de poca importancia que un edificio con un alto valor histórico y  patrimonial se venga abajo en medio de la impasibilidad general. Nuestro patrimonio es nuestra  cultura, nuestra historia, y nuestra actitud ante él debe ser de respeto, de cuidado, de memoria y  de puesta en valor.  

“Cuidad de vuestros monumentos y no tendréis necesidad de restaurarlos”, afirmó el escritor y  crítico de arte John Ruskin ya en el siglo XIX. España es el tercer país del mundo en elementos

considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por detrás tan solo de China e Italia. Este  riquísimo legado de siglos nos ha configurado, y es nuestro deber cuidarlo, protegerlo y fomentarlo.  

Por eso, Hispania Nostra hace un llamamiento a las autoridades civiles, a las asociaciones y a la  sociedad en general para que descubramos este inmenso patrimonio y lo cuidemos como merece.  

El palacio que ya no existe 

La ficha de la Lista Roja del palacio de Inestrillas recogía que “se trata de un edificio singular,  construido en el siglo XVIII, con una fachada orientada hacia el sur, prácticamente pegada al  farallón rocoso. Todas sus habitaciones aprovechan la concavidad de la roca o han sido excavadas  en ella. La fachada, de doce metros de anchura por veinte de alto, está hecha en mampostería con  huecos para ventanas y aspilleras. Interiormente, se distribuye en tres plantas. Una planta baja  dedicada a cuadras, planta primera con la cocina y las habitaciones y una superior, más tosca y  abierta al exterior, albergaba una cambra, columbarios y palomares. 

Forma parte de un conjunto rupestre donde existen otras interesantes edificaciones que  conformaban un típico poblado altomedieval, la primitiva Inestrillas o la Finistriellas de los  documentos. 

Perteneció a Pedro González de Castejón y Salazar, Marqués de González de Castejón, Ministro de  Marina de Carlos III en el siglo XVIII. 

Abandonado y en ruinas, se va desmoronando con el paso del tiempo. Se ha desprendido ya una  parte de sus muros en los que existían varias hileras de columbarios, perfectamente construidos. 

Existe riesgo de hundimientos y desaparición total”.  

Lamentablemente, la predicción que se hizo entonces se ha cumplido.