ME pides, amigo mío, que con motivo de este 18 de julio te hable de los enemigos de España... pero ¡sin pelos en la lengua! Me pides, además, que dé nombres y apellidos... ¡para que nadie se llame a engaño y todos los españoles sepan a quienes tienen que "agradecer" los actuales males de la Patria!

 

Pues bien, voy a hablarte de los enemigos de España. Pero, no de esos que tienen nombre y apellidos... porque eso sería en primer lugar darles demasiada importancia y en segundo lugar aceptar ya la mala fe de sus actos. No, amigo mío, nosotros, aunque a veces nos cueste, no podemos caer en esa tentación... porque nosotros somos creyentes y cristianos y, porque nuestro Dios (que nosotros sí tenemos Dios) nos enseñó a amarnos los unos a los otros.

 

Ya sé que ante la hora difícil que vive España y ante el desastre que se nos avecina por culpa de "esos" que tú quisieras que yo te nombrase... lo fácil sería hacer un "cuadro de honor" con los verdaderos responsables de esta situación, de este despilfarro que ha sido la llamada "transición".

 

Pero, te insisto: los nombres son lo de menos. Los nombres nos llevarían al odio... y no quiero -¡ay!- que en tu corazón pueda entrar el odio.

 

Porque la verdad es que los enemigos de España no son de hoy ni son de ayer. Los actuales enemigos de España son los de siempre: los que ayer traicionaron a Viriato y entregaron España a Roma; los que por envidia se entregaron al moro y abrieron las puertas de Tarifa al invasor; los que por celos se pelearon entre sí y retardaron la deseada Unidad de Isabel y Fernando; los que por "snobismo" se subieron un día al carro de la triunfante casa de Borbón; los que por avaricia otro día se rindieron a Napoleón y entregaron a sus mariscales los tesoros auténticos de la Nación; los que ayer mismo suplantaron el ¡Viva España! por un ¡Viva Rusia! lleno de indignidad...

 

¡Esos son los verdaderos enemigos de España!

 

Es decir, los traidores, los "cursis", los ladrones, los tontos y los perjuros.

 

Porque esos, amigo mío, esos son de verdad los que a lo largo del tiempo han llenado las páginas de nuestra historia de vergüenza y oprobio y los que han manchado el sacrosanto nombre de España de fango y podredumbre.

 

 

ME pides, amigo mío, que con motivo de este nuevo 18 de julio te hable de los males de la Patria y que trate de llevar a tu ánimo decaído un "rayo de esperanza"...

 

...Y tus palabras me recuerdan las de aquel joven angustiado que un día de 1936 se dirigió a don Miguel de Unamuno para pedirle una "receta" con la que poder vencer su profundo pesimismo.

 

¡No! mi buen amigo, aunque tú no lo creas no hay "recetas" milagrosas contra el pesimismo... como no hay "recetas" milagrosas para sacar a España de la postración en que hoy se encuentra.

 

Lo único que hay, lo único que puede haber y lo único que yo te puedo aconsejar es que tengas ¡fe!

 

Fe en ti mismo y fe en los que te rodean. Fe en este noble pueblo español que, a la postre, sabrá comportarse como se comportan siempre los bien nacidos...

 

...Y no sólo por aquello de San Pablo de que la fe mueve montañas, sino porque con fe ¡también se puede vencer al marxismo!

 

Recuerda lo que pasó aquel 18 de julio...

 

También entonces todo parecía perdido y España entera se debatía entre el ser y el no ser.

 

También entonces los españoles se perseguían como chacales y se mataban como fieras salvajes.

 

También entonces se había destrozado la familia y se había corrompido la juventud.

 

También entonces se habían quitado los crucifijos de las escuelas y se enseñaba a los niños el odio, la revancha y la lucha de clases.

 

También entonces se había promovido el paro que lleva a la indignación y al hambre.

 

También entonces se pisoteó la Bandera y se sembró el odio separatista que llevaba -y llevará siempre- a la desmembración de la Patria.

 

También entonces se desprestigió a la Guardia Civil y se dividió al heroico Ejército español.

 

También entonces se puso en peligro la existencia de España como nación...

 

Y, sin embargo, ya ves, al final la fe movió las montañas.

 

NO, amigo mío, no desconfíes del pueblo español. No desconfíes de un pueblo que prefiere "morir con honra a vivir con vilipendio". Que ¿qué puede hacerse ahora?

 

Enciérrate en ti mismo y medita. Medita qué debe hacer un hombre cuando su familia, su pueblo, su Patria y su Dios están siendo pisoteados por los enemigos de siempre... ¡porque yo estoy seguro de que tú mismo sabrás darte la respuesta verdadera!

 

Y, ya sé que tu rebeldía te pide más. Pero, a veces, casi siempre, lo "mejor" no sale de lo "más". España necesita, ahora más que nunca, de hombres con temple, de hombres que sepan dominar la tentación de la fuerza e implantar la fuerza de la razón.

 

Mira, pues, a tu alrededor y contempla a los que te rodean. Porque yo estoy seguro de que si tú sabes vencerte a ti mismo y vencer tu pesimismo..., ¡podrás contagiar a todos!

 

Verás, amigo mío, el problema de España hoy es que todos vivimos esperando que se produzca un milagro y que "alguien" nos libre de esta pesadilla. Y eso no es. Porque eso es lo "cómodo"... y porque no siempre vamos a encontrar un Franco en el camino.

 

Ha llegado la hora de despertar y echar a andar.

 

Ha llegado la hora de que todos cuantos amamos a España demos un paso al frente y a pecho descubierto defendamos nuestros ideales.

 

Ha llegado la hora de que arrojemos por la borda nuestras timideces y nuestras comodidades.

 

Ha llegado la hora de gritar a los cuatro vientos nuestras verdades y nuestros anhelos.

 

Ha llegado la hora de que sepamos superar nuestros personalismos y de que nos agrupemos en legión.

 

Ha llegado la hora de plantearse seriamente que "tenemos que ganar" las próximas elecciones generales; que tenemos que ganar el mundo de la cultura y el de la información; que tenemos que ganar la educación de nuestros hijos y el trabajo de cada día...

 

Convéncete, amigo mío. A los traidores, a los cursis, a los tontos, a los ladrones y a los perjuros... no se les vence sólo con lamentos. Hay que dar ejemplo. Hay que sembrar ilusión. Hay que contagiar entusiasmo. Hay que trabajar sin descanso...

 

Porque así se venció aquel 18 de julio y así se vencerá siempre. Sólo así.

 

(Heraldo Español nº 63, 15 al 21 de julio de 1981)