En el último tercio del siglo XIX, en una región del norte de España vivía un cacique al que toda la comarca conocía por sus mentiras, sus falsedades, su narcisismo, su hipocresía, egolatría, autocracia, codicia. Tenía más esquinas que un paralelepípedo, más caras que un brillante y no le hacía asco a nada con tal de conseguir sus propósitos. Entreverado, escurridizo, reptiloide y un mucho de cobarde pasaba los días de su vida jodiendo a los demás para satisfacer su codicia de poder y su ambición de mandar.

Este hombre, llevado de su narcisismo, planeó hacerse un busto para colocarlo en el centro del jardín que rodeaba su casona. Preguntando que escultor era el mejor de toda España, le dijeron que, precisamente, en los límites de la región y colindante con la siguiente, vivía el escultor que él buscaba. Mandó preparar su calesa, ordenó viandas para tres días y en la mañana de un día marchó ufano a conocer al escultor.

Llevaba día y medio de viaje y en el último tercio del camino que le llevaría hasta el escultor, en las inmediaciones de un pueblo, observó como una delgada columna de humo se elevaba en el horizonte no lejano. Más cerca ya del sitio de donde procedía el humo, comprobó que se trataba de una herrería. Se dijo que descansarían un rato, él y el caballo, y después preguntaría al herrero por el lugar exacto donde vivía el escultor. Detuvo la calesa bajo la sombra de una frondosa encina, dejó pastar al caballo, al tiempo que él, sentado sobre una piedra, comía trozos de jamón y queso regados con vino. Terminado el descanso y el yantar, enfiló hacia la herrería. Detuvo el carruaje frente a la entrada y dirigiéndose al herrero que golpeaba una pieza sobre el yunque, le preguntó que distancia había aún hasta la casa del escultor. El herrero, detuvo su golpeteo y escudriñando su rostro, le contestó que quedaba poco camino. – Podría indicarme más o menos a fin de no equivocarme. - Por supuesto. siga ese camino que tiene a su izquierda, al cabo de unas tres leguas, se encontrará una bifurcación; tome el camino de la izquierda y a media legua más o menos encontrará la casa del escultor…Don Pedro. - ¡Ah! ¿Me conoce usted? – A usted se le conoce en toda la región, incluso más allá de ella. Como verá el camino es fácil…pero usted jamás podrá llegar hasta la casa del escultor. Don Pedro quedó perplejo y mudo durante unos segundos hasta que preguntó: ¿Por qué yo no podré llegar hasta el escultor? Me lo quiere explicar. – DON PEDRO, USTED NO PODRÁ LLEGAR PORQUE PARA LLEGAR HASTA ALLÍ HAY QUE IR “POR DERECHO” Y USTED…