Sr. Director:

Es el lenguaje propio de nuestro tiempo”. Esta ha sido una de las espurias escusas del deán de la Catedral de Toledo por los sucesos acaecidos en el interior de la Catedral Primada. Después de leer la Carta del Sr. Nicolás de la Pineda y ver el vídeo he tenido ganas de vomitar.

Sin embargo, el Sr. Deán tiene razón: “Es el lenguaje propio de nuestro tiempo”. Un tiempo que en mucho se parece a aquel otro de los años 30, donde las Iglesias, los consagrados, los seglares y simples hombres y mujeres de fe eran vejados y asesinados de las maneras más retorcidas que mente humana puede idear.

Hoy, como en aquellos años, en el régimen de 1978 ha llegado -a ojos de todos- a la más profunda corrupción, y la casta (incluida esta corrupta Dinastía masónica) no parará hasta que todos los españoles estemos en la ruina soviética. Ruina espiritual, moral y material. Al tiempo, como en aquellos años, se promueve y se financia el separatismo y se hacen leyes electorales had hoc que lo favorezca. Hoy, como en aquellos años, la justicia está sometida a los políticos y al gobierno, y se manipulan las encuestas y hay detalles que me llevan a pensar que también se manipulan las elecciones con sistemas informáticos. Y no puedo dejar de citar que hoy, como en aquellos años, se secuestra y se mata (de ETA a la trama denunciada en el Expediente Royuela, en espera de confirmación judicial si es que llega a producirse).

Como en aquellos años, hoy también se promueve y se financia el desprecio a nosotras, a nuestra feminidad; el desprecio al matrimonio y a la familia, el desprecio a los concebidos (asesinato-aborto) y a los ancianos y a los enfermos (eutanasia). Desprecio a la vida huma. Como en aquellos años, se difunden truculencias y orgías por diversos medios (pintura, escultura, escritura, cine…). Lo llaman arte y es promovido y subvencionado por el Estado con el dinero de todos. Hoy, como en aquellos años, se fomenta el odio. Odio hacia los que no se inyectan venenos. Odio hacia los que nos negamos a llevar bozal. Odio hacia los que somos católicos. Odio hacia los que defendemos un orden tradicional de las cosas y el imperio de la ley de Dios sobre todo lo humano.

Sin embargo, hay algunas diferencias entre “el ayer” y “el hoy”. En aquellos años, en la Iglesia no se proclamaban doctrinas extrañas ni exóticos amores hacia una inexistente madre tierra ni hacia demonios Pachamama. Hoy, desde dentro de la Iglesia, se fomenta la inquina hacia los que intentamos vivir conforme a las perennes enseñanzas de la Iglesia Católica y no queremos claudicar ante nuevas doctrinas mundialistas, globalistas y pachamamas, emanadas -por desgracia- desde la Silla de Pedro. Hoy, desde dentro de la Iglesia, a las que somos madres de varios hijos se nos insulta llamándonos “conejas”.

Pero sobre todo, en España, la diferencia entre “el ayer” y “el hoy” es que los sacrilegios y la destrucción de iglesias se llevaba a cabo desde el interior de la Iglesia Católica. Hoy, tanto es el viento espiritual del Concilio que ha arrasado con multitud de consagrados, presbíteros e incluso obispos (Novell, por ejemplo). La fe ha desaparecido -ha sido asesinada- de la sociedad ¿qué grado de culpa tiene la actual jerarquía y sus sacerdotes y diáconos (los pocos que quedan, claro)?

En aquellos “maravillosos años” republicanos se ejecutaban horrendas profanaciones de iglesias. Milicianos organizaban orgías con monjas secuestradas (detenidas, decían) a las que violaban en los altares del Santo Sacrificio de la Misa. Milicianos y mujerzuelas se exhibían desnudos en bailes obscenos que acababan en general fornicación, violaciones y asesinatos. Macabros espectáculos para solaz de milicianos vestidos con ropajes sacros (como en el catedralicio video). En muchas ocasiones “la fiesta” era abierta a las gentes que -deseosas de participar- entraban en las iglesias a ver el criminal espectáculo.

Hoy, el cine, el teatro, todas las artes están llenas de espectáculos similares que se difunden en salas de proyecciones, como la televisión y el internet. “Es el lenguaje de nuestro tiempo”. Y la Iglesia de Toledo quiere hablar este lenguaje de la perdición de hombres y mujeres, de almas. ¿Qué decir de un vídeo, realizado dentro de la Catedral Primada, donde un hombre y una mujer (y aún podrían haber sido dos hombres o dos mujeres) realizan un baile más que erótico, simulando actos sexuales de todo tipo?

He leído los comunicados del Arzobispo y del Dean respecto al video. Y, como mujer, no sé qué me da más asco, si el video o la desfachatez de estos dos altos jerarcas. Respecto al video me apena y me causa dolor porque toda esa podredumbre sucede en la Catedral. Es un puñal en mi alma por el sacrilegio permitido, aprobado y realizado. Pero la desfachatez de estos dos jerarcas me enfurece y me subleva. El Arzobispo, intentando exculparse, lamentando (simplemente) y reduciendo la cosa a una situación protocolaria y administrativa. El Deán, también intentando exculparse y argumentando que es “el lenguaje propio de nuestro tiempo”. Efectivamente. Es el lenguaje de él y de gentes como él, para quien la promoción del sacrilegio, la blasfemia y de pecados como los que aparecen en el video son buenos para atraer a personas separadas de la Iglesia. Definitivamente, hemos llegado al envilecimiento más rotundo.

Y pensar que mis abuelos, en 1936, dieron su vida por Dios, por la Iglesia, por la fe y por España. ¿Qué les parecería a todos los mártires que, como ellos, así ofrecieron sus vidas? La respuesta es clara: “¿Hasta cuándo, oh Señor, esperarás para juzgar y vengar nuestra sangre?” (Ap. 6.10) Entonces, esos envilecidos gritarán a las montañas y las rocas: “¡Caed sobre nosotros, y escondednos de la presencia del que está sentado en el trono y de la ira del Cordero! Porque ya ha llegado el gran día del castigo” (Ap. 6.16), pero esos depravados no tendrán dónde esconderse.