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Seguramente tienen razón los que me critican que hable tanto del Pasado y tan poco del Presente y del Futuro, pero es que si hablo de lo que estoy viendo y viviendo me tengo que ir al Hospital más cercano y si hablo de lo que se nos avecina tengo que irme rápido a la cárcel más cercana antes de que me lleven detenido...así que prefiero el pasado, mi Pasado. Porque todo lo que recuerdo me alegra el corazón, tal vez porque no había televisión ni móviles, ni "wassatks", ni tarjetas... para amargarme la vida... y España era España.
                  Pero, sí, volvamos al baúl de los recuerdos, al encuentro, hoy, de aquellas "Nochesviejas" gitanas que pasé los años años 1957 y 1958. Ya ven, yo tenía 17 y 18 años. No tengo que decir que las Navidades eran las fiestas del año por excelencia, con un prólogo (el canto del "Gordo" por los niños de San Ildefonso el día 22 de diciembre) y un epílogo (el día de Reyes y los regalos)... y las dos Noches mágicas: la Nochebuena, con los villancicos que cantaban por las calles y las casas los grupos más heterogéneos
                               
                                               "Los pastores no son ´hombres,
                                                que son ángeles del cielo
                                                 y en el portal de Belén
                                                 ellos fueron los primeros...
                En el portal de Belén/ hay estrellas, sol y luna/ la Virgen y San José
                                                  y el Niño que está en la cuna.
la Cena familiar de obligado cumplimiento, con pavo incluído, mantecados y torticas para todos... y la Misa del Gallo, con la alegría de ver nacer al Niño, con los ojos llorosos del  Licor 43.
                              "Alegría, alegría, alegría y placer, porque va a nacer el Niño
                                                              en el Portal de Belén
                                Alegría, alegría, alegría y placer, porque ha nacido el Niño
                                                              en el Portal de Belén"
            Y la otra noche especial, la más especial del año... (¡Dios, con qué ilusión vivíamos aquellos españoles la Noche del 31 de diciembre, el año que se iba, al 1 de enero, el año que llegaba, esperando o sabiendo ya que el año nuevo sería mejor que el  viejo!): la NOCHEVIEJA.
La noche loca, la noche de la botella y la zambomba, la noche del amor soñado y a escondidas, la noche que no tenía fin... Allí, en mi pueblo, mi pandilla tenía, teníamos, un modo curioso de celebrar la Nochevieja (con permiso de mis lectores voy a tratar de recordar uno a uno los miembros de aquella pandilla que ha sobrevivido incluso a la muerte: Estábamos Antonio Pérez, Pepe Cabello, Rafael Bellido, José María Rebanás, Luis Márquez, Paco Izquierdo, Manolo Martínez, Manuel Merino, Antonio Ortega, Manolín Izquierdo, Antonio Flores, Antonio José García ,Julio Oteros, Julipi García, Federico Merino, Federico Ortega, Federico Izquierdo y...naturalmente yo, Julio Merino). Por la tarde ya nos reuníamos en "Casa Don Pepe" para iniciar la Ronda del Pueblo, una copa en cada una de las tabernas existentes por entonces. Luego, la Cena Fin de Año y las Uvas con toda la familia, primos, tíos, sobrinos y demás ralea... ¡Ay, pero después, venía lo mejor. Nos volvíamos a reunir todos (aunque algunos faltaban ya por la copa de más de la tarde) y cada uno con su botella en el bolsillo (ya no había vino, ya eran licores... hasta wisky, que entonces era cosa rara, pero que la aportaba siempre el más especialista de todos, el Antonio Ortega)... y de "casa Pepe" a la Almeina, donde vivía una familia de gitanos estables y bien avenidos con los "payos", para pasar con ellos la Noche. Así que en cuanto entrábamos se cerraban las puertas y de allí no salía ni Dios mientras hubiese algo que beber... y entre trago y trago, flamenco, pero flamenco del bueno y baile, los hombres de la familia cantaban por soleares, por seguidillas, fandangos, martinetes, bulerías y yo qué sé, y las mujeres, abuelas, hijas, nietas y biznietas bailaban... hasta que "hartos y borrachos" se abrían las puertas y entrábamos en el nuevo año... y que no me hablen a mi mal de los gitanos, porque yo soy como el gitano de Lorca... ¡y me porté como un gitano legítimo y no quiero decir por hombre las cosas que ella me dijo!.