Buenas tardes, señores del excelente medio El Correo de España:
 
El artículo de don José Antonio Bielsa Arbiol sobre la apostasía en España, excelente en muchos argumentos, no es correcto en unos pocos. Para empezar, recordemos a los pesimistas o bajos de ánimo, que Nuestro Señor Jesucristo mismo nos enseñó que las puertas del infierno no prevalecerían sobre su Iglesia, la verdadera y única, la de San Pedro, la católica. Además, aunque las persecuciones, martirios, apostasías, traiciones, herejías, blasfemias, cismas y demás desgracias se han dado con mayor o menor intensidad durante los últimos dos milenios, como bien nos advirtió también Nuestro Señor (no es más el siervo que el Amo), la Iglesia sigue y seguirá en pie pase lo que pase, incluso sobre nuestra sangre y vidas. Y eso aún en estos terribles tiempos de creciente ateísmo materialista, subordinación a satanás, cobardía, traiciones y apostasía generalizada. Por cierto, ahora, en nuestros atribulados tiempos, es cuando más mérito tiene para todo hombre o mujer el ser católico verdadero fiel a Nuestro Señor Jesucristo, cuando más peligroso y más desgracias, desprecios, burlas y martirio acarrea. Cuanto más intensa y sangrienta es la cruzada espiritual, cuanto más nos aceche la sombra tenebrosa de la muerte y de la derrota, cuanto más perdida parezca la causa de Dios en el mundo, su plan de Salvación, es precisamente cuando más sentido tiene fortalecer hasta el extremo nuestra Fe en Dios Redentor, aún a contra corriente del mundo entero. Como San Lucas nos muestra en su Santo Evangelio de palabra del mismo Jesucristo en Lc 21 28 "Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación".
 
Ahora bien, don José Antonio, parece olvidar a las miles de almas consagradas que, en unión con la Santísima Virgen María, desde el silencio de sus conventos, monasterios, abadías y templos de clausura detienen con su caridad (la verdadera caridad cristiana, la que se hace en secreto sin que tu mano izquierda sepa lo que hace tu mano derecha) y, sobre todo, su oración y mortificación continuas, el justo castigo que del lagar de la Ira de Dios puede estar a punto de derramarse sobre la humanidad por su ilimitada ingratitud a Dios traducida en toda suerte de ultrajes, sacrilegios e indiferencia a la Pasión Redentora de Nuestro Señor. A ellos se debe, más que a nadie, que no estemos ardiendo desde hace tiempo como si estuviésemos en el infierno. Y ellos, las almas consagradas de clausura, son la élite verdadera y las joyas queridísimas de la humanidad, siempre en el silencio, la pobreza, la castidad, la obediencia a Dios y la discreción de su vida en santidad, apartados del mundo y en compañía inseparable de Dios, pero rezando por todos los que en él sufrimos por tanto mal. Téngase en cuenta que bien sean los benedictinos, los dominicos, los franciscanos, los y las carmelitas descalzos, las hermanas doroteas, los jesuítas, los cartujos, etc., todas son congregaciones que, creadas dentro de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, tratan de mantener la pureza de la Fe ante tanto escándalo en el mundo. Y así ha sido siempre en los últimos dos milenios.
 
El señor Bielsa Arbiol, como la mayoría de nosotros, los católicos, solemos referirnos erróneamente a la Iglesia no como lo que realmente es, la totalidad de la comunidad de los creyentes, consagrados o no consagrados, sino como el grupo de obispos, arzobispos, cardenales y el papa, que suelen establecer, mediante encíclicas y cartas pastorales, el Magisterio y la postura oficial de la Iglesia, con poca o ninguna consideración a la "chusma" que somos los no consagrados, los feligreses (aunque para el Señor no hay favoritos y Él decide a quién revela la Verdad). Y, teniendo en cuenta que hablamos de hombres, que no del mismo Dios, ni de sus ángeles y sus santos necesariamente, hablamos de seres sometidos al pecado y a todo tipo de males mundanos que les pueden llevar a obrar o manifestarse de un modo completamente contrario a la Santísima Voluntad de Dios expresada en las Sagradas Escrituras, especialmente en los Santos Evangelios. A veces por ignorancia, a veces por miedo al mal propio o de los feligreses, a veces por engaño y, a veces, por mantener las apariencias de la corrección política e intereses que nada tienen que ver con la Fe y sí con inclinaciones políticos y materialistas personales. De ahí surge la grave apostasía de tratar de "acompasar" la Iglesia a los tiempos, de lograr el "aggiornamento", la "modernización" del Evangelio, la "puesta al día", en definitiva, de hacer un "jesucristo" a la medida de los intereses materiales y políticos de cada cual, que desemboca fatalmente en la toma de posturas totalmente mundanas, materialistas y políticas, como hace un milenio ocurrió con la secta ortodoxa y hace cinco siglos con las sectas protestantes y anglicanas. Así, hoy tenemos obispos que son, unos proclives, como bien dice don José Antonio Bielsa, al liberalismo  (y conservadurismo) o posturas de derechas, y, otros proclives al anticristo marxista, como son los de la teología de la liberación, tan extendida por desgracia en la América española (que no Latinoamérica, que allí ni se habló latín ni llegó el Imperio Romano, sino los españoles), o su versión más moderada llamada doctrina social de la Iglesia, tan extendida por Europa (por cierto, que Franco NO llevó a cabo en su régimen en absoluto [1], como tampoco la liberal conservadora, a tenor de los hechos, que no de la teoría o los discursos filosóficos). Unos parecen querer "adaptar" el Mensaje de los Evangelios a los intereses del dinero, del becerro de oro, y otros al mismo Anticristo marxista, cometiendo así apostasía y buscándose de este modo la ruina eterna de sus almas si no rectifican su proceder a tiempo con actos de contricción perfecta.
 
El señor Bielsa Arbiol, como todo verdadero católico, bien haría en tener en cuenta que la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, como esposa y cuerpo formado por innumerables miembros, debe estar SIEMPRE al servicio de Dios Nuestro Señor hecho hombre en Jesucristo, su fundador, no de tal o cual ideología, imitando el ejemplo de Él, su fundador, que no tomó parte ni por celotes, ni por escribas y fariseos, ni por saduceos, ni por romanos, ni por samaritanos, etc. El Señor Jesucristo vino a llamar a la humanidad entera, es Dios de todos a los que ama hasta el extremo (lento a la cólera y rico en piedad, en Misericordia, que no quiere la muerte del malvado, sino su conversión), no como los falsos profetas satánicos tipo Mahoma, los herejes y blasfemos seguidores de Enrique VIII, Lutero y sus príncipes alemanes, Calvino, sus ricos mecenas y sus monjes materialistas, los idólatras del buda Gotama, los seguidores de un príncipe de Kiev del siglo X, los del príncipe indio Krisna, etc. No es la Iglesia Católica, depositaria del mayor tesoro de la humanidad, la Palabra de Dios plasmada en los Evangelios y revelada por sus santos y santas de todos los tiempos, la que ha de adaptarse a la política, los gobernantes del momento, las leyes y constituciones de hombres, o las modas o "valores" imperantes en el mundo en cada momento históricosino que nosotros, los hombres y mujeres criaturas de Dios Nuestro Señor, somos los que hemos de cumplir su Santísima Voluntad según nuestra vocación personal, adaptándonos a lo que Dios espera de nosotros. Jesucristo Nuestro Señor es nuestra razón para existir, es el centro de nuestras vidas, no el mundo en el que estamos, pero del que no somos. Y, desde luego, no hace falta ser un eminente erudito de la historia y la teología para constatar el insalvable abismo diferencial según lo que Jesucristo nos prescribe en los Evangelios y  lo que los hechos históricos, que toda persona fiel a la verdad conoce, han mostrado, entre un régimen nacional católico como el del gran caudillo católico victorioso Francisco Franco y su España patriota y católica (como muchos otros reyes de España del pasado y sus súbditos) y los políticos democráticos de derechas o izquierdas sin excepción (sus enemigos irreconciliables) junto con sus afiliados y votantes, todos ellos enemigos extremos de Dios y de la verdad, materialistas y ateos sin excepción o peligrosamente analfabetos. Mientras la España de Franco y su propio caudillo se ajustaron mayoritariamente a la Fe en Cristo y a cumplir la Voluntad de Dios en una España católica reserva espiritual de la cristiandad en medio del infierno materialista que dejó la guerra acabada en 1945 en todo el mundo [2], la España democrática ha seguido la estela del resto del mundo por puro interés material (pero solo el de los políticos, sindicalistas y grandes empresarios, los tiranos elitistas que nos han llevado al actual desastre), la de los que se encaminan al infierno por el amplio y espacioso camino de la perdición democrática, los que no solo han arrinconado a Dios, sino que lo han despreciado, se han burlado de Él cual fariseos y escribas a pie de la Cruz, martirizando a los católicos que no han apostatado sucumbiendo a la cobardía, el complejo, el miedo a verse solos y la "salvaguarda de la reputación social" ante el mundo, aún de miles de maneras sutiles a cual más satánica, y han pretendido vivir sin Él en la más absoluta soberbia narcisista y ególatra, pretendiendo suicidamente que se puede vivir sin Dios, que no necesitan a Dios para nada (mayor locura no cabe concebir) [3].
 
En hombres como Franco y José Antonio Primo de Rivera, así como en multitud de personas de lo que se ha dado en llamar extrema derecha (patriota de verdad, no por dinero o política, sino por amor sincero y desinteresado a nuestra tierra y su gloriosa historia incomparable, aunque no nos guste por nuestra vocación de perfección, paramilitar porque la vida castrense implica virtudes muy cristianas de orden, disciplina, sacrificio, sufrimiento, reciedumbre, obediencia, valentía, fortaleza, templanza, lealtad, nobleza, frugalidad, etc., furibundamente antimarxista y antidemocrática, porque un hombre de Dios no puede aceptar las maquinaciones del diablo que son la democracia y el marxismo. ¿Un "dios" elegido en unas urnas? ¿Un Camino, Verdad y Vida salidos de los votos de mayorías como las del ¡Crucifícale!?), vemos una clara subordinación a Jesucristo Nuestro Señor y su Santísima Voluntad, una alegre aceptación de Dios Nuestro Señor en sus vidas y del catolicismo contenido en los Santos Evangelios ("La vida es milicia y ha de vivirse con espíritu acendrado de servicio y de sacrificio", proclama el punto 25 de FE de las JONS, por ejemplo. ¿Algo más cristiano en los partidos democráticos, todos amigos del diablo y del becerro de oro?) y no solo teórica (con los errores propios de su tiempo y de la condición que tenemos de simples criaturas pecadoras de polvo y barro dotadas de alma querida por Dios), sino con los hechos históricos que reflejan sus frutos de su paso por la vida. Todo ello muy lógico en quien ama a Dios sobre todas las cosas, a España, sus tradiciones católicas, a su familia y a todo lo bueno y santo, pues fue el mismo Dios, en nuestro caso, el de los españoles, el que forjó nuestra amada patria (siempre espiritualmente fiel a Jesucristo, no lo olvidemos jamás), uniéndola allá por el siglo IX en el Camino de Santiago, fue el mismo Dios el que, por medio de sus almas consagradas de clausura, el que dotó a nuestra amada patria de una lengua en la que hoy hablan y rezan más de 530 millones de hombres y mujeres en el mundo, el español, y fue el mismo Dios el que acaudilló desde el Cielo nuestra gloriosa Reconquista contra los seguidores del falso profeta satánico usurpador de los musulmanes, el que nos acaudilló contra los turcos por la cristiandad de Europa entera, contra los protestantes por el bien de la cristiandad, la piratería otomana e inglesa (envenenada de envidia de las proezas de los españoles por toda la tierra), el que acaudilló la española evangelización de la tierra (América, enclaves africanos, oceánicos y asiáticos) por medio de nuestros santos y santas, mártires, soldados de cristo y misioneros (haciendo de España una "multinacional" de todos ellos y motivo de alegría y agradecimiento de todo español de buen corazón) y extendió la prosperidad natural cristiana a todo el orbe por medio de españoles aventureros, nobles, intrépidos y católicos, con gran desprecio por el peligro y desafiando a la muerte conscientes siempre del carácter trascendental del ser, de la criatura de Dios.
 
En definitiva, no es solo que los miembros jerárquicos superiores de la Iglesia Católica, salvo excepciones cada vez más marginadas, han adoptado posturas políticasmayoritariamente de la marxista moderada o socialdemócrata y satánica doctrina social de la Iglesia (especialmente desgraciada porque hace creer demoniacamente a muchos católicos que el socialismo moderado o socialdemocracia es bueno para los pobres, que éstos han de confiar en una "buena intervención pública de un buen político de la doctrina social de la Iglesia". Vaya engaño más diabólico pensar que nuestra vida debe estar en manos de políticos y no de Dios en quien debemos confiar en exclusiva como con insistencia nos han enseñado santos y santas de todos los tiempos), aunque también liberal conservadoras masónicas, sino que con ello han abandonado a Jesucristo, quien les llamó a su consagración para evangelizar y no dar mítines en favor de a saber qué poderes ocultos, y han empezado a servir a intereses materialistas, de políticos y sus partidos, de sindicatos, de gobernantes, logias, ongs, empresarios globalistas [4], etc. Y esa es la desgraciada apostasía que ha llevado a una crisis de vocaciones a la vida consagrada y a un vaciado de templos que no se conocen desde los tiempos de Nuestro Señor (en proporción a la población mundial, se entiende). El fiel que no tiene una fe sólida, una confianza grande en el Sagrado Corazón de Jesús, atribulado, acosado y confundido, acaba por abandonar la misa ante tanto escándalo y falta de fervor en Dios en quienes debían apacentar el rebaño y sus ovejas.
 
 
 
[1] El Régimen del Generalísimo Franco NO fue en absoluto conforme a la doctrina social de la Iglesia (DSI), cuyos principales baluartes son materialistas, ateos y políticos: solidaridad, principio de subsidiariedad, bien común, justicia social, seguridad social, sindicatos, derechos de los trabajadores, etcLa DSI fue una creación política-diplomática (que no católica) de León XIII en un momento en el que el marxismo, por medio de la acción terrorista sindical y de partidos liberales exaltados y socialistas, cada vez atraía a más trabajadores envenenados por ese perverso anticristo marxista que no ha hecho jamás nada bueno y sí mucho mal aprovechándose de la codicia y servilismo al becerro de oro de los liberal-conservadores, tan desconsiderados con los pobres. Posteriormente, en el Concilio Vaticano II, los teólogos de la liberación, que inundaban las facultades de teología en la década de los sesenta del siglo pasado como nos ha recordado Benedicto XVI, elaboraron una versión más socialdemócrata, dando lugar a la DSI, pero siempre dando prioridad a la política (siempre atea y propagadora de la mentira, pues para un católico no hay más Verdad que Cristo y no admite discusión política alguna) sobre la evangelización, e imponiéndola sobre el papa, los cardenales y obispos, engañados con la idea de que el socialismo es bueno para los pobres (nada más satánicamente falso y dañino a nuestra Fe). Aún hoy uno puede escuchar en Radio María, por ejemplo, sacerdotes como el P. Raúl Muelas, el P. Mario Ortega, el P. Roberto Visier, el P. J. A. Medina, etc., que consideran la política como el "más noble arte al que todo ser humano puede dedicarse". Colosal apostasía propia del demonio. No se puede ensalzar el "arte" diabólico de la seducción a la categoría de noble. La política consiste en engañar, manipular, estafar, hacer demagogia, faltar a la Verdad siempre, promover todo tipo de males, apuñalar a propios por la espalda, vender por 30 monedas de plata al mejor postor incluso a lo más sagrado a cambio de alcanzar el poder en beneficio de un determinado grupo de presión. ¿Qué tiene que ver todo esto con la evangelización a la que todo católico está llamado no por papa alguno, sino por el mismo Dios encarnado?. Nada noble hay en la política y, mucho menos, cristiano. Y sí hay mucho fariseísmo e hipocresía, aparte de crimen, corrupción y todo tipo de depravación y degeneración. Para el católico, la Verdad no admite la más mínima discusión ni está sometida a los relativismos morales de la política, siempre repugnante y mezquina, propia de mercaderes sin moral alguna, como los que Cristo Jesús expulsó del Templo movido por el celo que le consumía por Nuestro Padre Celestial, propia de los escribas y fariseos que le llevaron a la cruz por envidia sin reflexionar siquiera sobre los milagros y prodigios que realizó, que no podían venir de nadie más que del mismo Dios.
 
Jesucristo Nuestro Señor, modelo de perfección y verdadero Dios, predicó y practicó siempre la Caridad cristiana o amor al prójimo, que San Pablo define por inspiración divina en 1 Co 13 4 8: "La caridad es paciente y bondadosa, la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa ni orgullosa; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acabará nunca...".
La solidaridad de la DSI no aparece por ninguna parte ni en los Santos Evangelios ni en el AT ni en el NT, y sí en los escritos y discursos de K. Marx, Lenin, Stalin, Mao Tse Tung, Pablo Iglesias, Pasionaria, Negrín, Largo Caballero, etc. La solidaridad es la respuesta común ante un determinado mal MATERIAL. ¿Es paciente y bondadosa la solidaridadel "proletarios del mundo uníos", las pólizas de seguros, la sanidad pública de "barra libre" y despilfarro descomunal con aborto y eutanasia incluidos, los socios colectivos de las sociedades de capital personalistas ante las pérdidas que obligan a liquidar la empresa,...? ¿No es envidiosa ni jactanciosa y sí decorosa la solidaridad (predicada a bombo y platillo por sus hacedores más célebres, los políticos)? ¿No prescribió el Señor en Mt 23 5: " Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres..."o bien Mt 6 1-4: " Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; en tal caso no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Así que, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que con eso ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha. Así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.", etc.? ¿No busca SU INTERÉS la solidaridad (pregunta clave para distinguir, pues no hay otra palabra que defina mejor a la solidaridad que el mero interés material)? ¿No se irrita, no tiene en cuenta el mal, no se alegra con la injusticia la solidaridad (especialmente cuando fuerzan a uno a serlo por ley, cuando el frugal, el sobrio, el humilde ha de sufragar solidariamente los gastos del pródigo, del despilfarrador y del vividor)? ¿Se alegra con la verdad la solidaridad o más bien la oculta? ¿La solidaridad todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta y no acabará nunca? Es claro que hoy es católico verdadero quien quiere serlo con arreglo a la Caridad o amor al prójimo, verdaderamente cristianas, solidario desde luego NO, porque pueden obligar a serlo contra la voluntad de uno. Ya Monseñor Munilla, obispo de San Sebastián, reconoce que no se puede "secularizar" la Caridad.
El principio de subsidiariedad (por supuesto que materialista y socialista intervencionista) es contrario al abandono que el mismo Jesucristo a través de tantos santos y santas (por ejemplo, a través de Santa Margarita de Alacoque y del beato Bernardo de Hoyos en referencia a la consagración al Sagrado Corazón de Jesús. ¿Tenemos que decirle al Señor cómo ha de curar nuestra alma y cuidar de nosotros y lo nuestro?) predica para todo fiel a Él y en todo (alma, vida, salud, familia, intereses materiales incluidos, los que se nos darán por añadidura, etc.). La DSI confía en los políticos, en los gobernantes y en el EstadoLos católicos de verdad confían solo en Dios, en el Sagrado Corazón de Jesús y en el Inmaculado Corazón de María. Y no se le ata las manos a Dios. Y nadie puede suplantar a Dios y tratar en erigirse en protagonista vanidoso y egocéntrico en la vida y actividades de los demás. El Estado ha de servir al hombre y éste a DiosY no prescribir a Dios y subordinar el hombre al Estado con un principio de subsidiariedad muy socialista y anticristiano. Si Dios nos otorgó el libre albedrío, ¿quién es un maldito político, sindicalista, patrono, personalidad "importante", etc., sea del signo que sea y por muy idolatrado y votado que sea, para cercenarlo?
En las Sagradas Escrituras no se habla de bien común alguno. Se habla de Bien sin más. El colectivismo y comunitarismo ha dado los más atroces resultados tanto material, como espiritualmente en los regímenes marxistas y democráticos. El individualismoen el orden material de las cosasno es más que procurar el bien de uno y de los suyos sin perjudicar el de los demás en lo más mínimo (predominó en USA hasta bien entrado el siglo XX y trajo consigo la construcción de la nación más poderosa y próspera, que dio de comer al hambriento y de beber al sediento, de la tierra a partir de los más pobres y desheredados que venidos de Europa encontraron las oportunidades que el infierno liberal conservador y marxista les negaba satánicamente y clamando al Cielo por semejante afrenta anticristiana hoy tan frecuente en las socialdemocracias de la estafa del bienestar). El individualismo es posible y deseable ya que lo contrario es generar dependencias electoralistas catastróficas para todo el conjunto de la humanidad. Lo que no es deseable es tratar de quitar la paja del ojo ajeno sin reparar en la viga del propio, algo tan connatural al vanidoso político de turno, como pretenden los socialistas del bien común o comuna pro soviética hippie de la DSI tratando de subordinar la vida de todos a sus intereses. Solo es admisible toda colectividad fundamentada en la donación y el amor al prójimo. Y tales colectividades son contadas y sagradas: la Iglesia Católica y sus congregacionesla patriael ejército (siempre ecuánime en cuanto a escalas y respetuoso entre sus miembros independientemente de la jerarquía) y la familia. El sindicato, la patronal, el gremio, la asociación, el partido político, la ong, la logia y toda asociación que persiga un interés de un grupo de presión particular cercenando el libre albedrío de los demás debe ser proscrito sin contemplaciones, incluso con la fuerza de las armas y bajo una dictadura católica de mano de hierro. No hay "bien común" católico. Hay Bien sin más.
Lo de la justicia social es totalmente marxista. Es precisamente lo que han difundido los partidos socialdemócratas, socialistas, comunistas y progresistas siempre y en toda naciónNo hay alusión a "justicia social" alguna ni en el AT ni en el NT. La "justicia social" es cosa de políticos que quieren ganar elecciones, nunca evangelizar ni ser fieles a Jesucristo (como en la cita de Mt 6 queda bien establecido, la Justicia que agrada al Señor es otra bien distinta). Es falsa e hipócrita por política, solo pretende ganar adeptos sean del signo que sean sus defensores. En nombre de la justicia social se ha destruido la riqueza que hubiese sacado del hambre y la muerte a decenas de millones de hombres y mujeres. La justicia social, marxista sin paliativos, no da de comer al hambriento ni de beber al sediento. Si nuestra justicia no es superior a los predicadores marxistas de la justicia social farisea no entraremos, con toda seguridad, en el Reino de los Cielos. La justicia social de la DSI promueve los impuestos (robo, y por tanto pecado mortal y declaración de enemistad contra Dios) "justos" (que no existen) y las subvenciones (que hacen indignos, hipócritas y fariseos a quienes viven de ellas y que en realidad no necesitarían si tuviesen oportunidades como Dios manda para poner a trabajar sus dones naturales otorgados por Dios) como si el hombre, sea cual fuere su origen y condición, no se bastase para sobrevivir en función de sus dones (hoy un ciego, un sordo, un cojo o una persona con síndrome de down puede ser un profesional excepcional y valiosísimo. Todo el mundo vale. Desvalorizar a alguien no es que sea malo, es falso.) y con la ayuda de Dios y la Caridad de familiares y demás personas en situaciones las más de las veces transitorias (invalidez o vejez). Los impuestos y las subvenciones, tan beneficiosas para los políticos y su compra de votos con el dinero ajeno, generan dependencia, perpetuando la pobreza y la imposibilidad de realización personal, y servilismo electoralista, generan un control policial de la totalidad de la población en busca de "defraudadores", subestiman a todo ser humano impidiéndole desarrollar su vocación profesional del modo más satánicamente terrorista, cercenando toda oportunidad de vivir del pan ganado con el sudor propio y no ajeno. Los denominados "paraísos fiscales", en los que no hay apenas impuestos y subvenciones, demuestran que la intervención del Estado es fuertemente perjudicial, especialmente para los más pobres. En esos "paraísos fiscales", los más pobres viven mejor que en España muchos de ingresos medios. Defender los impuestos y las subvenciones no es católico para nada de nada. Y no vale lo que el Señor contestó a los fariseos de dar al César lo que es del César y dar a Dios lo que es de Dios. Para empezar los impuestos no se dan ni se donan, se pagan coactivamente. Además, dada la maldad y el deseo de acabar con Jesucristo por envidia, los fariseos le tendieron la trampa de ponerle contra la espada y la pared. Pero de Dios no se burla nadie. Y le contestó la Verdad, que con la moneda con la que se paga al César, no se "paga" a Dios. Es evidente que los impuestos son un robo, pero haber contestado así, hubiese puesto al Señor contra los romanos y el Señor no se dejó enredarEl Estado, como la Iglesia, se ha de nutrir de las donaciones libres, responsables e individuales, según conciencia y no coacción (en dinero, horas de trabajo, tierras, inmuebles, activos físicos y financieros, conocimiento y tecnología, etc.), nunca de las imposiciones, tan contrarias al libre albedrío y al uso de los dones, cinco, dos o uno, con que Dios nos dotó. No hay caridad verdadera si no sale del corazón y del libre albedrío y responsabilidad personal. La "caridad" forzada o solidaridad fiscal no es caridad ni es nada.
La seguridad socialde la que tanto se jactan los falsos católicos de la DSI, es una de las mayores estafas (piramidales y políticas) de la historia del último siglo. Es socialista, cercenadora de creación de riqueza al afectar muy negativamente a la tasa de ahorro nacional y a la de crecimiento del PIB per cápita a largo plazo (como reconocen todos los economistas serios), vital para salir de la pobreza (o si se quiere, para dar de comer al hambriento y de beber al sediento, en términos escatológicos), estafa porque alimenta al padre jubilado (que previamente fue saqueado a la fuerza y no contribuyó voluntariamente a ella) con lo que se roba (que no viene de donación, sino del robo de las cotizaciones, y por tanto del anticristo fariseo marxista) al hijo, es una fuente de corrupción, arbitrariedad e ineficiencia escandalosafomenta el desentendimiento de los hijos respecto a los padres (que acaban abandonados, desatendidos y recluidos en residencias de ancianos, nunca rodeados de seres queridos en el hogar familiar como antaño, aunque se viviese de forma más pobre), fomenta el odio entre regiones, los privilegios arbitrarios concedidos por políticos satánicos ávidos de poder y votos, el infantilismo de la sociedad que no sabe ahorrar para cuando esté enferma o sea mayor desestimando toda creencia a que se puede vivir sin la mayor parte de la tiránica intervención estatal en nuestras vidas. El día en que la seguridad social quiebre, si la estupidez continúa, es segura una nueva guerra civil muy sangrienta, porque a ver quién convence a millones de personas que no podrán cobrar sus pensiones con las que hoy alimentan incluso a los hijos y nietos pobres. No se puede ser más necio que defender la seguridad social y autodenominarse católico. La seguridad social es un peligro de consecuencias incalculables y no es cristiano para nada de nada.
Los sindicatos son organizaciones terroristas que deben ser erradicadas de inmediato y sus afiliados procesados por crímenes contra la humanidad, al igual que las patronales y sus mafiosos miembros. No han contribuido jamás a crear riqueza y sí a destruirla como los luditas ingleses. Han sembrado cizaña hasta lo inimaginable. La convivencia con semejantes nidos de serpientes es totalmente imposible, como lo es con los miembros de los partidos políticos. Todos son enemigos de Jesucristo, pobre y virgen. Que un autodenominado católico defienda a los sindicatos es prueba palpable de su absoluta falta de fe.
Los denominados "derechos de los trabajadores" solo pueden ser defendidos individualmente en una negociación empresario trabajador, libre, responsable e individual. Si se imponen por los sindicatos y patronales en la terrorista y dictatorial negociación colectiva, sus elevados costes se traducirán en una tasa de empleo muy alta y persistente (histéresis), como los hechos económicos han mostrado para desgracia de buena parte de la humanidad víctima de la falta de generación de riqueza y empleo y que no puede acceder a tales negociaciones colectivas. Desde luego que el mercado de trabajo en los países angloparlantes es ilimitadamente mejor al de España, con muchas más oportunidades para los más pobres y con mucha más movilidad. El mercado de trabajo de España, el más rígido y criminal del mundo, no es admisible en términos católicos salvo para los marxistas de la DSI. No puede haber perdón de Dios para todo aquel que por medio de la defensa de derechos de trabajo privilegiados ha sido responsable de la muerte de hambre y miseria al desempleado al que se le hacía imposible encontrar el modo de ganarse el pan. Para los católicos Mt 25 41-44 45 "Entonces dirá también a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me acogisteis, anduve desnudo y no me vestisteis, estuve enfermo y en la cárcel y no me visitasteis... Os aseguro que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo." No hay posibilidad de salvación con las democracias y con el marxismo, con el hambre como arma política y con el desempleo involuntario del que instituciones como los sindicatos, defendidos por la DSI, así como el Estado, sujeto del principio de subsidiariedad, son responsables máximos. El hambre requiere mitigarse con alimentos que se ganan con salario. La sed se sacía con agua que no es gratuita hoy. El forastero desempleado que pide trabajo no puede sobrevivir si no es acogido a trabajar a cambio de salario. La ropa para vestir la desnudez no se regala, como tampoco las medicinas para curar al enfermo. 
¿Qué clase de maldición habrá en este mundo para que tanta buena gente crea que la DSI es católica cuando no es más que una falsa propaganda política dentro de la Iglesia Católica que trata de subordinarla a intereses de políticos, empresarios, sindicalistas, etc., nunca a la Santísima Voluntad de Dios contenida en los Santos Evangelios? Si se duda de ello no hay más que ver los tres vídeos que el grupo Intereconomía publicó bajo el título "Cristianos en la Sociedad. La auténtica Educación para la Ciudadanía" allá por el año 2007 de Goya producciones, en los que profesores de universidad, empresarios, jueces y magistrados y diversos personajes no consagrados de gran prestigio y poca sensatez tratan de engañarnos sobre la "bondad" de lo que han logrado imponer a la Iglesia Católica del modo más irresponsable e insensato, puesto que se juegan su propia perdición eterna por proponer algo tan alejado de Dios Nuestro Señor.
 
[2] En 1945, España, liderando a unos pocos países de la América española, quedó como único bastión católico en el mundo. Una auténtica reserva espiritual elogiada por el Vaticano en tiempos de Pio XII, pero odiada por "fascista" por casi todos aunque por poco tiempo gracias a la guerra fría. Y esa situación se prolongó hasta 1976, hasta la llegada del arribista Adolfo Suárez (que Dios le haya perdonado), momento a partir del cual, una España muy próspera y cegada por la supuesta riqueza de la Europa del norte de los Pirineos, accede a la perdición que ya afectaba a esos países sin Dios tan estúpidamente estimados. Algunos sacerdotes como el P. José Antonio Fortea no se les ocurre otra cosa que decir que a partir de 1945 el mundo fue más cristiano hasta los sesenta, hasta el mayo del 68. Nada más alejado de la Verdad: aparte de que el telón de acero dejó tras de sí un auténtico océano de sangre, muerte, miseria, humillaciones y violaciones a todo católico que no pudo huir de ese infierno comunista hasta los noventa, en Alemania occidental, el exterminio de centenares de miles sino millones de soldados de la Wehrmacht reclutados a última hora (muchos mayores de 40 años y adolescentes) y muertos de hambre miserablemente entre alambradas y cautivos de los ejércitos de Bradley y Patton tras la rendición incondicional (hoy en fosas enormes y sin entierro digno), le acompañaron millones de mujeres alemanas violadas y prostituidas y millones de civiles empleados como esclavos en el desescombro de la Europa occidental. En Francia, Bélgica, Holanda e Italia, las vendettas comunistas en forma de asesinatos masivos por colaboracionismo afectaron a decenas de miles de hombres y mujeres. Teniendo en cuenta todo esto y que en USA mandaba la masonería de H. Truman, ¿qué futuro se podía esperar del cristianismo sino el que ha dado lugar a la situación actual, solamente retardada tres décadas en España hasta la odiosa transición al infierno actual? 
 
[3] Si alguien piensa que retirar la enseñanza religiosa católica de los colegios, institutos y universidades no ha tenido unos efectos de una perversidad incalculable es que no sabe ni en qué mundo vive o está drogado o anestesiado. La enseñanza religiosa, en no pocos centros educativos y durante la democracia, se ha limitado a una mera clase de debate de actualidad, trabajos variopintos y esparcimiento, sin ninguna enseñanza de las Sagradas Escrituras, especialmente los Evangelios y el NT en general, ni de las revelaciones de santos y santas, limitándose en el mejor de los casos a la enseñanza, aún hoy, de la DSI, verdadera "constructora" de nuevos socialistas y comunistas ateos para el mañana. No olvidemos que la mayor parte de los miembros de gobiernos socialistas, antiespañoles y comunistas de la democracia, han sido educados en colegios, institutos y universidades supuestamente católicos. El caso de J. L. R. Zapatero clama al cielo, así como del de M. Rajoy. ¿Pero qué se ha enseñado en los últimos 50 años en los centros católicos sino la DSI que subordina la Iglesia a la política y los políticos? ¿Qué se ha hecho con las enseñanzas de Dios Nuestro Señor? Como deben estar los fogones del infierno... No basta con honrar a Dios con los labios. Salva la Fe, las obras que plasman esa fe en hechos, en frutos. Ora et labora.
 
[4] Por último y con respecto al tan citado globalismo, hay que distinguir entre globalismo político, letal y perverso, y globalismo económico, que es bueno o malo según en qué consista y sus costes y beneficios. Desde luego que subordinar España a la terrorista ONU, a la UE, a la OTAN sin exigir fuertes contraprestaciones, a la "opinión pública mundial" (que siempre acaba siendo la opinión de la gente de izquierdas o marxista, los mayores generadores de complejos que existen) y a intereses de magnates españoles o foráneos que pueden beneficiarse a cuenta de hundir a los españoles en la miseria con sus monopolios y oligopolios tácitos, es verdaderamente perverso e indeseable. Pero tampoco puede España volver a un régimen autárquico, esta vez de modo voluntario (recordemos que la autarquía en tiempos de Franco fue impuesta criminalmente desde el exterior, como al III Reich por parte de USA, UK, Francia e imperios, obligando a Hitler a ser expansionista para no interrumpir el espectacular e históricamente inigualable hasta hoy, crecimiento económico alemán), o a una guerra de aranceles proteccionista que podría ser muy dañina para generar riqueza (que da de comer al hambriento y de beber al sediento, no se olvide esto nunca, especialmente los que nunca pasan hambre ni sed, no vaya a tener que recordárselo el Señor en su Juicio particular).
 
A este respecto, la llamada globalización económica consiste en una mayor libertad de comercio de bienes y servicios, en la libre circulación de capital y en una mayor libertad de movilidad de trabajadores. La libertad de comercio de bienes y servicios es extraordinariamente positiva por muchos aspectos: a) permite una mucho mayor competencia entre empresarios con una mejora en la calidad y caída de precios de todos los bienes y servicios comercializables, b) permite el acceso a un mayor rango de bienes y servicios más ajustados a la necesidad del consumidor, c) permite aprovechar las economías de escala reduciendo costes medios a las empresas exportadoras, d) permite a la economía nacional beneficiarse de los efectos de difusión tecnológica y de conocimientos, e) permite el consumo de bienes que no se pueden producir en el país (el caso del petróleo es el más significativo para nuestra patria), f) permite acceder a muchos mercados de otras naciones y a centenares de millones de clientes potenciales (esto sería extraordinariamente positivo si se lograse acostumbrar al mundo al sano hábito alimentario que supone el consumo de aceite de oliva virgen en sus dietas. Imagínese el beneficio para las regiones del sur de España y sus habitanes por poner un solo ejemplo), g) permite no estar sometidos al poder de monopolio local, destruyendo privilegios muy dañinos para los consumidores finales que se benefician siempre de precios más reducidos (esto con autarquía o proteccionismo sería imposible, resultando mortal para los más pobres), h) permite liquidar antes sectores ineficientes y adaptar las empresas nacionales a la competencia exterior haciéndolas más eficientes (con menor pérdida de subvenciones a sectores, perversas a más no poder y privilegiadoras frente a todo la nación). Como contrapartida, el libre comercio de bienes y servicios puede acabar con sectores enteros de la economía si un país tiene ventaja competitiva en la producción de dichos sectores y puede aumentar la dependencia de países extranjeros en sectores estratégicos, como hoy ocurre con la electricidad en España, importada del norte de los Pirineos en buena medida. 
 
La libre circulación de capital es también muy positiva, pues permite a millones de pequeños ahorradores maximizar la rentabilidad sus ahorros con fondos de inversión y activos e inversiones que, al competir mundialmente, permiten obtener mayor rendimiento que si se tuviesen que invertir en los mercados financieros domésticos. Además, la libre circulación de capital permite eludir el saqueo satánico de los políticos con su robo impositivo al ahorro y la riqueza honestamente adquirida, además de permitir una mucho más eficiente asignación del capital a los usos que generan mayor riqueza (que dan más de comer al hambriento y de beber al sediento). La maldad atribuida a las finanzas solamente puede encubrir de modo intencionado o no la horrorosa gestión de los desalmados políticos que han endeudado populista y electoralmente cada país hasta ponerlo en peligro de quiebra, políticos que deberían encarar una causa general por corrupción y despilfarro descomunales. No es culpa de los inversores internacionales la extremada irresponsabilidad criminal de los políticos, de la que se aprovechan en su favor ante la expectativa de impago de deuda y la correspondiente subida de la prima de riesgo. La inestabilidad financiera, como siempre, tiene su origen en políticos descerebrados que han endeudado cada país hasta lo insoportable para comprar votos con subvenciones que disfrutan también los no menos descerebrados votantes, responsables todos ellos ante Dios por su irresponsabilidad criminal que llevará a la ruina, el hambre y la muerte a no pocos millones de personas. Además, muchos políticos ateos y anticristianos promueven artificialmente perturbaciones financieras para beneficio de magnates sin escrúpulo alguno ni temor de Dios, tipo Jorge Soros, que acumula fortunas desestabilizando por medio de sus lacayos políticos marxistas.
 
Por contra, la libre movilidad de trabajadores ya no es tan ventajosa, especialmente si el país receptor de inmigrantes tiene una elevada tasa de desempleo involuntario y si los inmigrantes no aceptan las costumbres y tradiciones del país de acogida, lo que se traducirá en una mucho mayor criminalidad y actividades delictivas (narcotráfico, tráfico de personas y de órganos, prostitución, crimen a sueldo, delincuencia y robos de casas y vehículos de alta gama, etc.). La recepción de inmigrantes solo puede deprimir los salarios de los empleos menos cualificados, la inmensa mayoría y ocupación de los más pobres, y generar mucha más miseria en beneficio de sus depravados empleadores sin escrúpulos y de los políticos populistas que aspiran a captar su voto tras una regularización en forma de otorgamiento de nacionalidad. Especialmente peligrosa es la situación de España y de Europa en general, pues de seguir la tendencia actual (Dios no lo quiera. Antes que nos mande otro Hitler para expulsarlos a todos, nacionalizados incluidos) los africanos y asiáticos serán mayoría de la población en poco más de una década e impondrán su barbarie satánica a nuestra cristiana forma de vida. La población inmigrante de África y de Asia, incluidos los menores o menas, no es católica y, en su inmensa mayoría, no sabe leer ni escribir nuestro idioma. Hablan mal el idioma. Carecen de educación y no tienen cualificación profesional alguna ni experiencia laboral. No aceptan la disciplina laboral ni el esfuerzo regular y productivo necesario. Suelen dedicarse a actividades delictivas o a vender productos falsificados e incluso potencialmente dañinos para la salud como manteros invadiendo las aceras, ocasionando molestias a comerciantes y transehúntes, y sin control alguno por la Hacienda Pública, tan policial e implacable con los españoles como excesivamente permisiva con los inmigrantes de esos países, que no dudan en hacer uso continuo del victimismo ante cualquier llamamiento al orden, haciendo pasar a autoridades y españoles como racistas, cuando en realidad lo van a promover mucho más allá del que se dio en la Alemania de los treinta y cuarenta con Hitler ante la repugnante actitud que muestran día tras día, despectiva con todo ciudadano doméstico y toda ley y vida digna (suelen depositar basura, excrementos y orines por todas partes, agredir a viandantes, asaltar a ancianas y ancianos, atacar sexualmente a mujeres con toda impunidad de jueces y magistrados, todos ellos bajo tiranía política de racistas y xenófobos marxistas antiespañoles en el poder
que les privilegian a cambio de su voto). Aquí ha quedado más patente que nunca la razón por la que África y Asia son miserables de modo persistente (y seguirán siéndolo hasta que no asuman el modo de vida cristiano). La inutilidad de la mayoría de sus habitantes es palpable y muy difícil de solucionar. Muestran una actitud propia de bárbaros incivilizados, haciendo crecer con toda lógica el racismo por la desconfianza creciente que despiertan. Su caso es totalmente opuesto al de los venidos de la América española, mayoritariamente ciudadanos ejemplares y que han de ser considerados españoles y españolas a todos los efectos como todos nosotros. La población española hispanoamericana es fiel reflejo de la impagable labor de siglos de evangelización, españolización y mestizaje que llevaron a cabo con nuestros hermanos y hermanas de América nuestros antepasados y motivo de alegría para todo español de bien.
La libre movilidad de trabajadores, además, perjudica a España, país con el mercado de trabajo más rígidamente criminal de la tierra, mientras siga teniéndolo, provocando la salida de personal altamente cualificado que estudió con recursos públicos y que hoy es productivo para países extranjeros. No debería estar el pan para alimentar a los perros antes que a los hijos.
 
Y el globalismo político, oneroso y perjudicial hasta el extremo, supone una subordinación de España a organizaciones tan perversas aunque idolatradas especialmente por marxistas, como la ONU. Recordemos su terrorista actitud hacia los españoles, especialmente los que abandonaron aquí los rojos con un puñado de lentejas para sobrevivir, entre 1946 y 1955, subordinada siempre al comunismo y al socialismo, responsable del aborto y la eutanasia masivas en el tercer mundo con su antinatalismo fundamentalista incluso enemigo de la Iglesia católica y sus misioneros, y, hoy, en todo el planeta. La ONU rechazó la paternidad responsable y la impagable labor de los misioneros y misioneras en África, muchos de ellos españoles, que promovían la familia cristiana, el amor conyugal y a los hijos e hijas, la responsabilidad, la disciplina, la fe católica, la educación, el orden, el trabajo honrado, etc., mientras la ONU se limitaba a conceder ayudas a tiranos del continente, a alimentar sin más con propaganda farisea por todo medio adscrito, por cierto, promoviendo la explosión de la natalidad tras relaciones promiscuas con condón que apenas de empleaba y que supuso que un hombre dejaba embarazadas a un sinnúmero de mujeres y se desentendía de ellas,  mujeres que estaban interesadas en parir un hijo ó más para obtener la ayuda de la ONU, todo ellos sin formar familias, como si fueran bárbaros o animales. Hoy, los miembros de la ONU, tan progres ellos, tratan de matar con aborto, esterilización y eutanasia a los seres que tanto han contribuido con absoluto desorden a traer al mundo, burlándose de la paternidad responsable ordenada propia de la familia cristiana unida en el amor entre hombre, mujer e hijos y demás parientes que siempre han promovido los misioneros católicos con una santidad encomiable al máximo. España ha de abandonar la ONU y sus múltiples organismos de burócratas marxistas inútiles y criminales en extremo, cuanto antes. Además, ha de ser muy exigente con la OTAN y con la UE, ante el maltrato que para los españoles ha supuesto la subordinación a ambas. A la ONU ha de exigirle la inmediata devolución de Gibraltar vacía, es decir, sin sus habitantes que se consideran británicos (con acento andaluz) que deberían ser acogidos en UK. Así, Gibraltar pasaría a ser una base militar aeronaval española. Además ha de solicitarse asistencia armada y diplomática contra el independentismo o antiespañolismo vasco y catalán. Ha de exigírsele ayuda para acabar de una vez por todas con los que quieren descuartizar España. Nuestra permanencia en la OTAN ha de ser correspondida, especialmente por los más patriotas si realmente lo son, como Donald Trump, que no permitiría una secesión de USA por muchos disturbios que la exigiesen. Hay que desacreditar ante el mundo entero a los antipatriotas y secesionistas de todas las naciones. Y a la UE hay que exigirle asistencia financiera y judicial para llevar a cabo una Causa General contra los políticos de izquierdas o derechas que han arruinado España en la maldita democracia, además de exigir la ayuda en la desacreditación mundial de los secesionistas y antiespañoles vascos y catalanes, incidiendo en que ningún país quiere su propia secesión, luego no pueden apoyar a los que persiguen la de los demás. De todas formas, España bien haría en mirar hacia América, en buscar la unidad de los más de 500 millones de hispanohablantes en una Gran España católica, con erradicación de la corrupción, la miseria de los humildes, la democracia, el marxismo, el narcotráfico, la masonería y todo lo malo, en un régimen intercontinental como el de Franco, altamente próspero para todos y que nos haga dignos de respeto que hoy no tenemos (inmerecidamente a la luz de la historia) en toda la tierra a ambos lados del Atlántico. Una Gran España de unidad con cetro de hierro de todas las naciones que hablan español, con las mismas leyes para todos, como aquel imperio mestizo, y profundamente católica, pues la fidelidad a Cristo es garantía de prosperidad verdadera. Una Gran España a la que a buen seguro quisieran pertenecer la mayoría de los que tienen buen corazón de esos más de 500 millones de hombres y mujeres.
 
Un saludo,
H. R. Pacios