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Naturalmente, cuando digo Don Emilio me estoy refiriendo a Don Emilio Romero Gómez, el gran periodista que hizo aquel grandísimo "Pueblo", que nunca se olvidará... y que hoy se me ha venido a la cabeza, tal vez porque acaba de decirme un viejo compañero que a su hijo, también periodista, le han despedido porque se negó a firmar un "Manifiesto" en favor del podemita Pablo Iglesias... El Director en persona (y me callo su nombre porque así me lo ha pedido mi amigo que quiere arreglar el asunto "por las buenas") despide a un redactor que se niega a firmar un panfleto con el que no está de acuerdo... ¡Que barbaridad!
                 Pues, a este propósito me ha venido el recuerdo de lo que viví un día en "Pueblo" y con Don Emilio de Director. Corría el año 1973 y yo era, a mucha honra, Subdirector.
                 Una mañana sonó mi teléfono y antes de cogerlo incluso ya estaba oyendo la voz del inconfundible "Sesé", el mejor telefonista del mundo, que me decía:
                 --  Señor Merino, le habla el Excmo. Ministro de Relaciones Sindicales, Don Enrique García Ramal... 
                 (Tengo que advertir que el periódico "Pueblo" pertenecía a los Sindicatos desde su fundación y que, por tanto, el Ministro era el dueño, por encima del Director y de todos)
                 -- A sus órdenes, Ministro... (no era la primera vez que yo hablaba como subdirector con el Ministro o con algún alto cargo de lo que ya era un Ministerio, porque Don Emilio organizaba de cuando en cuando una comida en el propio comedor privado del periódico, con el equipo directivo y el Ministro y los suyos para que nos conociéramos mejor)
                 --  ¿Merino?... Vamos a ver, en la página 7 va un comentario que no puede salir, así que quítalo en cuanto puedas.
                 --  Ministro, pero tú sabes que...
                 --  Lo sé, Merino, lo sé, que las órdenes que tenéis del Director son las que son, pero yo soy el Ministro... Así que si no puedes, localiza urgentemente al Director y le dices que el Ministro no va a permitir que se ataquen a los sindicatos desde el periódico de los sindicatos...  -y algo cabreado, colgó el teléfono.
                  Y no había colgado yo el mío cuando el increíble "Sesé" ya me decía:
                  --- Don Julio, el señor Director al aparato.
                 ---   A ver ¿qué pasa ahora, Merino?... -- y le dije lo que quería el Ministro- Bueno, pues eso no se toca...y si te vuelven a llamar les dices (ya hablaba en plural) que no has localizado al Director y punto.
                   Pero, joder, el asunto fue a más. Porque a los cinco minutos ya tenía otra vez al Ministro al teléfono... y para escabullirme yo también le dije que el Director venía para el periódico y él lo arreglaría....Bueno, les cuento el final. Efectivamente el Director llegó, pero no antes de lo que lo solía hacer todos los días y en cuanto llegó me llamó a su despacho y me mandó sentar a su lado... y entonces mandó a Cristina, su secretaria, que le pusiera con el Ministro. Y esto fue lo que habló con el Ministro.
                    --- Enrique, no sigas... Yo no voy a levantar ese artículo mientras sea Director...Así que lo tienes fácil... ahora mismo me mandas un motorista con dos sobres: en uno me envías mi cese como Director y en otro, el artículo que tú quieras publicar..,.
                      Y sin más, le colgó... y entonces se volvió y sólo me dijo
                     ---  Ya ves, lo que es ser Director ¿a que esto no se enseña en las Escuelas de Periodismo?
                      Pero todavía me atreví a preguntarle:
                    --- Jefe  (yo le llamaba siempre así) ¿y si le manda el motorista?
                    --- Pues recogemos los papeles y nos vamos. Pero, no te preocupes. No lo mandará. 
                   Y efectivamente no hubo motoristas ni sobres ni ceses. ¿Entienden por qué adorábamos a Don Emilio. Eso sí, esa noche le echó la bronca al autor del artículo de marras, por haberse pasado en su crítica, que no era otro que Antonio Aradillas, el padre Aradillas, que por fortuna todavía vive.