Muchas anécdotas podía contar de mi amigo Fraga, pues no en vano fue todo un personaje, en lo humano, en lo doctoral y en lo político... y además una buena persona, a pesar de su mal genio y de sus salidas de tono... y las iré contando.

                     Hoy, por ejemplo, les voy a contar por qué algunos amigos le llamábamos "La Cenicienta". Y no se rían. Ya recordarán aquel cuento famoso que narraba la historia de la pequeña huérfana que vivía como una esclava de una familia rica, teniendo que hacer las labores más ingratas y más sucias de la casa, que siempre iba mal vestida y con harapos casi negros del hollín de la chimenea que tenía que limpiar cada mañana... Bueno, y lo de la fiesta real para buscarle esposa al Príncipe y lo del Hada que la viste de Princesa y como a un angel del Señor para que pueda acudir a la fiesta de Palacio... eso sí, con la condición sine quanon de que el sueño de gloria terminaría a las 12 en punto, ni un minuto más, porque entonces volverían los harapos estuviese donde estuviese y el coche de lujo se transformaría en calabaza... ¡Qué barbaridad, qué cosas más bonitas!

                    ¿Y?  Pues le llamábamos "La Cenicienta" porque Don Manuel era esclavo de su tiempo y de su reloj... y como "La Cenicienta" del cuento se podía contar con él a cualquier hora del día menos a dos: a las 8 de la mañana y a las 12 de la noche. Y era implacable con él mismo. A las 8 de la mañana porque a esa hora en punto entraba por la puerta de su despacho y  a las 12 de la noche estuviese donde estuviese porque se levantaba y con todos los respetos del mundo decía: "Señores, lo siento, son las 12 de la noche y me tengo que retirar"... y antes de terminar ya estaba en el ascensor o en la calle.

                         Que fue lo que pasó, mejor dicho lo que hizo, una noche de 1978 en la embajada de Egipto. Verán. AP, el Partido que casi acababa de poner en marcha con "los 7 Magníficos" (Federico Silva, Gonzalo Fernández de la Mora, Cruz Martínez Esteruelas, Laureano López Rodó, Licinio de la Fuente y Enrique Thomas de Carranza) y estaban como locos buscando financiación (que entonces todavía era legal)... y sabedor Fraga de las buenas relaciones que tenía "El Imparcial" con los embajadores árabes nos pidió que le organizáramos reuniones, comidas o cenas con ellos y a ello dediqué un par de días a mi subdirector, Fernando Latorre, que era el que de verdad mantenía un contacto permanente y fluido con las embajadas, gracias a la Revista que él mismo se hacía y dirigía con ese nombre: "Mundo Árabe" (en casa de Fernando conocí yo un dia al famoso Arafat). Bien, se montó la primera reunión y fue una cena con el embajador de Egipto, en la misma Embajada, y a las 10 de la noche. Por parte de AP acudieron Fraga, naturalmenete, Silva Muñoz y Esteruelas, por parte de Egipto dos de sus Ayudantes, el agregado de Prensa y el de Finanzas y, claro está, nosotros dos, Latorre y yo, por supuesto

                        Fue una cena estupenda, aunque el personaje fue Don Manuel, ya que de entrada, casi con los aperitivos, se puso a hablar de Egipto y de su Historia y asombró al mismísimo Embajador y a sus ayudantes, sorprendidos por la lección que les estaba dando de su propio país. Increíble. Entre otras cosas hasta se olvidó del motivo de la cena, que no era otro que pedir ayuda económica para AP...Y cuando en su cabeza sonó el reloj marcando las 12 sin inmutarse se levantó y dijo lo que ya conociamos: "¡Señor Embajador, Señores, ha sido un placer, pero son las 12 y es mi hora. Así que Buenas Noches y hasta otro día"... y antes de que el Señor Embajador pudiera decir esta boca es mía ya estaba bajando las escaleras, dejándole a Silva Muñoz y Cruz Martínez Esteruelas el "miura" de la pasta...

                Así era Don Manuel, "La Cenicienta" en persona... y eso que se le había alertado de que los árabes dejan siempre para el final hablar de negocios.