La saeta en la Semana Santa española, la católica, la que ora y sufre cantando, al ver a nuestro Santísimo Cristo muerto y crucificado

Días de religiosidad, días de luto,  días de tristeza, días de recogimiento, recorriendo calles, de paso por plazas, siguiendo al Cristo, detrás y su lado, que fue insultado, escupido,  azotado, crucificado y desangrado

Allá, se oye, una voz, grita, sufre y llora, al paso del Cristo crucificado, es una Dama que ora, con voz alta, desgañitándose, desde un balcón, para que se oiga, limpia y clara

Es la razón de vivir del hombre, frente a su Cristo en la Cruz, es la forma de acompañar a nuestro Salvador, junto a Él, en el sufrimiento, en su calvario, en su pasión.

Yo, católico, Caballero Legionario, humilde soldado de La Legión española, soldado del Cristo de la Buena Muerte, lo llevo a hombros, a paso lento, mirada al cielo, lo subo alto, al firmamento, rezo y oro, ante Él, crucificado y muerto.

¡A mi Legión y a mis fieles camaradas y compañeros caballeros todos, legionarios de Cristo, legionarios de la fe, legionarios de la Patria mía!  

Ésta es La Legión, esta es mi Legión, la nuestra, la de los valores, los verdaderos patriotas

Un Caballero legionario, fuerte en el combate, feroz en la lucha, siempre con paso firme, siempre en pie, sin recular un centímetro, avanzando, dirigiéndose al enemigo, sin temor, solo pensando en su Dios, en su Patria, en su lealtad, en su honor, cumpliendo órdenes, cumpliendo su deber, imponiéndose más allá del deber, valiente en la lucha por España, por la Patria, por su Bandera roja de sangre y gualda de alegría, con una Cruz en su pecho, siempre al descubierto, para que vea el enemigo, más claro, certero y que no lo esconde.

Luego, ante el altísimo, nuestro Cristo crucificado, se arrodilla, acaricia sus pies, se humilla, porque solo ante él pone rodilla en tierra, porque solo ante nuestro Santo Cristo, un legionario mira al suelo, suplica, reza,…, mientras sabe que nuestro Cristo le mira y tiende su mano, le bendice, le consagra y le dice:

¡Legionario, legionario que a la lucha por mí y por nuestra gran Patria te entregas, ve a cumplir, con mi bendición, con el orgullo, con la satisfacción de que si mueres en combate, yo seré quién acaricie tus pies, tus manos, tu frente, …, yo seré quién te bese en la mejilla y yo seré quién cuidará de tu alma, un alma blanca y limpia, un alma pura que me fue entregada y que perdurará siempre dentro de mi, junto a todos los gloriosos valientes y héroes, que como tú derramaron su sangre, para defender a su Cristo, a la religión católica, para engrandecer a la Patria, la Patria eterna que nunca muere!

¡Orgulloso de creer en Dios, orgulloso de ser español, orgulloso de haber servido a mi Patria, en la Patria ancestral, en la que los hombres murieron defendiéndola y derramando su bendita sangre. En el más glorioso de los Cuerpos, el sublime Cuerpo de La Legión del Cristo de la Buena Muerte, la española, la Legión de Legiones!

Yo, humilde y caballero, de fe inquebrantable, de amor a España, garante de Dios, de la Patria, de nuestra Enseña, de la Historia, de nuestra civilización, de su Historia, la verdadera, la Gloriosa e Inmortal Historia de España, como Congregante del Santísimo Cristo de la Fe, Cristo de los Alabarderos, procesiono los Viernes Santos, con orgullo, con ilusión, con fervor, por las calles de Madrid, desde Palacio a la Catedral, a paso lento, pero firme, junto a Él, a su lado, arropándole en su pasión y venerándole.

 

 

A nuestro Santísimo Cristo, su madre le acompaña, es la Santísima Virgen, junto a Él, siempre su madre, en el sufrimiento, en la agonía, ha perdido a lo más grande a su hijo, va triste, rota, llorosa, va …

¡QUÉ SABRÁN ALGUNOS HIJOS, SIN CORAZÓN, EL SUFRIMIENTO DE UNA BUENA MADRE Y DEL MEJOR PADRE!

Ay, mi Pili. Ay mi Pastora niña, la que mucho quiero, mi ídolo, mi estrella, ya desde pequeña lucía, brillaba con esa voz y ese interior, que desgarra cuerdas, que abre corazones, que deja su marchamo, arriba, siempre arriba, allí en el cielo.