Cada año, al menos 1.000 hombres se suicidan en España empujados por la presión de las leyes feministas españolas y los múltiples efectos devastadores que éstas causan en su salud física y mental. Puede pensarse que un hombre es capaz de encajarlo todo, pero esto no es así. Ser denunciado de maltratador sin causa verdadera, arrebatarle de súbito el afecto y el contacto con sus hijos, arrojarlo de su barrio, retenerle sus ingresos con pagos que exceden de lo que gana cada mes (hipoteca, pensión compensatoria a su ex, pensión de alimentos a sus hijos, costas judiciales de varias denuncias, autos, sentencias, gastos de abogados, procuradores, alquiler de una nueva vivienda…).

     Asistimos  in crescendo, sin darle crédito, a un estado de cosas bárbaro, desquiciado, inhumano… y debemos dar marcha atrás hasta comprender que un hombre también es padre, hijo, hermano, amigo,  compañero…   Que maltratadores claro que los hay, que tíos chulos e hijos de puta siempre han existido y a por ellos tenemos que ir todos, hombres y mujeres de la mano, hasta señalarlos, aislarlos, arrinconarlos y castigarlos sin contemplaciones, por derecho y con Derecho, pero la inmensa mayoría de los hombres son personas honradas, trabajadoras, cariñosas con sus hijos y unidas a ellos por una afectividad que es vital para ambos, a los menores para su desarrollo evolutivo, a los padres para su bienestar en general.

        La calle no está llena de violadores en potencia, eso es mentira. La calle está llena de hombres responsables y comprometidos con su paternidad que quieren lo mejor para sus hijos. La calle está llena de hijos orgullosos de su padre que consideran al suyo el mejor de todos los padres, que corren hacia él cuando éste los recoge en el patio de la escuela a las dos de la tarde.

       Pero este feminismo español de desequilibradas nos ha traído hijos que son huérfanos de padres vivientes, padres a los que se les prohíbe siquiera acercarse a sus hijos, porque han tenido la mala suerte y han cometido el error de ser padres aquí y ahora, una incorrecta decisión que les va a pesar de por vida, a ellos y a sus hijos. Este no es país para la paternidad, ni determinadas mujeres son aptas para la maternidad, este es territorio feminazi en el que un matriarcado sin freno enseña a sus cachorras el nuevo rumbo de la maternidad como es pisotear muñecas. Esa es la nueva generación de madres feministas españolas, las pisamuñecas.

     Al Poder Ejecutivo en especial y al resto de instituciones en general no les interesa que el suicido masculino empiece a copar los medios de comunicación ¿Por qué? Son muchas las razones: porque el tema ha adquirido tal dimensión que se necesitarían muchos recursos públicos para siquiera ponerle freno y más tarde arbitrar remedios, también porque el suicidio de los hombres está directamente relacionado con las “políticas” de Género, las más rentables electoralmente, las que más ingresos proporcionan de la UE, y porque el entramando de jurisprudencia feminista ya tiene previsto que los hombres se suiciden de la mano de su estudiada normativa al estar legislado que la pensión compensatoria que pasa un divorciado se transforme automáticamente en pensión de viudedad a la muerte de éste, cuando nadie va a preguntar cómo murió el inocente de turno y si acaso pregunta le dirán muerte accidental, así la registrará el INE.

       Hablemos claro, el asunto lo merece, ahora mismo se está suicidando un hombre: Si las pensiones compensatorias de las divorciadas se extinguieran por muerte del antes denunciado, que termina su calvario feminista suicidándose, entonces, el suicidio masculino se resolvía en tres meses.