¡Qué amables son los tiburones,

que pudiendo venir

a la orilla a darse atracones

de indefensa carne humana

permanecen mar adentro

dejando que remojones

les demos a nuestros cuerpos!

¿Lo habéis pensado, amigos bañistas?

Ninguna barrera

de ellos nos separa.

El mismo caudal de agua

a ellos y a nosotros nos baña.

¡Qué amables son los tiburones,

que pudiendo teñir el mar

de rojo con nuestra sangre

azul lo dejan estar!