Vaya teóloga que tenemos. Da vergüenza ajena escuchar la sarta de tonterías, mixtificaciones, manipulaciones, calumnias contra la Iglesia y descaradas mentiras que suelta esta señora. Es el colmo del desatino, en la mejor tradición anticatólica que puso en circulación ese siniestro y grotesco personaje que se llamó Martín Lutero, exmonje agustino.

De risa si no diera pena: pan comido para ese predicador magistral que es el venezolano padre Luis Toro, y pan comido para ese expastor evangélico y actual apologeta católico que se llama Fernando Casanova (puertorriqueño). En su ignorancia supina llega a afirmar que Constantino en el año 313 "funda" la Iglesia católica con la promulgación del Edicto de Milán, mientras que ya "existía" la Iglesia cristiana, que era universal pero no identificable con la católica, ni modo, así, sin más (claro, para "arrimar el ascua a su sardina protestante"). Empero, son innúmeros los testimonios documentales de que disponemos de los primeros siglos del cristianismo (atesorados sobre todo en la Tradición), gracias a los cuales precisamente fundamentar que desde la primera hora de la Iglesia en torno al primado de Pedro y la colegialidad del resto de los Apóstoles, la esposa del Esposo ya tenía las notas características de catolicidad o universalidad, apostolicidad, unidad o unicidad y santidad (por su fundador Cristo, no por sus miembros). Pero nuestra teóloga Pastora se saca de la manga la mixtificación de que lo que existió antes del Edicto de Constantino (año 313) fue una Iglesia cristiana sin el primado de Pedro. Comunidad cristiana primitiva ciertamente martirial, y que sería reemplazada por la Iglesia católica precisamente creada por Constantino. Y así que esta acabaría ahogando a esa supuesta Iglesia cristiana totalmente ajena a la Iglesia fundada sobre la roca de Pedro (cfr. Mateo 16, 18-19).

 

Válgame Dios. ¿Y el testimonio de los papas de los tres primeros siglos, señora? ¿Y el testimonio del gran papa san Dámaso (probablemente de origen hispano), señora, quien, en el siglo IV, establece ya definitivamente el canon de los textos neotestamentarios? ¿Y el testimonio de la Carta a los Corintios del papa Clemente, señora, texto magnífico "venerado" por todas las comunidades cristianas ya desde finales del siglo I y que llegó a estar en el canon de los textos neotestamentarios? ¿Y el testimonio de los padres apostólicos, señora, que atestiguan que donde está Pedro está la Iglesia fundada por Cristo? ¿Y el testimonio del apóstol Juan, el autor del evangelio homónimo, quien vivió tantos años que fue testigo de los pontificados de Lino, Anacleto y Clemente (breves pontificados porque los tres murieron mártires), y a los tres reconoció como legítimos sucesores del apóstol Pedro?

Y luego su empeño en denigrar los dogmas. Para esta señora, teóloga evangélica, o sea, protestante, esto es, sectaria, los dogmas son constructos espurios y ajenos totalmente a la fe crística, dictados por el poder papal romano, que quedaría así reducido a conculcador-desconocedor de la verdadera realeza y del misterio de Cristo. Vamos: un invento de la Iglesia, a la sazón la gran ramera de Babilonia.

¡Madre mía! Señora: la Iglesia, a través de la autoridad de su Magisterio, no "inventa" los dogmas sino que, a partir de la toma de conciencia sobre una verdad de fe asumida, proclamada y vivida por el Pueblo de Dios desde la primera hora de la Iglesia (no raramente una verdad puesta en solfa por herejías diversas), proclama solemnemente esa verdad como "parte del depósito de la fe" y la ofrece, para ser creída, a la Iglesia universal.

Así procedió el papa Inocencio III en el siglo XIII con el dogma de la transubstanciación. Así hizo Pío XI en el siglo XIX con el dogma de la inmaculada concepción de María. Así hizo Pío XII justo a la mitad del siglo XX con el dogma de la asunción de María a los cielos. En ninguna de estas proclamaciones del Papa ex catedra la Iglesia se saca de la manga dogma alguno; se limita a sancionar como que debe ser creída y del depósito de la fe una determinada verdad.

En fin, que es muy fatigoso el dialogar con estos pastores y teólogos protestantes. Para mí que utilizan una técnica parecida a la que usan los psicópatas y los narcisistas malignos: brincar de un asunto a otro sin ningún interés por la verdad, en este caso, por la verdad de Cristo y de su Iglesia.

Se proclaman bíblicos y son, desde luego, contumaces manipuladores de los textos bíblicos, a los que a menudo retuercen o les meten tijera o los dan a la libre interpretación de cada cual. Verbigracia: la Eucaristía, no como "símbolo" del único sacrificio de Cristo sino como el "cuerpo y la sangre reales de Cristo", tiene plena base neotestamentaria (cfr. Mateo 26, 17-30; Marcos 14, 22-24; Lucas 13, 26; Juan 6, 35; Juan 6, 51; Hechos 2, 42; Hechos 2, 46-47; Hechos 20, 7; 1 Corintios 10, 16-17; 1 Corintios 10, 21,22; 1 Corintios 11, 20-34). Y ciertamente está recogida en toda la Tradición; por ende, lleva siendo así, sin faltar ni un solo día, desde el tiempo apostólico: la actualización, día tras día, hasta el final de los tiempos, del único sacrificio de Cristo, para expiación de nuestros pecados y alimento para nuestra salvación.

Desde luego, no merezco el título de apologeta de la fe católica, pues mis conocimientos no son tantos; mi voluntad y empeño, sí, porque me sé además que el Señor me pedirá cuentas de si yo lo confesé o no ante los hombres (cfr. Mateo 10, 32-33 y Lucas 12, 8). Desde ahí o por ello mismo, más antaño que hogaño, toda vez que la indiferencia religiosa en España es que es ya bestial, cuando entablaba controversia con protestantes, sectarios diversos, cristianofóbicos y escépticos varios, con los que se confesaban no cristianos no tanto pero con los que se confesaban cristianos no católicos, pongo a Dios por testigo que solía más pronto que tarde acabar proponiéndoles esta empresa, que ahorita compruebo que es la misma que les proponen, especialmente a los cristianos no católicos, magistrales apologetas de la fe católica que en Youtube cuentan sus vídeos por cientos de miles de visitas. A saber: "Mira, Fulanito, vamos al grano, no más rodeos: ¿quién fundó tu comunidad cristiana? ¿Puedes demostrarme con la Sagrada Escritura delante que tu iglesia* la fundó Jesucristo? Recuerdo a algunos infelices de estos que mezclaban doctrinas cristianas adulteradas con doctrinas judaizantes no menos adulteradas. Al carecer completamente de cualquier posibilidad de fundamentar bíblicamente que Jesucristo había fundado su secta, invariablemente se conformaban con espetar la misma respuesta: "Ultracatólico, intransigente, fanático, intolerante, irrespetuoso; y seguidamente, disparaban contra la Iglesia calumnias, sapos y culebras con una rabia tremenda".

Sin comentarios.

Postdata. No hace falta recordar que quien estas líneas escribe tampoco es teólogo (ni filósofo ni literato), siendo que teólogo, filósofo y literato es lo que le gustaría llegar a ser; de momento sin otro remedio que el consuelo y el estudio, se conforma con ser larva de teólogo, de filósofo y de literato. Asimismo, tampoco es menester recordar que muchos pastores protestantes, teólogos, teólogas y cristianos reformados o separados de a pie conocen al dedillo los textos bíblicos y los citan, así pues, con facilidad, brincando de uno a otro, etcétera. Mostrando con todo ello inmensos y muy eruditos conocimientos teológicos y escriturísticos, ante los cuales mis conocimientos parecieran flojos, muy escasos, exangües y desangelados. Sin embargo, dudo que los conozcan más veraz o auténticamente que yo -aunque esos teólogos se hayan llamado Albert Schweitzer, Karl Barth, Ernest Käsemann, Óscar Cullmann, Pannenberg...-, pues toda la indiscutible y hasta loable e inmensísima vastedad de conocimientos teológicos y bíblicos por lo que dice a los cinco eximios teólogos citados, no los acabaron llevando a descubrir la necesidad y el mandato mismo de Cristo de que los cristianos estemos todos hermanados bajo un solo pastor universal, quien es, como conocemos y confesamos, el sucesor de Pedro.

Sí: al lado de gigantes de la teología cristiana del siglo XX como W. Pannenberg, pongamos, cabe que admitamos que yo no sé nada, teológicamente hablando. Pero henos aquí que, ante esa nada que yo sé o no sé, al menos sí que afirmo y confieso, con la debida base escriturística o bíblica, que Cristo funda su Iglesia sobre la roca de Pedro, que es lo mismo que confesar que soy hijo (Dios quiera que fiel) de la única Iglesia fundada por Cristo. Por su parte Pannenberg, aunque aprehendió una cultura bíblica, teológica y aun filosófica inconmensurable, se quedó a las puertas de la plenitud de la verdad cristiana al no abrazar la comunión con Roma, es decir, con el sucesor de Pedro.

Hasta aquí. Continuará (pero nada más por hoy).